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La gestión del rector Enrique Graue ha firmado 16 contratos, convenios y acuerdos con el Club Universidad Nacional, AC. Aunque la UNAM asegura que no gasta un peso en la asociación civil que maneja los Pumas, uno de esos convenios revela el desembolso del erario por 60 millones de pesos para compra de boletos. La máxima casa de estudios también ha cedido espacios, marcas y licencias de construcción.

De 2015 a la fecha se han firmado, por lo menos, 10 convenios, cuatro contratos, un addendum y un acuerdo de “cooperación” entre la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Club Universidad Nacional, AC, que maneja el equipo de futbol de primera división Pumas.

Los documentos –obtenidos por Contralínea mediante la Ley General de Transparencia– evidencian beneficios para el equipo, considerado como un ente de carácter privado, pero no siempre es posible identificar el provecho para la máxima casa de estudios y su comunidad universitaria.

El doctor en derecho social Alfonso Bouzas opina que el Club “no da nada y recibe todo de la Universidad”. Respecto del rol que juega este equipo de futbol en la identidad universitaria, explica que se está ante un engaño y las autoridades universitarias lo saben.

“Socialmente se tiene la idea de que los ‘Pumas’ son la UNAM pero se desconoce que se trata de un Club que lo administra y recibe las ganancias. Cuenta con un comodato que le otorga la UNAM sin justificación alguna. Es decir, del presupuesto, de los bienes y servicios de la UNAM, se le pasa al Club sin justificación ni razón que no sea favorecer los intereses del Club”, comenta en entrevista.

El también académico del Instituto de Investigaciones Económicas explica que tiene 40 años en esa casa de estudios y que la canalización de recursos de manera directa o indirecta en favor del Club fue “evidente” a partir de la gestión del exrector José Narro.

De acuerdo con su página oficial, fue durante la gestión del rector Nabor Carrillo Flores cuando se afilió “a un equipo representativo de la UNAM en el futbol profesional, pero no en la primera división, sino en el circuito de ascenso. El 4 de septiembre de 1954, la Federación Mexicana de Futbol anunció oficialmente el ingreso del equipo de la Universidad”. Para el 12 de septiembre de ese año, el equipo debutó en Monterrey.

Consultado sobre el tema, el analista deportivo Víctor Villanueva Hernández explica que “Pumas” nació siendo un equipo estudiantil y pertenecía a la UNAM hasta que “la Universidad entendió que su labor no es tener equipos de futbol sino formar profesionales y fomentar la investigación”.

El también académico del Instituto de Estudios Superiores José Ramón Fernández añade que, “de pronto, llegó un Patronato que se hizo cargo del equipo y que lo ha explotado sin medida: ha explotado el logo de la Universidad, el nombre y el Estadio Olímpico Universitario, incluso negándole a veces el acceso a los de futbol americano, a Pumas CU, que tendría que ser el verdadero dueño de ese estadio. En fin, han hecho un gran negocio con el equipo”.

UNAM gasta 60 millones de pesos en boletos

El negocio de los Pumas no se limita a explotar la marca UNAM y el Estadio, también incluye negocios económicos, como la millonaria compra de boletos.

Por ejemplo, el 30 de agosto de 2016, en el quinto piso de la Torre de Rectoría, la UNAM firmó un contrato millonario de compra venta con el Club. Se trataba de 232 mil 920 boletos, por un valor de 60 millones 460 mil pesos, para partidos que se jugarían en el Estadio Olímpico Universitario, un espacio que, de acuerdo con la Dirección General de Obras y Conservación, le ha costado mantener a la Universidad un total de 19 millones 301 mil 101 pesos desde 2015 (solicitud de acceso a la información F102519).

La adquisición de estos boletos, realizada mediante adjudicación directa, no especifica a quién serían entregados, pero sí precisa que serían para juegos en los que participó el equipo de fútbol Pumas de primera división a partir del mes de septiembre de 2016 y hasta el 31 de diciembre de 2017 y dos juegos correspondientes al torneo de copa.

Es posible que se trate de una compra simulada como forma de transferir fondos frescos al club privado y que nunca entrará una persona a un partido con base en esos boletos comprados”, advierte Bouzas. “Lo que sé es que cuando juega ‘Pumas’ asiste el rector y buen número de burócratas al palco de la Rectoría, al que no se asiste con boleto sino como invitado y por una entrada especial”.

En el boletín de prensa UNAM-DGCS-610bis, del pasado 31 de agosto, la máxima casa de estudios asegura que el Club de Futbol no le cuesta dinero: “precisamente hace más de 40 años se decidió constituir bajo el régimen de una asociación civil la administración independiente del equipo con el único fin de evitar que la economía del futbol pudiera afectar las finanzas de nuestra casa de estudios. Por eso aseguramos que la Universidad no desvía recurso alguno al equipo de futbol.

