jueves 16, julio 2020

Autor: y

Montaña Baja, Guerrero. Pueblos de vocación pacífica han tenido que empuñar escopetas y fusiles. Están en resistencia armada frente al narcotráfico. Defienden su vida, pero también su territorio y su cultura.

Saben que la principal resistencia es precisamente de carácter cultural. Los cárteles de Los Ardillos y Los Rojos habían arrebatado a estos pueblos su vida comunitaria.

Fue la reactivación de las asambleas en las comunidades lo que les permitió a éstas expulsar a los criminales. Primero casi en la clandestinidad, las asambleas nombraron autoridades. Conforme se fortalecieron las asambleas, con el apoyo de Concejo Indígena y Popular de Guerrero Emiliano Zapata, se afianzaron las autoridades y activaron su defensa, la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias-Policía Comunitaria de los Pueblos Fundadores.

La paz en las comunidades está garantizada, pero sólo dentro de ellas. Quien sale sabe que se encuentra en peligro de ser emboscado o de encontrarse con un “retén” de narcotraficantes. Por ello escasean alimentos y medicamentos en los pueblos. Los nahuas no son libres de bajar a las cabeceras municipales. Maestros, médicos, enfermeras dejan de llegar a las comunidades montañeras. Los caminos siguen estando en disputa.

José Luis Santillán, fotos / Zósimo Camacho, texto

[ESPECIALES] [CONTRALUZ] [SEMANA]