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Ha dicho el presidente de la República, López Obrador, que los periodistas son sus adversarios (la prensa con sus reporteros, analistas, columnistas de radio, televisión e Internet), como lo informaron Fabiola Martínez y Alonso Urrutia (La Jornada, 7 de noviembre de 2019), reporteros del diario al que López Obrador ha descalificado por la publicación del discurso del general Carlos Gaytán Ochoa el pasado 22 de octubre y vuelto a editarse en el diario Reforma (l de noviembre de 2019); y cuyo texto motivó a López Obrador recordar a Victoriano Huerta –el del golpe de Estado homicida– enmendando la página al sostener que no es posible el golpismo, porque la gente lo apoya.

El caso real es que ya como funcionario encargado del Poder Ejecutivo federal como jefe de Estado, jefe de gobierno y jefe de las Fuerzas Armadas (y ahora, hasta de la Guardia Nacional), ha estado enfrentándose a quienes ejercen los derechos de libertad de expresión, información y crítica, de una manera injuriosa con adjetivos para despreciarlos y negar la veracidad de sus publicaciones; sobre todo contra la prensa escrita que cumple con su deber conforme a lo dispuesto en los Artículos 6 y 7 constitucionales y que uno de sus empleados, el subsecretario de Gobernación Ricardo Peralta Saucedo ha llevado su embestida neofascista al extremo de querer acusarlos de terroristas, para tratar de  cancelar esas libertades.

Así que el nazifascista Peralta Saucedo, protegido por la titular de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, ha exigido –con el garrote del Código Penal Federal– llevar a procesos a los periodistas que difundan información “falsa” sobre la violencia; esa que sigue produciendo un baño de sangre por los miles de homicidios que tuvieron su máxima expresión en la masacre LeBaron, debido a la mala seguridad federal, estatal y municipal, que ha dejado a los mexicanos a merced de todas las delincuencias encabezadas por los narcotraficantes que, desde Culiacán, han impuesto su desafiante poder criminal.

Quiere Peralta Saucedo que la Fiscalía General de la nación, como Ministerio Público federal, acuse a esos periodistas de terrorismo. Y por estrategia, aclaró que ésta es su opinión y no “la postura de la Secretaría de Gobernación”, pero al no haber sido cesado significa que lo hace con aprobación de Olga Sánchez Cordero y tal vez del resto del lopezobradorismo que incluye al inquilino de Palacio Nacional.

Con la representación de Olga Sánchez Cordero el tal Peralta Saucedo, todavía subsecretario de Gobernación, al inaugurar la 60 semana de la Radio y Televisión, volvió a insistir en su propuesta nazifascista de que esos medios hagan una “autoauditoría” para, obviamente, no hablar con la verdad sobre la creciente violencia con cargo a los auténticos terroristas, a quienes el funcionario de marras no exhibe como tales; pero sí a los periodistas que, por medio de sus reporteros y corresponsales dan a conocer a la opinión  pública los hechos de la sangrienta violencia que con su barbarie tiene a la nación bajo fuego; asesinando sin recibir sanciones y, en cambio, liberan a un capo por aquello del “perdón y olvido” como respuesta a esos delincuentes.

Al amparo del poder federal –o Gobierno de México para mostrar la cara del centralismo en “el país de un solo hombre”–, Peralta Saucedo ha inaugurado el neofascismo hitleriano contra la prensa (Leonard W Doob, “Goebbles y sus principios propagandísticos”, ensayo en el libro coordinado por M de Moragas, Sociología de la comunicación de masas; editorial Gustavo Gili). Por lo que estamos en el umbral de la abolición de las libertades de prensa si esta amenaza permanece como la divisa del lopezobradorismo; ya que es claro que el funcionario nazifascista realizó su ataque con el visto bueno de Gobernación, porque cree que los medios de comunicación difunden información falsa sobre la violencia. Aunque se quedan cortos sobre lo que impunemente están llevando a cabo los verdaderos terroristas, esos que todos los días y a toda hora continúan lo que han hecho contra los mexicanos durante al menos los sexenio de Calderón y Peña.

Supone el señor Peralta Saucedo que por propaganda es que los medios de comunicación difunden las consecuencias de la violencia en todo el territorio. Y para disminuir esos hechos quiere el funcionario que se tache de falsa la información de la violencia que ya puso en riesgo la gobernabilidad de los tres poderes federales, estatales y de los municipios. Y víctimas de esa barbarie, los mexicanos están en los límites de la cólera social para protestar y exigir responsabilidades.

En esa reunión de los concesionarios de la Radio y la Televisión, hubo dos discursos: el de López Obrador, al clausurarla, asegurando que las libertades de expresión para escribir, informar y criticar se mantendrán, sin referirse a que son conquistas implantadas en la Constitución. Y antes de él, la petición neofascista de Peralta Saucedo para llevar ante los jueces a los periodistas por informar sobre la violencia de una manera “falsa”. Solamente que la violencia que impera en todo el país es veraz y se debe informar de ella y criticarla. Por medio de un funcionario, el lopezobradorismo envía una amenaza y la voz presidencial dice lo contrario.

Álvaro Cepeda Neri

[OPINIÓN] [DEFENSOR DEL PERIODISTA]