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El gobierno de Andrés Manuel López Obrador está lleno de símbolos. El Presidente adora la semiótica. Todos los días, a cada momento, envía mensajes y señales sobre el diseño institucional en el que trabajó durante décadas para su plan de gobierno. Adolece, sin embargo, de la necesaria instrumentación de políticas públicas. Sabe, sin embargo, que no tiene mucho tiempo. Por ello, el episodio del medicamento para integrar quimioterapias dedicadas al tratamiento del cáncer debería analizarse más allá de una simple riña para bajar el costo de la compra gubernamental.

Las compras del Metotrexate inyectable a Francia a la trasnacional Maylan, uno de los grandes jugadores en este mercado, representa simplemente un desafío del gobierno lopezobradorista a los laboratorios que, gracias al esquema de compras consolidadas durante los gobiernos priístas y panistas, se convirtieron prácticamente en monopolios. La Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece), a cargo de Alejandra Palacios, tendría que investigar si la creación de jugadores monopólicos se presentó ante las condiciones masivas de compra y distribución que exigieron las adquisiciones consolidadas así como el eventual reparto de otros mercados entre otros laboratorios farmacéuticos. Todo un caso.

El problema con la Cofece es que el organismo antimonopolios debe cumplir con procesos de investigación muy complejos; debe blindar sus indagatorias porque se enfrenta a gigantes corporativos que vigilarán hasta el último detalle que atente contra sus estructuras. Detrás de este capítulo, en el que se involucraron a niños que padecen cáncer, a sus padres, sus familias y, por supuesto, a los médicos que los atienden, se encuentra una red de intereses legítimos pero también ilegítimos vinculados con cumplimientos de normas.

Más allá de un tema administrativo, el incumplimiento de procesos y normas por parte de los laboratorios que ha dado a conocer la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) se encuentra la salud de pacientes mexicanos que recibirán los medicamentos que fabrican esas empresas. Es público que para abastecer los medicamentos para estabilizar las quimioterapias para los pacientes con cáncer, varios laboratorios solicitaron que la Cofepris que levantara las suspensiones a sus líneas de producción sin que se realizaran las inversiones necesarias para garantizar la operación sanitaria adecuada. Por ello, usando el suministro de un medicamento extremadamente sensible para la población, los laboratorios que vendieron durante los últimos años Metotrexate quisieron poner de rodillas al régimen lopezobradorista.

¿Crisis inducida?

La crisis de abasto, sin embargo, no tenía fondo porque al 31 de diciembre de 2019 se tienen vigentes contratos para que los laboratorios suministren el producto. La presión se hizo presente cuando frente a la nueva licitación consolidada de medicamentos para 2020, los laboratorios mexicanos –que, por cierto, sólo importan el medicamento– enfrentarían problemas en sus líneas de producción para participar en la compra consolidada y volver a controlar un mercado en el que durante décadas tuvieron exclusividad en el suministro.

El negocio fue tan bueno que ante la desaparición de compañías que distribuían medicamentos, como Casa Saba, los laboratorios empezaron sus propias compañías logísticas con unidades propias y subcontratando a pequeños transportistas. Tenían, en resumen, muy buenos márgenes.

Otra línea de investigación para la Cofece es la decisión de los grandes jugadores internacionales de dejar mercados completos a los laboratorios mexicanos. Me explicaron quienes conocen del tema que la política pública de impulsar la venta nacional de medicamentos genéricos impuso candados que condicionaban la venta de fármacos a compañías con plantas e inversiones en México. Ahora, sin embargo, la adjudicación fue directa y no se exigió que Mylan tuviera manufactura en el país. La decisión se sustenta en el apartado de seguridad nacional y los laboratorios que controlaron en el pasado las compras consolidadas de medicamentos tendrán que trabajar con las nuevas reglas del juego.

Claudia Villegas

[IQ FINANCIERO] [COLUMNA] [SEMANA]