Autor:

Un día sí y otro también López Obrador, aunque “con todo respeto” –para de inmediato faltar al respeto–, profiere insultos contra periodistas y la prensa en general (con sus excepciones que le colocan “flores”). Insiste en no tolerar las informaciones que le disgustan y mucho menos las críticas a su desempeño, en la medida que como funcionario hay que salirle al paso. Puesto que para eso es el periodismo en una democracia republicana cuya Constitución Política todavía mantiene las conquistas de las libertades de expresión y publicación, por las que los mexicanos, de nuestro pasado y presente, lucharon sobre todo desde 1857 y 1917, en las Revoluciones que nos dieron un Estado federal, con pesos y contrapesos en la división y separación de poderes que el presidencialismo de Morena con sus diputados federales y senadores, con o sin una rebelión, tantean interrumpir.

Al parecer, ya hay “arreglos” con Televisa y Tv-Azteca y con los noticieros y análisis que muestran rendición ante el poder absoluto desde Palacio Nacional, pero las tensas relaciones de AMLO con la prensa independiente, particularmente la escrita, está creando el lema: “estaré hasta la muerte en contra de lo que dices…”, para seguir tanteando interrumpir la vigencia de nuestra Ley Suprema (como el ataque que le dirigen al Artículo 130, desde las trincheras evangelistas). Y no practica el titular del Poder Ejecutivo Federal, el “…defenderé hasta la muerte el derecho que tienes para decirlo”, porque rechaza, intolerante, que la prensa ejerza las libertades constitucionales hasta sus últimas consecuencias; a menos que se atreva a ir más allá del “con todo respeto”.

De entre los periodistas que no bajan la guardia están: Loret de Mola, Sergio Sarmiento, Riva Palacio y Juan Villoro, quienes publican en El Universal, Reforma y El Financiero. Sus columnas mantienen a toda hasta la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. A la que quiere arriar López Obrador con sus constantes ataques a esos derechos, buscando sin duda alguna, ejercer la censura, ahora indirecta, que puede llegar al extremo al que llegaron Santa Anna y Díaz para desaparecer la plena libertad de expresión política y periodística que enoja al populista; quien solamente quiere “flores” como racimos de elogios, votaciones a mano alzada y aplausos para su interminable campaña electoral.

De continuar sus ataques directos a los medios de comunicación y a sus reporteros, analistas, columnistas e investigadores que publican sus puntos de vista al modo de gobernar de López Obrador, se asoma un autoritarismo con visos de dictadura. Por eso es que resulta esperanzador que Loret de Mola, Riva Palacio, Sergio Sarmiento y Villoro insistan en no ceder a las embestidas mañaneras desde Palacio Nacional y de cara a la Plaza de la Constitución, y por todas partes a donde se va de gira. Porque a toda costa debemos defender los derechos y garantías de la prensa para que se mantenga como contrapoder de los poderes del Estado federal, estatal y municipal, y de los poderes económico, social y cultural, para criticar sus abusos, sus ilegalidades y los excesos populistas que quisieran mermar la libre expresión y publicación del parecer de los diversos sectores del pueblo, en la unión de sus conductas; pues no hay un solo pueblo en la unidad del absolutismo.

Así que bien por todos los periodistas del país que mantienen alta la guardia del contrapoder sin concesiones. De lo contrario, la censura de los ataques e insultos puede conducir a “estar hasta la muerte en contra de lo que dices…”, descartando el “…defenderé hasta la muerte el derecho que tienes para decirlo”. Enfrentamos el inicio de un sexenio alarmante en cuestiones de libertades de periodismo que pueden extenderse a otros campos de nuestro liberalismo político, el cual ampara el derecho a disentir del presidencialismo que llegó de la oposición, y ahora se posiciona en sentido contrario para revivir el fantasma priista que recorre al nuevo régimen. Por lo tanto, no debe permitirse que para insultar y atacar anteponga el “con todo respeto” que se torna total falta de respeto a la Constitución en sus Artículos 6 y 7 de nuestra Ley Suprema.

Desde este espacio he de aplaudir a los periodistas que no cedan en su tarea de contrapoder. Y apoyarlos por resistir los ataques con que intentan hostilizar las libertades para escribir, hablar, impugnar y criticar el ejercicio del poder presidencial. Ese que reclama no ser objeto de la prensa que cuestiona constante e implacablemente. E impedir que se pase de las palabras a los hechos de violencia por informar y criticar sobre lo que hacen y dejan de hacer los gobernantes; por muy muy populares que sean y busquen esconderse tras el pueblo partidista, a espaldas del pueblo y el poder de la democracia.

Álvaro Cepeda Neri

[OPINIÓN] [DEFENSOR DEL  PERIODISTA]