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Los muertos de la violencia no cesan. Entre diciembre de 2018 y octubre de 2019 se cuentan oficialmente 25 mil 988 víctimas de homicidios dolosos en todo México. Además están los cada vez más frecuentes feminicidios, que a diario cobran la vida de 10 mujeres, en promedio

El reporte oficial que recibe cada mañana el presidente Andrés Manuel López Obrador arroja que se registraron 25 mil 988 homicidios dolosos en México, entre el 5 de diciembre de 2018 y el 31 de octubre de 2019. El promedio mensual es de 2 mil 300 víctimas, y el mes con una mayor incidencia fue junio, al registrar 2 mil 543, refiere el Reporte diario de homicidios dolosos, generado por un equipo interdisciplinario de las secretarías de Seguridad y Protección Ciudadana, Defensa Nacional, Marina y la Fiscalía General de la República.

“Vivimos en una situación que se siente como insostenible: el número de homicidios es intolerable”, señala en entrevista el antropólogo social Vicente Moctezuma. Para el investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, es necesario y, sobre todo, posible que durante la presente administración federal disminuya la violencia.

El pasado 30 de octubre, el presidente López Obrador reiteró que “el uso de la fuerza no es la opción”. Agregó que nadie tiene que morir, ni las personas inocentes, ni el marino, el soldado, el policía –que son pueblo uniformado–, y “tampoco queremos que pierdan la vida los presuntos delincuentes”.

Así, la política de seguridad que plantea el gobierno federal marca distancia respecto de las administraciones de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, que apostaron por el uso de la fuerza. El doctor en antropología social Fernando Huerta Rojas considera que si este gobierno se plantea frenar tanto la violencia como la corrupción, es posible que lo logre.

Ello, dice, “porque tiene una historia atrás en donde la consideración de la violencia es un principio, tiene formas de cientos de años; y en donde la corrupción ha aumentado, se ha hecho un sistema de vida y hoy sigue permeando a las instituciones y sus procedimientos”.

Para el investigador, es claro que la ideología de la derecha no tiene interés en la historia como un proceso de lo humano; por ello, dice, el inmediatismo de las respuestas –como la “guerra” contra el crimen organizado– es una consecuencia de cómo la derecha ha hecho una mentalidad y una cultura para las personas que desean algo inmediato de resolver.

Sin embargo, México todavía está muy lejos de alcanzar la paz social. Actualmente se vive un momento álgido de violencia, considera Georgina Cárdenas, doctora en antropología social por la Escuela Nacional de Antropología e Historia: “Tenemos una espiral de violencia en general en el país”.

No obstante, refiere que la expectativa con este gobierno es que se respeten los derechos humanos. Por ello, dice,  “hay que promover que todos los miembros de la Guardia Nacional, que si bien tienen una formación castrense, tengan una formación sólida en derechos humanos, para ya no tener más violaciones [sexuales] de niñas, o de mujeres en espacios donde ellos estén promoviendo la paz o la seguridad”.

Feminicidios, el otro lastre

La investigadora Georgina Cárdenas dice a Contralínea que en este contexto destaca el aumento de los crímenes contra las mujeres acompañados del factor impunidad. Entre enero y septiembre ocurrieron al menos 726 feminicidios, indican datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).

Los 10 estados donde más se presenta este delito son: Veracruz (140), Estado de México (81) –ambos tienen doble alerta de género–, Nuevo León (53), Puebla (45), Ciudad de México (40), Jalisco (36), Sinaloa (32), Sonora (28), Chihuahua (27) y Morelos (27). Baja California Sur es la única entidad sin registro de feminicidios.

“Todos los días aparecen un conjunto de mujeres asesinadas, otro tanto golpeadas, acosadas, y las alertas no funcionan porque la estructura del Estado es esencialmente masculina, contenida de una ideología y de una cultura donde los hombres no se van a castigarse a sí mismos”, considera el doctor Huerta Rojas.

En entrevista, el investigador adscrito al Centro de Estudios Interdisciplinarios de Género y a la Academia de Arte y Patrimonio Cultural de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México agrega que, pese a que hay leyes, códigos civiles, instituciones, tratados y mujeres participando en los ámbitos políticos, académicos y civiles, el problema es con los hombres que siguen considerándose los sujetos principales del mundo, de la historia y de los espacios más cotidianos que hay, como el de la familia, las calles y la escuela.

“La historia de la violencia es de muchos siglos, que está presente en nuestra vida. La humanidad no conoce algún momento histórico de paz a nivel mundial. Este país  tiene una cultura de la violencia muy vasta, diversa, sutil y brutal”, considera el doctor Fernando Huerta, cuya línea de investigación es género y emociones.

De 2013 a 2018, la sensación de inseguridad de las mujeres pasó del 74.7 por ciento a 82.1, muestra la Encuesta nacional de victimización y percepción sobre seguridad pública de 2018. Pero el problema en este país no es sólo de percepción, sino de agresión. En el 14 por ciento de los municipios y alcaldías de México se han registrado feminicidios, es decir, 347 de 2 mil 463.

