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Para Luis Bojórquez Castro

I. Hay quienes han sembrado dudas respecto a que William Shakespeare (1564-1616) no fue el autor de sus obras. La cosecha no ha prosperado a pesar de que éstos han sido acreditados investigadores; como lo fue Delia Bacon –parece que familiar lejana del erudito Francis Bacon (1561-1626)–, quien entre 1856 y 1866 inició el más severo ataque y crítica sobre si fue, sobre todo Christopher Marlowe –autor de Tamerlán El Grande; El Judío de Malta; Eduardo II y el Doctor Faustus–, quien vivió entre 1564-1593, periodo muy inferior a Shakespeare, el que escribió parte de la obra atribuida a éste. Incluso se consideró a Francis Bacon, Walter Raleigh, el conde de Southampton, Daniel Defoe y Edward de Vere. Ninguno pudo acreditar tal autoría, quedando Shakespeare como quien compuso las 35 obras contenidas en cinco tomos traducidos por Luis Pastrana (Espasa-Calpe); de Kenneth MacLeish y Stephen Unwin: Guía de las obras dramáticas de Shakespeare (Alba); y de Galaxia-Gutenberg: William Shakespeare: Teatro completo. Así como los Sonetos, versión de Agustín García Calvo (Anagrama); en Biblioteca Edaf: Los Sonetos de Shakespeare (traducción de Alfredo Gómez). Y de Jan Kott: Apuntes sobre Shakespeare (Seix Barral).

II. Con esto llego a la lectura del texto La Verdad sobre Shakespeare: argumentos, evidencias y polémicas, con las investigaciones de los escépticos, los sospechosos inusuales: ¿escribió Shakespeare las obras de Shakespeare? Con un epílogo, lecturas recomendadas, notas y un índice onomástico, es un libro muy interesante y una vez que se abre no puede dejarse hasta su lectura completa, colocando las piezas del “rompecabezas” para que de los diferentes dibujos y pinturas nos aparezca la cara de Shakespeare; sonriendo irónicamente como si lo hubiera pintado el gran Leonardo da Vinci. En 450 páginas, 19 autores discuten si fue o no el autor del grandioso legado que retrató las pasiones, los sentimientos y la belleza, o estética como la concibieron Kant y Hermann Cohen (éste en traducciones del maestro Guillermo Héctor Rodríguez). Y nos llevan a un debate literario, histórico y biográfico donde aparecen 79 candidatos a ser Shakespeare. Se ha tratado de desacreditar a este prolífico escritor, pero nadie ha podido fundamentar, a ciencia cierta, que Shakespeare no sea Shakespeare. Prevaleciendo el personaje que presentó sus obras en el teatro “El Globo” hasta que se incendió; aunque hubo un paréntesis de un año que permaneció cerrado por la peste.

III. El texto es un trabajo de la Universidad de Cambridge, donde se publicó en 2013 –y 3 años después al español– con el fin de divulgar las tesis a favor y en contra de quien fue casi contemporáneo de Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616). Quizá se disipen dudas o tal vez haya más; pero Shakespeare permanece a través “de ficciones emancipadoras y antishakesperianas… las emancipadoras reivindican la autoría de las obras de Shakespeare”. La cuestión es por qué tanto odio y afanes por deshacerse de él, sin que esto implique descalificar su discusión, aunque no hay evidencias de que no haya sido el autor de semejante obra. Así que estos 19 textos nos cuentan sus respectivas investigaciones. Y dejan prevalecer la verdad histórica de un William Shakespeare que se responsabiliza de la obra que sigue conmoviendo a la humanidad. Y que seguiremos admirando y venerando por esa manera de crear un universo que muestran la individualidad en toda su magnificencia. Y que “hace que Shakespeare sea Shakespeare”. “Quienes no sean capaces, por esnobismo o ignorancia, de reconocer el genio de las obras en el Shakespeare de Stratford, no han logrado hacer aquello que piden los editores en la epístola introductoria: leerlo”.

Ficha bibliográfica:

Autor:        Varios autores. Edición de Paul Edmondson y Tanley W. Wells

Título:        La verdad sobre Shakespeare  (traducción de Jorge García y Carla López)

Editorial:    Stella Maris, 2016

Álvaro Cepeda Neri

[MISCELÁNEO] [EX LIBRIS]

 

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