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Sitiaron y tomaron Culiacán, la capital de Sinaloa, este 17 de octubre. Liberaron a uno de sus líderes (y a decenas de reos más) y replegaron a las Fuerzas Armadas Mexicanas. Militarmente –más allá de las razones sociales y políticas que sustentaron la orden oficial de la retirada– propinaron una derrota al Ejército Mexicano en su propio suelo.

Gente Nueva, facción Los Salazares, en la sierra de Sonora a principios de 2019

Y es que no solamente fue Culiacán. El sitio se tendió también sobre Los Mochis y El Fuerte, ciudades sinaloenses donde de igual forma ocurrieron enfrentamientos y se cobraron vidas (aunque toda la atención mediática se haya concentrado en la capital del estado).

Son los ejércitos del Cártel de Sinaloa, conformados luego del inicio de la guerra simulada contra el narcotráfico que inició Felipe Calderón en 2006, los más poderosos de todas las fuerzas irregulares que hacen del país un polvorín. Los que sitiaron Culiacán bajaron de la Sierra de Badiraguato y fueron reforzados por los de la sierra de Choix y aún por los del vecino Sonora.

Al parecer, el gabinete de seguridad del gobierno federal sólo esperaba reacción en Badiraguato y evaluó que contaba con la capacidad de contener a los criminales. Se llevó una sorpresa. La decisión de emprender la retirada y dejarle la plaza al Cártel de Sinaloa fue cuando advirtió que Los Mochis ya estaba tomada y desde ahí se preparaba una ofensiva con cientos de elementos del cártel dispuestos a masacrar o ser masacrados.

Estas tropas irregulares rafaguearon la cárcel de El Fuerte e impusieron a la población un toque de queda. Ahí se concentraron provenientes de tres puntos: de Choix y de El Carrizo, Sinaloa, y de Álamos, Sonora. Estos últimos, de la presa Miguel Hidalgo, de la sierra de Sonora, por el rumbo de San Bernardo Quiriego.

Pertrechados con fusiles de asalto (AK47, R15), fusiles Barret, morteros, lanzagranadas, y perfectamente coordinados con alta tecnología de comunicaciones, convergieron en El Fuerte para reforzar Los Mochis. Apenas encontraron resistencia en San Miguel Zapotitlán, la primera caseta ya en territorio de Sinaloa, entre Navojoa y Los Mochis. Además de automóviles incendiados, a su paso dejaron, al menos, cinco muertos.

Sólo en Choix operan tres facciones de Gente Nueva, como se hace nombrar el brazo armado del Cártel de Sinaloa en Chihuahua, Sonora y Sinaloa (tiene otras denominaciones en otros estados de la República). Dichas facciones son: Los Salazares –de los cuales ya hemos dado cuenta de algunas de sus matanzas en este espacio– con sede por los rumbos de El Rodeo; los de Agua Caliente, por el rumbo del río con el mismo nombre, y otros llamados Los Norteños, con origen en Bacayopa y Yecorato. Estos últimos son los “dueños” de la plaza de la cabecera de Choix y los que encabezaron el operativo de sitio a Culiacán.

Gente Nueva fue integrada inicialmente en 2007 por el Cártel de Sinaloa con efectivos de elite del Ejército Mexicano. La supuesta guerra de Felipe Calderón y la profesionalización y militarización de los rivales de la organización encabezada entonces por Joaquín Guzmán Loera, el Chapo, generó la “necesidad” de contratar a militares de fuerzas especiales con entrenamiento kaibil.

El Cártel de Juárez había formado ya su brazo armado, La Línea. Mientras, el Cártel del Golfo ya tenía a Los Zetas. El más poderoso de los cárteles no podía rezagarse y los entonces tres principales líderes de Sinaloa, Juan José Esparrogoza Moreno, el Azul; Ismael Zambada, el Mayo, y el Chapo, acordaron la integración de Gente Nueva. Un estimado de la entonces Procuraduría General de la República hecho público en 2011, estas tropas irregulares podrían estar integradas con 5 mil efectivos en los tres estados.

La liberación de Ovidio Guzmán (hijo del Chapo) este jueves 17 es probablemente el triunfo más importante de toda la historia de Gente Nueva. Ha participado en muchas masacres contra cárteles rivales y ha derrotado en otras ocasiones a comandos de fuerzas federales. Pero en esta ocasión ocuparon militarmente la capital de un estado de la Republica, obligaron al Estado mexicano a devolverles a uno de sus patrones y consiguieron la retirada del Ejército Mexicano.

Se trata de la primera decepción para muchos de los simpatizantes de la “cuarta transformación”. Es un fracaso redondo porque la inteligencia falló. No pudo prever la capacidad de respuesta del narco. Pero es importante decir que estos cárteles que pueden retar al Estado mexicano se formaron y alcanzaron tal poderío en los sexenios de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, con probable apoyo de funcionarios de estas administraciones. Tal poder no se construyó en estos meses.

Si estas fuerzas del narcotráfico replegaron a las Fuerzas Armadas Mexicanas, cómo se les puede pedir a las comunidades indígenas que no se armen cuando tienen enfrente a los cárteles. Las policías comunitarias, guardias comunales, rondas comunitarias y autodefensas indígenas ya enfrentan desde hace12 años y con sus propios medios a los criminales. Ahora una ciudad vivió un embate como los que desafortunadamente son cotidianos en los territorios de muchos pueblos indígenas.

Zósimo Camacho

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