Los datos del SESNSP indican que los municipios donde han ocurrido más homicidios dolosos contra mujeres por razones de odio son: Monterrey (13), Culiacán (13), Juárez (12), Xalapa (11), Guadalajara, Tabasco Centro y Coatzacoalcos (con nueve casos cada uno), Iztapalapa, San Luis Potosí y Nogales (con ocho casos,  respectivamente).

Georgina Cárdenas, investigadora posdoctoral del Centro de Investigaciones y Estudios de Género de la UNAM, lamenta que las mujeres siguen siendo colocadas como subordinadas y como propiedad. “En cuanto nos miran como propiedad creen que pueden disponer de nuestro cuerpo y hasta de nuestra vida”.

Otros datos que arrojan las estadísticas del Secretariado son los referentes a homicidios dolosos o intencionales hacia mujeres, de los que apunta que han ocurrido 2 mil 107 entre enero y septiembre de este año. Los 10 estados con más asesinatos de este tipo son: Estado de México (258), Guanajuato (208), Jalisco (194), California (179), Chihuahua (163), Guerrero (130), Michoacán (119), Ciudad de México (112), Oaxaca (84) y Colima (66).

“La impunidad, la palabra es la impunidad”, responde la doctora Georgina al preguntarle por qué los delitos contra las mujeres han aumentado. “En la medida que la gente goza de impunidad, sabe que no le pasa nada: puede asesinar. Entonces eso es en lo que tenemos que trabajar porque la denuncia sí existe”.

La investigadora agrega que “la revisión de la CEDAW [Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer de la ONU] ya señaló que no hay una armonización legislativa en todas las entidades federativas en el tema de feminicidios. Eso es algo que limita porque si no se tiene el marco normativo homogéneo, entonces cómo lo haces aplicable. La existencia de leyes no garantiza que se cambie la cultura. Lo que tenemos que hacer es un trabajo más grande”.

Además del feminicidio hay otras formas de violencia contra el género femenino. De acuerdo con el Secretariado, en el delito de corrupción de mujeres menores se tienen registrados 1 mil 117 casos, entre enero y septiembre de este año. Las 10 entidades federativas con más casos de corrupción de menores son: Ciudad de México (178), Baja California (135), Nuevo León (93), Guanajuato (83), Jalisco (69), Sinaloa (55), Durango (53), Chihuahua (49), Estado de México (41) y Zacatecas (35).

En las comunidades indígenas venden a las niñas menores para que subsistan las familias. En las urbanas hay trata de personas; la prostitución, el tráfico de personas en el sentido de la sexualidad es otro gran problema que incrementa el feminicidio. La cantidad de mujeres atrapadas, levantadas, ha aumentado por una sobreexplotación de la sexualidad y de los cuerpos de las mujeres, ese es un punto bastante grave, lamenta el doctor Fernando Huerta.

“No debe naturalizarse la violencia por considerarse que es algo que siempre pasa: necesitamos promover una cultura de la igualdad, de respeto y sobre todo de la paz. Yo creo que sí lo podemos lograr”, dice la doctora  en antropología social Georgina Cárdenas. Por eso llama a trabajar a las personas en forma individual y colectiva, a educar en la igualdad y promoverla, así como a promover un discurso de tolerancia a la diversidad y respeto a los derechos humanos.

Por su parte, el doctor Fernando Huerta considera que la desigualdad es un asunto de todo el Estado, que se puede combatir con la política, la cultura y la educación. “Es un asunto de organización cultural, de organización del Estado, que debe crear otras formas institucionales donde la paridad [de género] no sea una concesión sino un principio político”.

Añade que “todos los días se ven series cargadas de violencia: el cine, cargado de violencia; una parte de las artes, cargadas de violencia; la música también. Esas son cuestiones en donde las artes me parecen otra posibilidad para el trabajo por la paz. Son cuestiones que tienen que ver con lo general y lo individual”.

De igual manera la doctora Georgina Cárdenas llama a la autoexaminación en los entornos personales y a la eliminación de la pedagogía de la violencia. Respecto de esto último, indica que se trata del proceso de socialización en el que va llegando esa violencia por todos lados. “Pertenezco a una generación en la que crecimos con programas como El chavo del 8, que eran altamente discriminatorios y violentos, entonces uno los naturalizaba”.

Para la doctora, la violencia está presente también en la música y las películas: “en general tenemos esa pedagogía de la violencia, de cómo son altamente valoradas las películas de guerra. Entonces lo que necesitamos es todo lo contrario: una cultura de la paz y del respeto”.

“Deseo que sí haya un cambio. Las mujeres han avanzado. Deseo invitar a los hombres a que se sumen en un sentido crítico a pensar la violencia como algo que ha dañado nuestra vida, que ha enajenado nuestra existencia. Creo que es el momento de erradicarla como concepción del mundo, como imaginario, como  mitología”, externa el doctor Fernando Huerta.

Isaac Hernández

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