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La Auditoría Superior de la Federación (ASF) solicitó la intervención del Órgano Interno de Control del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica) –dependiente de la otrora Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa)–, para la revisión del gasto por 544 millones 680 mil 100 pesos (el 20.9 por ciento del presupuesto total asignado) que no fue documentado en 2018.

El dictamen de la ASF identifica que la entidad, que operó en el último año del sexenio pasado con 2 mil 612 millones 756 mil pesos, “no dispuso de los diagnósticos para identificar, ubicar y cuantificar las zonas o regiones, por entidad federativa y municipio del país que requirieron de la implementación de las acciones de vigilancia epidemiológica de plagas y enfermedades cuarentenarias”.

La auditoría de desempeño 2018-5-08B00-07-0328-2019 evidencia que el Senasica, entonces a cargo de Enrique Sánchez Cruz, “no demostró que contó con sistemas de control, seguimiento y evaluación que garanticen la adecuada operación del programa y el cumplimiento de los objetivos y metas”.

Entre los gastos expuestos por el máximo órgano de fiscalización del país, también se encuentra el uso de 220 millones 303 mil 700 pesos en la compra de equipo de cómputo, boletos de avión, ferias y exposiciones, publicidad en bardas, radio e impresas, papelería, sistemas de audio, Smart TV, muebles para oficina y viáticos.

Lo anterior evidenció que los responsables del ejercicio de más de 2 mil 600 millones de pesos “no dispusieron de sistemas de control para recabar y resguardar la documentación comprobatoria y justificativa de la entrega de los subsidios, lo que podría implicar un posible desvío en el ejercicio de los mismos”.

El Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018 y el Programa Sectorial de Desarrollo Agropecuario, Pesquero y Alimentario 2013-2018, identificaron que entre las problemáticas del sector agropecuario “estaba la falta de inversión en equipamiento e infraestructura, que limitaba la incorporación de nuevas tecnologías, imponiendo un freno a la productividad; la administración de riesgos de las actividades comerciales primarias era deficiente, y el campo mexicano tenía una alta vulnerabilidad de riesgos sanitarios, lo cual afectaba el abasto, calidad y acceso a los alimentos”.

Érika Ramírez