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Berlín, Alemania. El pasado 7 de octubre de 2019 el presidente de Austria, Alexander Van der Bellen, nombró al excanciller Sebastian Kurz como formador de un nuevo gobierno federal en la nación alpina. Así, a 1 semana de las elecciones generales anticipadas del 29 de septiembre el líder del Partido Popular Austriaco (ÖVP, por su sigla en alemán), el cual fue votado como primera fuerza política, tiene la tarea de encontrar un socio para formar a un nuevo gobierno. “Con base en los resultados de las elecciones, le confío a usted, querido presidente del ÖVP Sebastian Kurz, como presidente del partido, la mayoría de los votos, […] para la formación de un nuevo gobierno federal”, pronunció el presidente.

Durante el encuentro entre Van der Bellen y Kurz, el canciller designado afirmó su voluntad de seguir “en la lucha contra la inmigración ilegal en Austria y Europa”. A la vez que se preocupó de “[amenaza de] la recesión económica” que se adviene a la nación europea. Insistiendo en que hay que obrar en pro de una reducción de los impuestos y de una economía más verde. “Haré todo lo posible para estar a la altura de la gran confianza que hemos recibido de los votantes”, afirmó durante el evento. Por su lado Van der Bellen le pidió que priorize ante todo la participación feminina en su gabinete y el cambio climático.

A mediados de junio del año en curso una crisis política se desencadenó por la publicación de un video grabado en la isla española de Ibiza que involucraba al entonces vicecanciller Hans-Christian Strache en una supuesta trama de corrupción. A raíz de esto la coalición de la ÖVP, considerada de derecha con el Partido de la Libertad (FPÖ, por su sigla en alemán) de la extrema derecha, en pie desde diciembre 2017 llegó a su fin tras perder en un voto de confianza y se optó por elecciones anticipadas. Éstas fueron programadas para fines de septiembre 2019 y la presidenta de la Corte Suprema, Brigitte Bierlein, asumió la posición de canciller en funciones desde entonces.

En las elecciones del 29 de septiembre la ÖVP obtuvo el 37.5 por ciento de los votos convirtiendose en la primera fuerza política en Austria, al ganar 6 por ciento con respecto a las elecciones pasadas. Fue seguido del Partido Socialdemócrata de Austria (SPÖ) con 21.22 por ciento quien perdió casi 6 por ciento de sus votantes. En tercer lugar se posicionó el FPÖ, quien obtuvo 16.2 por ciento, perdiendo cerca del 10 por ciento en relación con la última votación. El Partido Los Verdes-La Alternativa Verde alcanzó 13.8 por ciento, aumentando su electorado en 10 puntos y posicionándose en cuarto lugar. Finalmente el Partido liberal NEOS-La Nueva Austria y Foro Liberal por su lado obtuvo 8.2 por ciento, mejorando su margen en cerca de 3 por ciento.

Sebastian Kurz ahora tiene la tarea de formar una coalición nueva. Su antiguo socio FPÖ bajo Strache perdió mucho peso político en estas elecciones producto del escándalo de Ibiza. El excanciller tendrá reuniones con los representantes de los principales partidos austriacos. Sin embargo, tras el amargo trago que dejó el legado de Strache –quien se retiró de la política desde entonces– indicó no querer volver a aliarse con el ÖPV. Las posiciones conservadoras de la ÖVP tampoco serían ideales para aliarse con el SPÖ, muy crítico con su desempeño pasado, sobre todo con los temas de la inmigración y las restricciones hacia los refugiados en el país. Los verdes por su cuenta podrían ser socio menor del partido popular y contarían con una mayoría para gobernar. No obstante existen también diferencias no menores sobre todo el implementación de la política ecológica, la imposición de impuestos al combustible, pero ante todo en la política migratoria.

Kurz, quien fuera el gobernante más jóven en la Unión Europea –y el que abrió las puertas a la extrema derecha en 2017–, tuvo además en entretiempo un escándalo propio, relacionado con la destrucción de cinco discos duros bajo condiciones sospechosas al final de su primer mandato. Esto podría contravenir a la ley de preservación de datos de cada administración austriaca. Sorprendetemente esto no tuvo repercusión en la votación, dónde incluso ganó en electorado.

En su primer mandato Kurz y Strache formaron el gobierno más polarizado a la derecha de la Unión Europea, llegando a construir una valla en la frontera con Eslovenia y estigmatizando al refugiado, así como recortando las ayudas sociales para extranjeros y el acceso a la ciudadanía. Junto a su socio de extrema derecha su curso fue claramente nacionalista, xenófobo y populista. Ahora que se distanció de su antiguo socio tras el escándalo de Ibiza, el nuevo jefe Norbert Hofer dio a entender su intención de volver con su partido a la oposición.

Los analistas más escépticos creen que no será antes de diciembre 2019 o incluso recién en 2020 que el gobierno de Kurz II esté en pie. Ante la incógnita sobre su potencial aliado, la canciller en funciones Bierlein –primera mujer al frente en esta posición en la historia austriaca– seguirá al frente de un gobierno tecnócrata encargado de mantener operando el país, pero sin capacidad de decisión o cambio alguno.

El excanciller y formador de gobierno se prometió un tránsito hacia una modelo de economía social y ecológico, a la vez que quiere evitar que la economía entre una fase de desaceleración. Por esta ocasión casi no hay mención del tema migratorio en el centro del debate. ¿Estamos siendo testigos de una nueva cara de este jóven político que inició su carrera con tan sólo 27 años como ministro de relaciones exteriores, y hoy se quiere renovar como el canciller pionero de la nueva derecha europea jóven y moderna? En 2017 abrió la caja de pandora al tomar por asalto su partido, el gobierno de su nación y al usar de aliado a nadie menos que la extrema derecha. ¿Cuál será está vez su apuesta para llegar al poder?

Axel Plasa

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