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Una intoxicación estomacal obligó al periodista desplazado Luis Abraham Martínez a revisar el estado de los alimentos que acababa de recibir del Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas. La provisión, que debía durarle una quincena, tenía alimentos echados a perder y otros que vencerían en los próximos 3 días.

Dos veces al mes, Luis recibe en su refugio una despensa de alimentos que debe administrar para sobrevivir. Éstos son comprados y entregados por la empresa RCU Sistemas, SA de CV, misma que fue contratada sin licitación por la Secretaría de Gobernación y que ha sido señalada como ineficiente por varias organizaciones de la sociedad civil.

La última provisión, entregada el 5 de noviembre, estaba compuesta por abarrotes, frutas y varios tipos de carnes. Estas últimas tenían un peso total aproximado de 4 kilos y medio. La porción echada a perder eran 646 gramos de salmón: la etiqueta señalaba que el consumo preferente debía ser en octubre.

Además, estas cuatro porciones de carne debían ser consumidas antes del 8 de noviembre: 788 gramos de piernas de pollo, 854 gramos de pechuga de pollo, 752 gramos de milanesa de pollo y 1 kilo de camarón. Un total de 3 kilos 394 gramos que no podría racionar durante la quincena.

En entrevista, el periodista guerrerense revela que no es la primera vez que recibe alimentos vencidos o por caducar. También señala que, a pesar de que es diabético y ha solicitado una dieta especial, no siempre la toman en cuenta y le envían “tortillas de supermercado o alimentos con mucha harina”.

Violeta Flores Gómez, del área de atención y seguimiento del Mecanismo, es la funcionaria encargada del caso de Luis y se comunica con él mediante correo o mensajes. Tras enviar sus quejas, explica el periodista, no ha recibido respuesta alguna.

Contralínea intentó ponerse en contacto con Violeta Flores, pero tras contestar un primer mensaje asegurando que se comunicaría “en un momento”, ha decidido no responder más. Aquí las preguntas pendientes: ¿Son recurrentes las denuncias por alimentos en mal estado? ¿Qué hacen frente a quejas de este tipo? ¿Hay algún tipo de presión para que RCU Sistemas mejore este servicio?

Otro periodista desplazado, Julio Omar Gómez, explica que las entregas de alimentos en mal estado son usuales y no la excepción. Él opina que hay formas de mejorar el sistema, como eliminando el servicio de RCU Sistemas: “como la entrega es negocio quisiéramos que mejor nos dieran una tarjeta con el promedio de compra y así nosotros compramos en la semana”.

Hay historias de violencia detrás de las situación de desplazamiento forzado y en ambos periodistas la impunidad es el factor común que les impide regresar a sus estados de origen. La de Julio, una historia de terror sobre cuatro atentados, ya ha sido contada en Contralínea.

La historia de Luis también tiene pasajes muy crudos de los que destacan dos atentados en abril y mayo de 2018. En entrevista cuenta que aún carga con secuelas de tortura física: en el primer ataque usaron bolsas plásticas para asfixiarlo, recibió descargas eléctricas en los genitales y fue golpeado hasta quedar casi inconsciente.

Luis publicaba “notas fuertes y sin miedo. Sin importar en las consecuencias aún en un estado como Guerrero y una región como Acapulco: cercado por la violencia cotidiana”.

A la edad de 45 años se siente viejo. Le parece que los últimos años, de los 20 que fue reportero, lo han debilitado en cuerpo y mente. “Pero sigo en pie”, dice e intenta creerlo.

Marcial Yangali

 

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