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A pesar de que China está en medio del proceso de negociaciones de un Código de Conducta (Coc) sobre el Mar de la China Meridional con los países miembros de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN), dentro de los cuales están implicados Vietnam y Filipinas fundamentalmente, Beijing actúa de manera unilateral contra la estabilidad regional. Desde principios de julio de 2019, un grupo de barcos chinos de estudio geológico, integrado por el buque Haiyang Dizhi 8 y sus escoltas, ingresaron sin autorización o previo aviso en la zona económica exclusiva (ZEE) de Vietnam. A fines del mes, los buques se retiraron y la comunidad internacional confió en que la tensa situación acabaría allí. Sin embargo, días después, en agosto, los buques chinos regresaron a la zona en disputa.

Desde entonces la comunidad internacional ha mantenido diversas posiciones, particularmente las grandes naciones. China, por su parte, a pesar de hablar de negociación y entendimiento, ha sido la primera en realizar acciones unilaterales en detrimento de la firma de un Coc vinculante. Una de las cuestiones más criticadas es la relacionada con el discurso del ministro de Defensa chino, Wei Fenghe, en la Cumbre de Shangri-La en junio de este año, en la que expuso la idea de promover la estabilización en el área mediante la cooperación; sin embargo, poco después sus propias acciones fueron contradictorias. La práctica demuestra un doble discurso: promover internacionalmente llamados a la negociación y el entendimiento, pero en la práctica realizar acciones unilaterales para avanzar en sus propósitos. Esto indudablemente ha conducido a la desconfianza de sus vecinos, especialmente de aquellos más involucrados en el conflicto.

Desafortunadamente, dentro de la ASEAN se han generado divisiones en cuanto a las posiciones sobre el conflicto. Esto sin duda tiene relación con el poder económico chino y las acciones de poder blando que ejerce mediante ayudas concesionales o donaciones a determinados países. Es en ese sentido que Myanmar, Laos y Camboya mantienen una posición más alejada del conflicto de manera racional. Especialmente Camboya ha incrementado fuertemente el vínculo económico con Beijing, y la asistencia china deviene en un factor importante para poder tomar posiciones más apegadas a los intereses de su donante. Por otro lado, Brunéi negoció el tema de las islas que mantiene en disputa con China con el propósito de aumentar las inversiones chinas, luego de que los principales inversores occidentales hayan comenzado a retirarse ante la posible previsión de agotamiento de las reservas petroleas del pequeño sultanato dentro de los próximos 20 años.

La ASEAN intenta impulsar el diálogo y el entendimiento como mecanismo de integración, pero las acciones de China impiden que se logre una confianza en los procesos que se están desarrollando de manera bilateral. Expertos de diversas áreas han criticado a Beijing recientemente por el instrumentar una estrategia a largo plazo, de forzar a los países a renunciar a sus derechos legales en esa zona marítima. Esto contraviene su estrategia pública de acercarse a sus vecinos y fomentar la estabilidad regional. Indudablemente, la conduta se ha vuelto más provocativa. En menos de 10 años ya se han desarrollado tres incidentes, especialmente entre China y Vietnam: el primero en 2011, el segundo en 2014 y ahora en julio-agosto de 2019, ello sin mencionar en otros momentos sucesos de menor envergadura.

La presidencia de Vietnam en ASEAN así como su participación como miembro no permanente en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas, ambas en 2020, serán oportunidades para discutir con mayor fuerza las cuestiones del conflicto de las zonas en disputa. Pero también habrá desafíos, en particular en ASEAN, porque será difícil llegar a consensos particularmente por posiciones como la de Camboya. Asimismo, en el Consejo de Seguridad habrá que considerar a China, miembro permanente con derecho a veto.

Interesante han sido las posiciones recientes de un grupo de Estados, particularmente de Estados Unidos, Francia, Alemania, Reino Unido y la India. Sin lugar a dudas estas naciones tienen intereses concretos para aprovechar la situación y han criticado a China; por su parte, la mayoría de las naciones subdesarrolladas están sumidas en dinámicas con prioridades específicas, o bien evitan una confrontación directa con Beijing teniendo en cuenta que son vitales sus relaciones con China, aunque también lo sean con otros actores involucrados.

El secretario de Estado estadunidense, Mike Pompeo, manifestó su profunda preocupación por la intervención de China en la exploración y explotación de petróleo y gas de Vietnam, luego de que el grupo de barcos de estudio geológico chinos regresaran a la zona económica exclusiva del país indochino.