Sin embargo, en el mismo comunicado admite que “la Universidad adquiere un porcentaje del boletaje únicamente en los partidos que juega Pumas como local, a fin de cumplir con lo que se establece en los contratos colectivos de trabajo que la institución mantiene de manera pública y transparente con sus sindicatos de académicos y de trabajadores administrativos […]”.

En el caso de la compra de boletos por 60 millones de pesos, el documento con registro 45853-2123-31-VIII-16 fue firmado por la exdirectora general de Proveeduría, Guadalupe León Villanueva, pero en esta instancia desconocen el uso de los boletos. Jaime Morales, actual director de Normatividad y Desarrollo Tecnológico, explica que Proveeduría actúa por petición de otras dependencias de la UNAM.

Retenciones en nómina a favor del Club de futbol

En otros convenios que ha firmado la UNAM con el equipo de futbol sí se establece quiénes serán los “beneficiados”. Es el caso de los Convenios de Colaboración 53461-2521-15-VIII-18 y 53460-2520-15-VIII-18 para trabajadores y asociados respectivamente. Pero no se trata de boletos gratis, sino de una modalidad de retenciones en nómina en provecho del Club. Es decir: la UNAM opera como cobrador, garantizando el pago oportuno y obteniendo apenas el 3 por ciento por sus servicios logísticos.

“‘LA UNAM’ conviene con ‘EL CLUB’ en retener oportunamente en la nómina de sus trabajadores el importe del Abono mediante cuotas quincenales, para tal efecto en la solicitud (consentimiento) se establecerá la autorización del trabajador para que ‘LA UNAM’ opere la retención, y se conviene en que ‘LA UNAM’ sólo operará como retenedora de cuotas, y no tiene ninguna responsabilidad sobre condiciones, promoción o venta”, señala la quinta cláusula del Convenio 53461-2521-15-VIII-18.

“‘EL CLUB’ conviene en cubrir a ‘LA UNAM’ los costos por el servicio de retención en nómina equivalente al 3.0 por ciento del monto de cada retención quincenal más IVA”, especifica la sexta cláusula.

Lejos quedaron aquellos días en que el estadio le pertenecía a los universitarios en un sentido más real. “Me tocó ser estudiante de Prepa 8 y de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales y entraba gratis al estadio enseñando mi credencial, porque era parte de nosotros, de nuestra comunidad. Jugara quien jugara, fuera jornada uno o fuera final, entrabas gratis. Pero después se vino a descomponer eso”, indica el analista deportivo Villanueva Hernández.

“Canteras”, espacios universitarios entregados

Además de La Cantera –cedida al Club en 1997 de forma gratuita y por 30 años–, la UNAM ha entregado otros dos espacios desde 2015: la Cantera Norte en la Facultad de Estudios Superiores Iztacala (FESI) y la “Cantera 2”, ubicada en Ciudad Universitaria.

En mayo de 2015, la directora de la FESI en persona, Patricia Dolores Dávila Aranda, firmó con el coordinador General del Club Universidad Nacional, AC, Francisco Javier Bracamontes, un Acuerdo de Cooperación de vigencia indefinida para la Apertura de una Estructura de Fuerzas Básicas Varonil en el espacio universitario.

El objetivo: “La utilización de las instalaciones con que cuenta ‘LA FESI’, a efecto de favorecer la captación de talento futbolístico que permita a los jóvenes prospectos de las comunidades cercanas, ser observados y preparados mediante un Programa de Entrenamientos, para considerarlos como parte de las Fuerzas Básicas del Club”.

Además, la FESI se obligó a “otorgar a los jóvenes inscritos en el Programa, la atención médica y psicológica que requieran en coordinación con el Área Médica de ‘EL CLUB’”. Sin embargo, en respuesta a la solicitud de información F6440000102319 hecha por Contralínea, la UNAM negó tener algún empleado contratado para la Cantera Norte. “Todos son contratados por el Club Universidad Nacional, AC”, informa la Unidad de Transparencia de la UNAM.

Otro espacio entregado, con permiso de construcción incluido, es la “Cantera 2”. En abril de 2017, la UNAM firmó un convenio “para que ‘EL CLUB’ edifique y use durante la vigencia del presente instrumento (10 años), instalaciones deportivas en una superficie de terreno de 31 mil 590.27 metros cuadrados ubicada al poniente de las instalaciones del deportivo ‘C.P. Alfredo Harp Helú’, localizado en Avenida del Imán esquina Delfín Madrigal, sin número, Colonia Ciudad Universitaria”, señala el documento registrado con el número 48268-1084-27-IV-17 y firmado en el noveno piso de la Torre de Rectoría.

