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El general Francisco Serrano, como es más conocido, nace en 1889 en la comunidad de Santana, municipio de Choix, estado de Sinaloa. Otras fuentes bibliográficas refieren que tenía parientes en la comunidad de Toro, extinta bajo las aguas de la presa Miguel Hidalgo, más conocida en la región como Mahone. Fue un hombre de armas. Amigo de niño y de juventud del Álvaro Obregón en Huatabampo (En las Aguas del Sauce, significa en lengua yoreme-mayo), Sonora. Hijo de una familia trabajadora y emprendedora, antes había vivido en Ahome. De Huatabampo se trasladó a El Fuerte, importante centro político-cultural y comercial en el norte de Sinaloa y camino real al noroeste del país, paso obligado desde Culiacán-Sinaloa de Leyva a Álamos-Hermosillo en ese tiempo.

Tumba del general Serrano en el lugar donde fue asesinado; Huitzilac, Morelos

Primera parte

En El Fuerte trabajó con Fortunato Vega, de la élite fortense, de tendencia liberal y enemigo del gobernador Francisco Cañedo (porfirista), quien ya llevaba bastante tiempo en el poder sinaloense. Don Fortunato leía buena bibliografía, además de periódicos, por lo que estaba informado del acontecer nacional y los barruntos que se presagiaban en el mundo, como la Primera Guerra Mundial, siendo su protector y maestro. Serrano también estuvo algún tiempo en Mocorito, para después retornar a Huatabampo, encontrándose a su hermana Amalia casada con Lamberto Obregón, hermano de su amigo Álvaro.

En un acto político Francisco Serrano, frente a la última reelección de Cañedo en Sinaloa, expresó: “La reelección es en política un acto de castración”. Rescato esta frase porque sería definitoria y horizonte político de Serrano. Francisco Serrano también estuvo en Álamos, Sonora, donde escribió en el periódico Criterio Libre.

Al iniciarse la revolución maderista Serrano no se involucra, pero una vez que Madero es presidente de la República aparece de nuevo como secretario particular del gobernador de Sonora, José María Maytorena, rico terrateniente de Guaymas y que, dada la correlación de fuerzas durante la Bola, se identificó en algún momento con el villismo en su versión moderada, por no decir conservadora. Al ser asesinados Francisco I Madero y Pino Suárez por el golpe de estado urdido por Victoriano Huerta y la embajada gringa, los revolucionarios sonorenses presionaron a Maytorena para que se pusiera al frente de la lucha, a lo que indeciso y aduciendo problemas de salud se va a Tucson, acompañándolo Serrano en esa travesía. Y como resultado de las luchas intestinas del naciente movimiento constitucionalista en Sonora hay un resquebrajamiento al nombrar gobernador interino a Ignacio Pesqueira, quien era de otro bando.

Sonora como Coahuila eran los dos estados bastiones y en franca rebelión contra el gobierno golpista de Huerta; eso lo tenía claro Venustiano Carranza, razón por la que decide cruzar la Sierra Madre Occidental a caballo. Saliendo en Chinobampo, se traslada al Fuerte y de ahí a San Blas, lugar donde ya lo esperaba Álvaro Obregón, acompañándolo a la ciudad de Hermosillo vía ferrocarril. Sonora era el único estado que ofrecía un ejército organizado, con frontera y aduanas para mantener una economía que permitiera hacer frente a los requerimientos de una economía de guerra, que necesitaba de recursos y compra de armas, pertrechos y bastimentos militares.

Ante ese escenario, Carranza dirime las diferencias locales en Sonora, y lo que no tenían los sonorenses: les da un discurso político ideológico ante la nación; en cambio Sonora le proporciona a Carranza el componente militar. En este tenor, el 28 de junio de 1914 se reúnen en Nogales, Sonora, los caudillos y dirigentes militares para dirimir y ventilar sus diferencias por el regreso de Maytorena, estando presentes Plutarco Elías Calles, Benjamín G Hill, Manuel Diéguez, Ignacio Bonilla, Ignacio Pesqueira, Alfredo Braceda (representante de Carranza) y Francisco R Serrano, quien desde la batalla de Santa María se había incorporado al Estado Mayor de Obregón. Como resultado de este cónclave, Serrano veía coincidir temporalmente a los dos jefes a quienes debía lealtad, Maytorena y a su amigo de infancia, Álvaro Obregón, con quien alcanzaría la gloria, pero también la tragedia.

Serrano, como integrante del Ejército de Operaciones del Noroeste que dirigía Obregón, participó en las batallas de Los Mochis, Topolobampo y Mazatlán. En Jalisco alcanza el grado de Teniente Coronel y es nombrado jefe del Estado Mayor del general Obregón.

Nota

Anotaciones tomadas del libro San Ignacio de Choix, Tomo I: 400 años de su historia 1607-2007, de Rosario Magno Rábago Islas y, en concreto del ensayo “General Francisco R Serrano, Primer Sinaloense en ser candidato a la Presidencia de la República”, de Francisco Padilla Beltrán.

Guadalupe Espinoza Sauceda

*Abogado, historiador y doctor en desarrollo rural por la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, y miembro del Centro de Orientación y Asesoría a Pueblos Indígenas

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