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En el contexto de los acontecimientos recientes en la llamada Frontera Sur de México (particularmente en el Soconusco de Chiapas, pero también en otros espacios de Tabasco, Campeche, Quintana Roo), donde amplios contingentes poblacionales provenientes de diversas latitudes se hacen presentes, presentamos algunos elementos sobre las formas en que “La Frontera” tradicional se resignifica y transforma en múltiples “Fronteras-Otras”. En este artículo compartimos reflexiones y escenarios de estos procesos contemporáneos de re-fronterización del Sur de México con Centroamérica.

El hecho fronterizo

A menudo pensamos una frontera desde la idea de límite físico entre países, lindero de la soberanía de las naciones. Esta separación puede materializarse en muros, vallas, alambres o cercos: son fronteras duras. Pero también existen fronteras apenas insinuadas por mojoneras, anuncios y pintas, caminos o cauces de ríos: fronteras blandas que se diluyen en el territorio y en sus espacios naturales. Incluso existen fronteras simbólicas, que se expresan en construcciones e imaginarios sociales que refuerzan, reconstruyen (y a veces, se enfrentan) con esa Otredad que está “al otro lado”. Con el apogeo de los discursos de la globalización se dijo que, al integrarse el mundo, las fronteras tenderían a desaparecer en aras de un mundo mucho más unificado; sin embargo, constatamos que esa ilusión de la modernidad fue trazada para mercancías y flujos financieros, para los turistas y los estudiantes internacionales, para empresas y corporaciones. Paradójicamente las fronteras “duras” se han reforzado y se han vuelto mucho más violentas para aquellas personas que han sido desplazadas y obligadas a migrar por el mundo en busca de mejores condiciones de vida.

Así, la Frontera Sur del país como “hecho fronterizo” tiene la cualidad de transformarse en una multiplicidad de fronteras en las que se superponen, conviven, y entran en conflicto  territorios, poblaciones, mercancías, formas, límites, alcances, funciones, y dispositivos para su gestión y control. Aquí presentamos dos postales para validar esta argumentación.

Frontera tropical bajo la sombra del Tacaná

La región del Soconusco en Chiapas y su perla dorada en el margen de la selva Tropical (Tapachula) tiene una memoria cargada hacia el esfuerzo de su gente por sobrellevar sus altas temperaturas y por las miles de historias y experiencias de personas de distintos orígenes regionales y nacionales que se conjuntan ahí. Su memoria, por tanto, es la del movimiento y la migración: la de los alemanes que imprimieron con sus fincas una identidad regional vinculada al café; la de los chinos que han convertido su comida en el alimento típico de la ciudad; la de los japoneses que en un horizonte utópico a fines del siglo XIX decidieron construir lo que para ellos significaba “un nuevo Japón”; la de los diversos pueblos mayas que históricamente han franqueado la frontera nacional pugnando por su territorio ancestral; la de los contingentes centroamericanos que por vecindad, sentido histórico, hospitalidad o refugio han encontrado en esta región descanso, acomodo o pausa antes de decidir continuar su camino a un “norte” lejano; la de los caribeños y africanos que más allá de la lejanía y las vicisitudes aportan otro ímpetu a los ritmos de la ciudad.

También está el amplio grupo de poblaciones mestizas que por estudio, trabajo o residencia viven y transitan entre las paredes húmedas y enmohecidas de la ciudad.

Para todos los casos, y para todos sus tiempos la frontera administrativa ha tenido particular significado como marco del contorno nacional, pero otras fronteras han sido edificadas, rehusadas o reducidas: las fronteras raciales, las de las identidades regionales, las fenotípicas, las de género o las de sentido histórico. Estas que no son significadas por mojoneras sino por mecanismos donde operan fundamentos ideológicos basados en construcciones del “otro” asociados a categorías discriminantes tales como de suciedad, violencia, enfermedad o diversos aspectos contaminantes. Así, toda frontera –dura o blanda– tiene algún tipo de impacto en la vida de las personas y del entorno donde se les ubique. Pero quizá, la frontera más sublime como símbolo del desquicio sea aquella que se “imagina” en medio del volcán Tacaná, pues la mitad pertenece a México y la mitad a Guatemala, como si una mojonera puesta en medio del cráter pudiera orientar el magma poderoso que sigue calentando ese mundo tropical en permanente movimiento.

