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Fue un crimen atroz. La masacre cometida contra la familia LeBarón el pasado 4 de noviembre, en la que resultaron asesinadas tres mujeres y seis niños inocentes, es una tragedia que marcará el presente sexenio. Los criminales se cebaron en seis personas inermes, totalmente vulnerables.

Lo peor es que no se trata de la única masacre cometida contra personas inocentes en la región. Y no nos referimos solamente a la violencia desatada por la ineptitud de Felipe Calderón desde 2006, que envolvió de luto a millones de personas. Ni a la “guerra” continuada de Enrique Peña Nieto. Nos referimos a matanzas ya ocurridas en este año en la misma zona y en las que estuvieron involucrados los mismos grupos delincuenciales que apenas hoy se han vuelto famosos, aunque desde hace años gobiernen y decidan el destino de miles en la sierra que comparten Sonora, Chihuahua y Sinaloa.

Sólo como muestra citamos lo documentado en este espacio el 3 de julio pasado: “Tesopaco, Sonora: la masacre que nadie vio”. Dimos cuenta de una matanza de decenas de personas. Un grupo de la delincuencia fue a cebarse con el pueblo de Tesopaco luego de haber sostenido enfrentamientos, el 19 de junio, con sus rivales igualmente despiadados.

Entonces señalamos que no se trataba de un hecho aislado; que tanto enfrentamientos entre delincuentes como ataques a la población civil sucedían con una desesperante frecuencia ante la inacción de las autoridades. “No hay registro de la mayoría de estas matanzas. Los deudos, cuando pueden, recogen los cuerpos y los despiden casi en secreto”.

Resulta que los implicados en esos enfrentamientos y masacres son desde hace tiempo los mismos actores: el brazo armado del Cártel de Sinaloa, conocido como Gente Nueva, y el brazo armado del Cártel de Juárez, llamado La Línea. Se trata de verdaderos ejércitos privados incluso con divisiones (ver “Los ejércitos del Cártel de Sinaloa”.

Como hemos señalado, cada organización cuenta con cientos de hombres bien pertrechados y capacitados para utilizar fusiles de asalto AK47 y R15, fusiles Barret calibre 50, morteros y lanzagranadas. Los fundadores de Gente Nueva y de la Línea fueron militares de elite cooptados por los cárteles. Tales militares (algunos con entrenamiento kaibil) fueron los encargados de reclutar y entrenar para la delincuencia organizada a cientos de jóvenes, muchos de ellos menores de edad.

Fuentes de la comunidad de inteligencia consultadas identifican, en específico, a las facciones enfrentadas por el control territorial en la región. Por parte de Gente Nueva, se trata de Los Salazar (conocidos como los Salazares, así en plural, en las localidades serranas) y Los Jaguares. Por parte de La Línea, la facción Los Sixtos.

Con respecto de Los Salazar, el actual líder es Crispín Salazar Zamorano. Aunque opera en toda la parte serrana de Sonora y parte de Sinaloa, esta familia es originaria de Chihuahua. El líder fundador, preso desde 2011, es Adán Salazar Zamorano, hermano de Crispín.

Esta facción fue la encargada de asediar el norte de Sinaloa y apoyar a los de la Sierra de Badiraguato para obtener la liberación de Ovidio Guzmán el pasado 17 de octubre. Su líder, según las fuentes vinculadas a inteligencia, tiene comunicación directa con el máximo capo actual del Cártel de Sinaloa: Ismael Zambada Niebla, el Mayo.

Los Jaguares operan más al norte y reciben su nombre del apodo de su líder, Francisco Arvizu Márquez, el Jaguar. Este personaje originalmente combatía para La Línea. Fue reclutado por Gente Nueva luego de que fuera traicionado por sus antiguos compañeros.

Y es que al Cártel de Juárez le ocurrió algo similar a lo que le pasó al Cártel del Golfo con Los Zetas. A finales de 2017 y principios de 2018 el brazo armado del Cártel de Juárez, La Línea, se insubordinó a sus jefes y ahora se hacen llamar Nuevo Cártel de Juárez. No han podido hasta el momento arreglar sus problemas y hoy mantienen una guerra entre ellos.

Por su parte, los Sixtos también derivan del apodo de un líder. Se trata de Julio César Oliva Torres, el Sixto, detenido el 15 de agosto de 2018. Es uno de los principales líderes de toda La Línea.

Lo que queda claro es que no se trata de “células” del crimen organizado, como han dicho en las conferencias mañaneras tanto Alfonso Durazo (titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana) como el general Luis Crescencio Sandoval (al frente de la Secretaría de la Defensa Nacional), el almirante José Rafael Ojeda Durán (cabeza de la Secretaría de Marina) y el general Luis Rodríguez Bucio, comandante de la Guardia Nacional.

Se trata de grupos armados con integrantes que se cuentan por cientos. Para la redacción del texto sobre la masacre de Tesopaco, tuvimos acceso a videos donde se puede ver a alrededor de 110 integrantes de Gente Nueva lanzando arengas y vivas antes de un enfrentamiento con La Línea.

Y tuvimos acceso a un video monstruoso donde, luego de la refriega, los ganadores torturan a los perdedores que habían quedado vivos. Los castran y les obligan a tragar sus propios testículos antes de degollarlos. Entre los que llevan a cabo estos actos deshumanizados, se encuentran adolescentes y jóvenes de entre 16 y 20 años de edad. Todo ocurrió en la misma región donde fueron atacados los LeBarón. La saña mostrada por los delincuentes, totalmente drogados, es irracional, estéril, estúpida. Crímenes de una crueldad difícil de imaginar.

En la sierra se habla de masacres, incluso, de decenas de personas que nunca llegan a los titulares de los medios de comunicación. También aquí aplica el racismo y el clasismo. Los muertos de Tesopaco y de otras comunidades de la sierra sonorense, chihuahuense y sinaloense son indígenas mayos, yaquis, rarámuris, tepehuanos o campesinos pobres. Padecen en silencio desplazamiento forzado, esclavitud, violaciones, despojo. Y padecen por igual tanto a Gente Nueva (Los Salazar y Los Jaguares) como a La Línea (Los Sixtos).

Ahora que una horrenda masacre alcanzó a la familia LeBarón hasta una controversia internacional se ha generado. Es importante que esta luz que se ha arrojado sobre la región alcance para ver a las demás víctimas de una violencia que se ensaña con los más vulnerables. Solidaridad y justicia para todos, sean blancos, mestizos e indígenas, y lleven el apellido que lleven.

Zósimo Camacho

[OPINIÓN] [COLUMNA] [ZONA CERO]

 

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