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I. La Revolución Mexicana de 1910 sigue dando de qué hablar. Escribirla y discutirla da para varias interpretaciones. Es una veta para mineros de la investigación, ante todo y sobre todo histórica. Una mina a cielo abierto. Una Revolución inconclusa, interrumpida y, como dicen los autores de esta no tan Breve Historia de la Revolución Mexicana, Felipe Ávila y Pedro Salmerón, un parteaguas. Un antes y un después. Antes de Madero y después de Porfirio Díaz. Un haz de revoluciones: la maderista, la zapatista, la villista, la constitucionalista; así como también variantes regionales. Y falta tomar en cuenta la del pueblo: una revolución popular campesina. Populista a diestra y siniestra, por el choque de intereses; y los fines políticos, económicos, sociales y culturales que persiguió, en un marco de múltiples violencias del norte al centro y sur de la geopolítica nacionalista contra la dictadura porfirista. Por sus nada breves 360 páginas despliega un abanico de seis capítulos: “La crisis del porfiriato”; “La revolución democrática”; “La Revolución política”; “La revolución popular”; “La guerra civil”; “Las bases del nuevo Estado”; “Contando además con un epílogo”.

II. Y me parece que es el nacimiento de los nuevos gobiernos, centrados en, hasta ahora, 67 presidentes a imagen y semejanza del que se fue huyendo a bordo de El Ipiranga; entre ellos un golpista y otro asesinado. Fueron, pues, varias revoluciones en una, que los autores de esta historia delimitan entre 1910 y 1920. Una revolución campesina escoltada por una revolución minera (Cananea) y otra obrera (Río Blanco). Ávila y Salmerón nos las cuentan por escrito y nos van narrando, cuestionando, cómo el porfiriato y el porfirismo se desmoronaron en cuanto la insurrección popular-populista resolvió la crisis con la decisión de cuestionar violentamente lo que representaba, ya sin el liberalismo político, el liberalismo económico de 35 años del Estado y el gobierno judicial, legislativo y administrativo-ejecutivo de nuestro Luis XVI: “El estado soy yo”. No le cortaron la cabeza a Díaz. Lo dejaron huir. Y la Revolución maderista, carrancista, obregonista, villista, zapatista, yaqui, etcétera, se volvió contrarrevolución victoriano-huertista. Empero, hubo conquistas campesinas, obreras, de clase media, de la burguesía, institucionales con Calles, Cárdenas. Esta historia de Ávila-Salmerón nos pone al tanto con su interpretación de esos hechos y la Constitución de 1917 que reformó a la de 1857.

III. Este libro es un excelente repaso, con reflexiones muy suyas, de ese capítulo de nuestra historia política-revolucionaria. Páginas por donde se rastrean los acontecimientos nacionales en los que participaron los mexicanos hartos de un autoritarismo dictatorial, la casi esclavitud de los campesinos, el inicio del capitalismo desfavorable; totalmente para mineros, obreros y el resto de clases sociales donde los tecnócratas de entonces, “los científicos” del porfirismo, fueron el partido-corte del Díaz, por fuera liberal-juarista, por dentro dueño de vidas y haciendas para concentrar la riqueza en unas cuantas familias y sus allegados. La caída del porfiriato lo fue por esa Revolución en donde el pueblo siguió a los caudillos, para conquistar libertades, una Constitución, recreación del Estado con gobiernos que rescataron el autoritarismo porfirista, una democracia representativa a modo que se desconectó de la democracia directa, etcétera. Un libro que nos refresca la memoria histórica a la luz de esas varias revoluciones que constituyeron la de 1910-1920, enraizadas en las protestas disimuladas en la “paz y el orden” de casi 3 décadas.

Ficha bibliográfica:

Autores:     Felipe Ávila y Pedro Salmerón

Título:        Breve historia de la Revolución Mexicana

Editorial:    Paidós, Crítica, 2017

Álvaro Cepeda Neri

[OPINIÓN] [EX LIBRIS]