El rector Enrique Graue acudió a la inauguración del complejo en agosto de 2018. Ahí pudo ver las tres canchas, un estacionamiento para 65 vehículos, 11 vestidores, un gimnasio y gradas. El Club presume en su página oficial que incluso cuenta con un miniestadio capaz de albergar a 1 mil 100 espectadores. ¿A cambio de qué? El Club acordó realizar, sin fecha de culminación establecida, trabajos de nivelación, dos canchas de Rugby y seis canchas de baloncesto-voleibol para la UNAM.

El mismo presidente del Club, Alonso Rodrigo Ares de Parga, fue el encargado de firmar aquel convenio. Mientras que, de parte de la UNAM, fueron cuatro administrativos: Alejandro Varela, Director General de Deporte Universitario, Pablo Tamayo, Director General del Patrimonio Universitario, Guadalupe Mateos, Tesorera de la UNAM y César Astudillo, Secretario de Atención a la Comunidad Universitaria.

—¿Cómo podría revertir la UNAM este tipo de dádivas para que le resulten provechosas? –se le pregunta al investigador Alfonso Bouzas.

No se trata de revertir dádivas sino de hacer contratos honorables o principalmente regresar el espacio deportivo a la Universidad […] en vez de otorgar tantas concesiones, en vez de apoyar sin ninguna prestación correspondiente, en vez de donar el uso de los espacios universitarios a los proyectos empresariales”.

Respecto de que si el Club aporta algo al deporte universitario, el analista Víctor Villanueva considera que “En un sentido estrictamente lúdico fomenta que la comunidad estudiantil practique deporte. Pero lo promueven los demás deportes también”.

El aporte que sí se ha documentado, pero de la UNAM para con el Club Universidad Nacional, AC, son cinco transferencias bancarias en 2019 por un total de 37 millones de pesos. Los recibos entregados mediante la Unidad de Transparencia de la UNAM a Contralínea están fechados hasta el 13 de marzo de 2019 y el monto más grande corresponde al 31 de enero, por 33 millones 419 mil 800 pesos.

En juego, la imagen de la UNAM

Los Pumas ganan siempre. Por ejemplo, en el último convenio de licencia de uso de marcas, vigente hasta el 16 de octubre de 2019, se les entrega la exclusividad “para utilizar, explotar y sublicenciar (…) la cara estilizada del PUMA y la palabra PUMAS”. Por ello el Club paga apenas 7 millones de pesos, que equivalen a poco más del 10 por ciento del costo de boletos que le compra la UNAM.

Además, resulta que uno de los compradores de uniformes con estos logos estampados es la misma UNAM. En agosto de 2017, el director General del Deporte Universitario, Alejandro Varela, solicitó mediante el oficio DGDU/CGD/1099/2017 a la Dirección General del Patrimonio Universitario, apoyo para requerir al Club Universidad Nacional, AC. el suministro de 6 mil 30 prendas con un valor comercial de 1 millón 189 mil 500 pesos. En 2018 la UNAM aún debía pagar estos uniformes para sus alumnos deportistas.

Víctor Villanueva, también exalumno de la UNAM, repara en que los logos de la universidad, usados por el equipo de fútbol, se difunden por todo el mundo. Esta asociación no necesariamente es beneficiosa y la carga de responsabilidad, en este sentido, no está incluida en las cláusulas del convenio.

“¿Con qué se relaciona hoy? Con violencia, con vandalismo, con asaltos, con droga, con alcohol. Eso es lo que se relaciona hoy con ‘Pumas’. La última vez que yo fui a ver un partido de fútbol Pumas-América tuve que resguardar a mi hijo porque volaban piedras por todos lados”, cuenta Villanueva.

“El equipo de fútbol no me representa a mí. Nuestra Universidad es representada por sus investigadores, por sus profesores, por sus egresados, por sus libros. Por todo lo que hace para que este país salga adelante. Pero por un equipo de fútbol no, definitivamente no”.

“¿Qué jugador, incluso por razones ideológicas se ha desgarrado las vestiduras a partir de declararse universitario, interesado en la UNAM o dispuesto a trabajar por la UNAM? Son ajenos al proyecto universitario con independencia de sus errores o aciertos”, concluye el doctor Alfonso Bouzas.

Contralínea solicitó entrevista con el presidente del Club, Ares de Parga, para “abordar su punto de vista respecto de lo que parece una relación que sólo favorece al Club y no a la UNAM, derivada de contratos ventajosos como el de concesiones de espacios y la venta masiva de boletos”. El gerente de Medios, Oswaldo Tejeda, contestó: “Por el momento el Presidente del Club Universidad no está dando entrevistas. Por lo que le informamos que no podrá ser gestionada”.

Marcial Yangali

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