Los tres machos y la amante de las bombas

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I. La libertad de expresión no tiene más límites que hablar y escribir acatando lo dispuesto en nuestra Constitución y sus leyes reglamentarias, evitando abrir la Caja de Pandora y dejar escapar los males que ella contiene, y sustentando esa libertad en los hechos para criticar e informar. Ejercerla significa asumir las consecuencias si esa libertad afecta al pueblo; es decir, al demos de toda democracia. Y, ahora, con el uso del internet, la libertad de expresión (como la de escribir y publicar) ha de mantenerse al margen de sus abusos o asumir las consecuencias, en la medida que todo acto humano es un acto jurídico civil y/o penal; con todo y presentar disculpas (y no como comúnmente se dice: “pedir disculpas”). La cuestión es que soltar expresiones injuriosas o amenazantes causará problemas políticos, sociales y hasta económicos que abonan de conflictos la realidad donde conviven las individualidades y lo colectivo, por más abierta que sea una sociedad.

II. El nefasto Vicente Fox, como candidato y ya como presidente (producto de una cadena de imposiciones electorales de Ernesto Zedillo a Fox; de éste a Felipe Calderón y a Enrique Peña), mil y una veces realizó injuriosos ataques de toda clase. Esos que, sobre todo, las personas de cara a lo público no han dejado de hacer para, intencionalmente o no, causar daño con sus agravios. Voy al caso de tres funcionarios del lópezobradorismo. Uno es de Paco Ignacio Taibo II, designado contra viento y marea en la editorial paraestatal del Fondo de Cultura Económica y quien, a pesar de las críticas, mantenido y ya ratificado por los senadores de Morena, soltó su frase que lo denigró a él, en primer lugar, para ofender a los que cuestionaron su nombramiento. Luego vino el caso de José Manuel Mireles, quien desde una dirección médica del ISSSTE soltó sus majaderas expresiones contra las mujeres que, con todo su derecho, recurren al servicio médico. A éste como a Taibo, el mismo presidente de la República (que no pocas veces usa un lenguaje de imputaciones ofensivas), les extendió el equivalente a “no lo vuelvan a hacer… y perdón y olvido”.

III. Asimismo, el intelectual-historiador Pedro Salmerón elogió un homicidio enalteciendo un delito cometido cobardemente al que calificó de “acto valiente”. Salmerón como Taibo y Mireles tienen derecho a la libertad de expresión y no aceptar las críticas revirándoles a sus adversarios, aun sabiendo que han insultado. Pueden permanecer en sus cargos o plantear su renuncia; pero eso no les quita responsabilidad en los hechos de los que fueron actores en la escena pública. El caso de la primera oficial de una aerolínea: Ximena García y su compañera respecto a la sugerencia de que se lanzara una bomba a los festejos del 15 de septiembre, es otro ejercicio de la libertad de expresión que rayó en la injuria y el insulto, y que con todo y su disculpa, tras las burlas en Facebook, es un hecho más de abuso de las libertades. Las palabrotas de Taibo y Mireles, el elogio al homicidio que hizo Salmerón, como lo que hicieron Ximena García y Gabriela García, son casos injustificables.

Álvaro Cepeda Neri

cepedaneri@prodigy.net.mx

 

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