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El despliegue militar más grande de la historia del país está en marcha. El documento Situación de la Guardia Nacional –fechado el 13 de agosto– sirvió de base para una exposición ante la prensa del general de brigada y experto en inteligencia y combate al narcotráfico Luis Ramírez Bucio.

El comandante de la Guardia Nacional señaló de manera general –en la conferencia de prensa mañanera que encabezó el martes pasado el presidente, Andrés Manuel López Obrador– que hay desplegados en todo el territorio mexicano 58 mil 602 elementos bajo el mando de la nueva Fuerza. Pero una revisión detallada del documento arroja el verdadero rostro de la militarización del país: 1) son 230 mil 964 efectivos federales desplegados haciendo labores de “seguridad pública” en los 32 estados del país, y 2) están concentrados en zonas donde se llevan o llevarán a cabo los megaproyectos impulsados por la presente administración, se trata generalmente de territorios indígenas.

El desglose de los casi 231 mil efectivos, según el documento oficial, es como sigue. En efecto, hasta el momento suman 58 mil 602 los elementos adscritos a la Guardia Nacional. Pero a ellos se deben agregar 123 mil 465 elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y 13 mil 461 de la Secretaría de Marina (Semar) en despliegue permanente para labores de seguridad pública; 14 mil 852 elementos de las Fuerzas Federales de Gendarmería, y 20 mil 584 de las unidades y divisiones de la Policía Federal (en proceso de transición “voluntaria” a la propia Guardia Nacional).

Cabría señalar que los 58 mil 602 elementos bajo el mando de la Guardia Nacional provienen de la Policía Militar (35 mil 232), la Policía Naval (5 mil 584), la Policía Federal (2 mil 411 “voluntarios”) y batallones de apoyo de la Sedena a la Guardia Nacional (15 mil 375). Estos últimos son provisionales, mientras se capacitan a los nuevos integrantes. Volverán a sus unidades militares originales una vez que los jóvenes reclutados terminen su proceso de capacitación.

Pero lo que más sorprende es el número de efectivos desplegados en estados donde los índices de violencia no son los más altos del país. Resulta que dejando fuera a la Ciudad de México y al Estado de México (por ser las sedes de los poderes federales y contar con el mayor número de población), los estados donde mayor presencia de Fuerzas federales hay son: Veracruz, Chiapas, Guerrero, Jalisco y Oaxaca.

¿Cómo justifica el gobierno federal que Chiapas sea saturado con 11 mil 968 efectivos militares y policiacos y, en contraste, a Durango (4 mil 53), Sonora (6 mil 516) y Chihuahua (7 mil 279) se les asignen menos? ¿La extensión? No, porque estas últimas entidades son significativamente más grandes que aquella. ¿El número de habitantes? Tampoco, porque si bien hay más habitantes en Chiapas, la diferencia no corresponde con el incremento. ¿La incidencia delictiva? Menos. Chiapas es la entidad de la República en la que menos delitos se cometen y no hay matanzas entre cárteles ni mucho menos. Durango, Sonora y Chihuahua están bajo intensas disputas entre ejércitos privados del Cártel de Sinaloa (Gente Nueva, Los Salazares) y el de Juárez (La Línea) con incursiones del Cártel de Jalisco Nueva Generación. Matanzas con decenas de vidas segadas previas cesiones de tortura luego transmitidas por redes sociales para generar terror.

¿O será que ahí se encuentra el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN)? ¿Que ahí es el epicentro de la lucha indígena que se opone al despojo que implicarán los megaproyectos de anteriores y actual gobierno? ¿Que las comunidades zapatistas son el más numeroso y adelantado bastión del Congreso Nacional Indígena? ¿Y que ahí hay otras organizaciones de distinto signo ideológico, como el Frente Nacional de Lucha por el Socialismo (FNLS), pero igualmente en la lucha anticapitalista?

¿Y cómo se justifica que en Oaxaca se desplieguen 10 mil 445 efectivos federales y en Veracruz 13 mil 702 mientras que a Sinaloa –sede del más poderoso cártel del mundo–, con disputas entre los cárteles del Pacífico, Pacífico Sur, Jalisco y Chihuahua, vayan apenas 8 mil 709? ¿O que a Tamaulipas y Nuevo León, sedes del legendario Cártel del Golfo y de los desalmados Zetas se les asignen 8 mil 334 y 4 mil 535, respectivamente? ¿Y que a Baja California donde se encuentra la ciudad (Tijuana) que dio nombre al cártel de los Arellano Félix y uno de los principales puntos de ingreso de droga a Estados Unidos se destinen sólo 5 mil 550?

¿O acaso será que en Oaxaca y Veracruz están los territorios de los pueblos indígenas por los que se pretende atravesar el llamado Corredor Transístmico?

Con los datos del mismo documento oficial se puede observar que a la Península de Yucatán, donde se pretende construir el mentado Tren Maya, ya hay desplegados un total de 27 mil 52 efectivos. Se trata de entidades con bajos índices de incidencia delictiva (Tabasco, Chiapas, Campeche, Yucatán y Quintana Roo).

¿Y qué hay de los 10 mil 732 efectivos en Guerrero? ¿Van contra Los Ardillos, Los Rojos y otras expresiones de Los Beltrán Leyva, Familia Michoacana, Templarios y Jalisco Nueva Generación? ¿O contra las comunidades que se han organizado para expulsarlos de sus territorios?

Siguiendo las comparaciones, en Zacatecas han desplegado a 3 mil 360; San Luis Potosí, 2 mil 116; Guanajuato, 6 mil 516, y Coahuila, 5 mil 203. Se trata de estados con alta presencia de varios cárteles del narcotráfico y con amplios territorios en disputa permanente.

¿Acaso la diferencia es que en Guerrero ha crecido el CNI y de que el estado, en todas sus regiones, es un histórica y permanente cuna de rebeldías? ¿De que Lucio y Genaro no se han ido?

López Obrador ha acusado al EZLN de ser “conservador” con ropajes de izquierda “dizque muy radical”. Y de manera no tan velada ha dicho que esa organización vive de la pobreza de los indígenas. Luego, cuando ha visto que sus 30 millones de votos no le alcanzan para imponerse en las comunidades indígenas, ha optado por el silencio y la aplicación intensa de los programas de apoyos y asistencia social. Y, después, hace unas semanas, ha buscado mostrarse conciliador: “Respetamos mucho al movimiento zapatista y mi recomendación fraterna, respetuosa, es de que no nos peleemos…”; pero, por si las dudas, los vamos a cercar –parecería concluir la frase–.

Si estos números que dan cuenta del despliegue son ya sorprendentes, tenemos que recordar que se trata apenas de la primera etapa. Hoy son 150 coordinaciones territoriales de la Guardia Nacional y ni siquiera están completas aún. Esperemos ver los números cuando estén instauradas las 266 coordinaciones proyectadas con el número de tropas completas.


Zósimo Camacho

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