En una declaración dada a conocer el 22 de agosto, el Departamento de Estado subrayó que las acciones de China ponen en cuestión los compromisos de Beijing sobre una resolución pacífica de las disputas en ese mar. Criticó que el regreso del Haiyang Dizhi 8 y sus navíos de escolta a las aguas de Vietnam el pasado 13 de agosto representa una escalada en las acciones intimidatorias de China, a fin de impedir que otros Estados exploten los recursos en el Mar de la China Meridional, conocido también como Mar del Este.

El Departamento de Defensa estadunidense también emitió un comunicado el 26 de agosto apoyando a Vietnam y criticando las actividades chinas en la ZEE de Hanói, calificándolas de “interferencia coercitiva”. La declaración siguió a la intensificación de las actividades de Haiyang Dizhi 8 cerca de la costa vietnamita.

Por otro lado, el sitio de la cancillería federal de Alemania publicó una declaración conjunta del 29 de agosto en la que planteó que como Estados partes de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CNUDM), Francia, Alemania y el Reino Unido subrayan su interés en la aplicación universal de la Convención, que establece el marco jurídico integral dentro del cual todas las actividades en los océanos y los mares incluidos en el Mar Meridional de China deben llevarse a cabo y que proporcionan la base para la cooperación nacional, regional y global en el dominio marítimo.

Las partes se pronunciaron en recordar el laudo de arbitraje emitido en virtud de la CNUDM el 12 de junio de 2016 por la Corte Permanente de Arbitraje, en el que se pronunció a favor de Filipinas y en contra de China. Además, Francia, Alemania y el Reino Unido acogen con beneplácito las negociaciones en curso entre los Estados miembros de ASEAN y China con el fin de alcanzar la firma de un Coc efectivo, cooperativo y basado en normas coherentes con la CNUDM en el Mar de la China Meridional, y alientan hacia su pronta firma.

India, por su parte, emitió declaraciones en el sitio de su cancillería manifestando su apoyo a las declaraciones estadunidenses en relación a la libertad de navegación. Destacó que las diferencias deben resolverse mediante las negociaciones pacíficas y no acciones de fuerza, teniendo en cuenta las leyes internacionales.

En medio de esta situación, agencias de noticias internacionales como Reuters, AFP y AP han difundido el sentimiento antichino en Vietnam. La agencia Reuters reseñó el 6 de agosto que la policía vietnamita rompió una breve protesta frente a la embajada china en Hanói contra las actividades de prospección geológica de Beijing sobre un sector marítimo dentro de la ZEE de Vietnam, citando a un participante de la manifestación. Este grupo hizo alusión a la existencia de un grupo “No-U”, que toma su nombre de la “línea de nueve trazos” en forma de U que marca las reclamaciones de China en una vasta extensión en el Mar del Sur de China, incluidas grandes franjas de plataforma continental de Vietnam, donde ya se ha otorgado concesiones petroleras.

Algo interesante es que, en medio de esta situación, Filipinas, que había mantenido una posición enérgica contra Beijing, ya comenzó a negociar. El presidente chino Xi Jinping dijo que ambas naciones podrían dar un “paso más grande” en el desarrollo conjunto de los recursos de petróleo y gas en el Mar de la China Meridional si llegan a manejar adecuadamente su disputa sobre la soberanía. Xi realizó este comentario el 29 de agosto durante una reunión en la capital china con el presidente Rodrigo Duterte, cuya política exterior ahora se reconoce en gran parte como pro China, renuente a desafiar la asertividad marítima china, pero que ha generado críticas internas dentro de Filipinas.

La visita se produce en medio de un aumento reciente de la tensión en varios frentes, con embarcaciones chinas que desafían los activos energéticos y los límites marítimos de Malaysia, Vietnam y Filipinas. En una conferencia de prensa televisada en Beijing, el portavoz del presidente Duterte, Salvador Panelo, dijo que el presidente se mantuvo firme al plantear las preocupaciones de Filipinas sobre la conducta marítima de China, incluido el paso secreto de sus buques de guerra en numerosas ocasiones dentro del mar territorial de Manila de 12 millas. El líder filipino también transmitió a Xi su deseo de que China cumpla con un fallo de arbitraje de 2016 que invalida su reclamo de soberanía sobre la mayor parte del Mar del Sur de China y dejó en claro los derechos económicos de Manila. El mandatario filipino planteó eso de una manera “amigable, asertiva e inequívoca”, y agregó que Xi no se ofendió, aunque reiteró que China no reconoció el fallo arbitral y no cedería en eso.