Nuevas fronteras campechanas

El estado de Campeche tiene una posición marginal en cuanto al tránsito de migraciones, y por ende no resulta tan estratégico en la reconfiguración que se percibe en Tapachula/Chiapas, pese a que es, junto a ese estado, el que tiene una frontera más extensa con Guatemala. Destaca por su amplia cubierta vegetal y boscosa, con más de un 40 por ciento de su territorio catalogado como superficie protegida, lo que explica la relevancia de los procesos de colonización del territorio, y el incentivo histórico a su ocupación por parte de poblaciones originarias de otros estados del país, así como por poblaciones refugiadas de origen guatemalteco en los años más oscuros y violentos del “otro lado”. A día de hoy, sigue siendo un estado con escasa densidad poblacional y amplia disponibilidad de recursos y riquezas naturales. Y por ende un territorio en conflicto permanente.

Bajo ese prisma es fácil detectar tensiones y conflictos “fronterizos”: en particular, la llamada “frontera agroindustrial”, definida por la expansión de un modelo de explotación latifundista mecanizado, con cultivos transgénicos y uso intensivo de agroquímicos y herbicidas altamente tóxicos prohibidos en un número creciente de países. La expansión de esta frontera interior está vinculada a una población foránea de la que no se habla mucho, y se conoce menos: las personas menonitas, algunas desplazadas desde Chihuahua y la “frontera norte” del país, otras procedentes de Estados Unidos, Alemania, Belice. Sólo mencionaremos que la expansión de esta “frontera menonita”, y el impacto que sobre la biodiversidad circundante producen las fumigaciones, provoca el desplazamiento de comunidades residentes, e impactos simbólicos especialmente trágicos en las de origen maya. El contacto y conflicto que estas reconfiguraciones territoriales provocan en términos de redistribución poblacional, son un aviso y un anticipo de los posibles impactos de otros proyectos (Tren Maya, Sembrando Vida) que se plantean para esta región.

Salida: fronteras emergentes

Estas son sólo algunos contextos que nos ocupan académicamente como investigadores del programa Cátedras Conacyt (Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología) en El Colegio de la Frontera Sur, en Tapachula y en Campeche, y tienen sus formas y particularidades en otros territorios del sur-sureste. Nos encontramos, pues, en espacios privilegiados (territorial e institucionalmente) para vivir, sentir, pensar y reflexionar sobre los procesos que caracterizan y caracterizarán a esta región. Nuestro proyecto de investigación inicia justamente en una temporalidad crítica para la región, en la que afloran con virulencia los impactos cruzados e interrelacionados entre territorios, fronteras e (in) movilidades. No por primera, ni por última vez.

El objetivo de este proyecto es indagar y profundizar sobre los múltiples procesos que permean la frontera tradicional y resultan en la configuración de nuevas fronteras y límites, así como a enriquecer el conocimiento sobre las mismas a través de nuevas interpretaciones. Es en ese sentido que elaboramos una propuesta de análisis transfronterizo que aborda esos distintos sentidos y alcances, el tradicional y los emergentes, combinando la observación y la experimentación, mirando desde la academia pero sin perder de vista el conocimiento que se genera y multiplica en las prácticas de otros actores sociales.

Abbdel Camargo Martínez* y Sergio Prieto Díaz*

*Doctor en antropología; catedrático Conacyt en El Colegio de la Frontera Sur-Unidad Tapachula

**Doctor en ciencias sociales y políticas; catedrático Conacyt en El Colegio de la Frontera Sur-Unidad Campeche; migrante y migratólogo

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