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Ya como Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador nombró “superdelegado” en Jalisco al millonario y proveedor de medicinas al sector público Carlos Lomelí Bolaños. Éste también era su favorito para ser candidato a gobernador de esa entidad. Todo marchaba sobre rieles (como el prometido tren maya), hasta que empezaron a salir a la luz pública las informaciones acerca de que el tal Lomelí andaba aprovechándose de su cargo y la confianza lopezobradorista, y decidió continuar con las prácticas corruptas en el negocio farmacéutico que encabeza. Y sorprendido con las manos en la masa truculenta, empezaron a investigarlo hasta según los resultados arrojados quedó inhabilitado como proveedor para el sector público.

Y de inmediato fue destituido con el objetivo de frenar dicha corrupción. Aunque tal parece que esto se logró a medias ya que fue sustituido por José Luis Soltero Meza, quien es nada menos que el hombre de las 1 mil confianzas del tal Lomelí. Así, este personaje traicionó al inquilino de Palacio Nacional y por eso fue que le echaron la caballería encima. Ya no será candidato a gobernador por causa de sus ambiciones ilícitas al amparo de sus relaciones presidenciales.

Los actos de corrupción encuadran perfectamente en el refrán aquel que reza: “en la casa del jabonero, el que no cae, resbala”. Y por más que López Obrador anunció que emprendería una limpia en todos los frentes, “como se barren las escaleras”, el tal Lomelí supuso que el manto presidencial lo convertía en intocable. Pero está claro que no le sirvió de mucho la “amistad” con el presidente. Así que pescado infraganti, la ganancia que no lo denunciaron penalmente para sancionarlo y solamente lo marcaron como lo que es: corrupto. Como de costumbre, esta acción no ha sido suficiente.

Pero al “enseñar el cobre”, al menos lo dejaron al margen y lo despertaron de su ensueño, pues el tal Lomelí Bolaños ya se sentía paseando como “góber” presumiendo su amistad con López Obrador (quien también ha tenido clemencia para con el médico-militar José Manuel Mireles Valverde no obstante sus insultos y antifeminismo); pero éste se pronunció con su clásico: “lo que diga mi dedito”, y con el pulgar hacia abajo (al estilo de los reyezuelos romanos) indicó que estaba políticamente muerto a la “capitis deminutio”. No hay otros casos de cesados por corruptos. Salvo, con todas sus imputaciones, la Robles Berlanga, a quien le siguen acumulando las hazañas rateriles de la “estafa maestra” que ya suman 5 mil millones de pesos.

Por lo pronto, queda claro que don Carlos Lomelí Bolaños, pues, traicionó a López Obrador. Y como resultado de esto le cancelaron la cuantiosa venta de medicinas al sector público y le quemaron sus naves con las que se embarcaba directamente a la gubernatura de Jalisco. Y es que la corrupción parece ser tan arraigada que representa el cáncer que todo lo carcome. Y se propaga de tal manera que hasta los lopezobradoristas han caído. Y lo más seguro es que seguirán tropezando y cayendo. Y es que en nada tiene tanto empeño el presidente de la República Andrés Manuel López Obrador que en perseguir y acusar a los corruptos que tanto daño le han hecho a las finanzas públicas. Lomelí es hasta ahora la pieza más sobresaliente del presente sexenio, mientras del peñismo siguen engrosando la lista… ¿sigue Bartlett?

Álvaro Cepeda Neri

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