Se teme que la falta de voluntad de Duterte hasta ahora para presionar sobre el tema, o generar apoyo internacional para hacer cumplir el fallo, ha permitido a China consolidar su poder marítimo y expandir aún más sus activos militares en sus islas artificiales.

Sin embargo, un informe sobre la reunión de la agencia estatal de noticias Xinhua publicado el 30 de agosto no mencionó el fallo. Dijo que Xi instó a las dos partes a “dejar de lado las disputas, eliminar la interferencia externa y concentrarse en llevar a cabo la cooperación, hacer esfuerzos pragmáticos y buscar el desarrollo”.

Según citó la agencia de noticias estatal, “mientras las dos partes manejen adecuadamente el problema del Mar del Sur de China, la atmósfera de las relaciones bilaterales será sólida, la base de la relación será estable y la paz y la estabilidad regional tendrán una garantía importante, dijo Xi”.

Esto podría ser extremadamente complejo y delicado, ya que ambos países reclaman jurisdicción sobre el Banco Reed, un importante sitio de reservas de petróleo y gas para Filipinas, y que acorde al laudo arbitral de 2016 Manila tiene derechos soberanos para explotarlos. Sobre esto, se sabe que Filipinas ha propuesto un acuerdo para compartir a su favor 60/40 las ganancias con China. Asimismo, el portavoz Panelo también señaló que el presidente chino hizo una solicitud implícita a su homólogo filipino para “eliminar” las operaciones de apuestas centradas en China, una lucrativa industria que emplea a decenas de miles de trabajadores y apunta a usuarios en línea en China continental, donde está prohibido apostar.

Hay que reconocer que estas acciones de Filipinas frente a China, independientemente de resaltar la existencia de diferencias, sí conducen a un acercamiento bilateral que puede llevar a la exploración conjunta de recursos energéticos. De lograrse este escenario, sin embargo, Vietnam sería el único actor de mayor preocupación para China, y aumentarían las posibilidades de que Manila llegue a tomar acciones en defensa de su espacio marítimo. El rejuego geopolítico chino deja de hecho a Vietnam con un nivel alto de aislamiento, por lo que Estados Unidos continuará aprovechando tal situación para colaborar con Vietnam en su propia proyección contra China, tal y como es manifiesto en diversos documentos doctrinales, especialmente de la Presidencia y del Departamento de Defensa (la Estrategia de Seguridad Nacional y la Estrategia de Defensa Nacional, respectivamente).

Vietnam debe valorar el rango de acciones que ha de realizar, especialmente el de alcanzar un entendimiento bilateral. China no cederá, al contrario, cada vez más dará pasos hacia su reivindicación. Su creciente poderío está siendo utilizado, incluyendo la capacidad de negociar a su favor con contrincantes directos del conflicto, especialmente los más débiles. Ya lo hizo con Brunéi, lo está haciendo con Filipinas, por lo que quedan Malasia, Vietnam y Taiwán. Y aunque pareciera que Taipéi es un contrincante más fácil porque no es reconocido como Estado, hay que recordar que detrás está Estados Unidos. Así, quedaría Malasia, aunque por el momento no sería conveniente para Beijing forzar a Kuala Lumpur debido principalmente a las recientes declaraciones del primer ministro Mohammad Mahathir contra la presencia de naves chinas en el área.

Vietnam debe aprovechar la presidencia de la ASEAN en 2020, aunque debe estar consciente de que al interior de este grupo enfrentará fuertes obstáculos, especialmente de Camboya, Brunéi, Laos y Myanmar. China, en su política con Vietnam, realiza una estrategia de doble carril: por un lado se acerca más en el plano político –partidista y económico–, mientras que por el otro continuará realizando acciones unilaterales, e intentará separar lo primero de lo segundo. En realidad, el acercamiento con China conduce peligrosamente a una mayor interdependencia con Vietnam, con el potencial de contribuir a la creación de una red invisible que luego será difícil escapar para Hanói.

Ulises Granados*

*Doctor en historia por la Universidad de Tokio. Coordinador del Programa de Estudios Asia Pacífico del ITAM

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