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La refinería Antonio Dovalí Jaime devastó el medio ambiente en Salina Cruz. Muchos habitantes perdieron sus fuentes de empleo en la pesca y la producción de sal. Por eso, dicen, no pueden desarrollarse proyectos como el Corredor Transístmico sin antes reparar el daño causado por Pemex

Salina Cuz, Oaxaca. El mar peina la arena y los restos de petróleo se asoman. El aroma del llamado oro negro es penetrante. El progreso prometido con la llegada de Petróleos Mexicanos (Pemex) a este puerto, y la instalación de la refinería Antonio Dovalí Jaime, no parece haber llegado. La generación de empleos cayó precipitadamente, consecuencia de la contaminación que deja la petrolera en este municipio.

Se acabó la pesca y se ha llegado a contaminar la sal que aquí se produce. Cuando hay derrame en alguna de las boyas –como el ocurrido en septiembre de 2017 en la boya tres de la zona de carga de la Terminal Marítima de Pemex– son los propios habitantes quienes se encargan de limpiar la playa, contratados por la exparaestatal. Acuden ante la falta de otras oportunidades, relata Mariano Martínez García, oriundo de este municipio.

Hace casi 40 años, Salina Cruz fue un atractivo de migrantes en busca de mejorar sus condiciones de vida; también de las comunidades indígenas huaves o ikoots. Llegaron de Tehuantepec, Juchitán y pueblos aledaños para salir de la miseria que predomina en el Istmo.

La población fue ocupando este espacio, en el que abundaban los cerros, para formar parte de la industria petrolera. Con la presencia de la empresa, las cooperativas pesqueras se fueron perdiendo, cayeron en la ruina, ante la falta de producto y el incremento de los intereses en los créditos que otorgaba el Banco Nacional Pesquero y Portuario, relata el hombre de 83 años de edad.

Aquí “la vida es muy bonita, pero Pemex nos tiene como fosa séptica”, dice el otrora pescador. Mientras reposa en el patio de su humilde casa, acompañado de su esposa Esther Garfias López, don Mariano habla de cómo ha ido viendo el deterioro de su lugar de nacimiento.

De lo que más lamenta de su tierra es que Salina Cruz ya no es un balneario: la gente ya no puede meterse libremente a la playa porque está contaminada. También comenzó a desaparecer la naturaleza que había aquí. “Antes todo era muy natural: el agua estaba limpia, había frutas como la pitahaya, vivíamos de los animales que criábamos y de la pesca, pero ya no. La pesca se terminó y ya ni podemos criar pollos ‘por salubridad’”.

Antes de que llegara Pemex, dice, había más de 200 cooperativas de pesca y salineras; muchos de los barcos se están haciendo chatarra en el puerto y sólo queda la cooperativa de sal, que también ha sido contaminada por derrames de petróleo.

José Luis Martínez Garfias, hijo de Mariano, sale al paso de la charla y relata que con el derrame más reciente se contaminaron cuatro tanques de sal, situación que afectó a los empleados de la salinera que ya, de por sí, viven al día con el salario que obtienen.

El trabajo en la salinera, dice José Luis, deja en promedio un salario de 2 mil 500 pesos cada 15 días, el bulto de sal es pagado en 50 pesos por persona y la tonelada, en 350 pesos. Cuando las condiciones climáticas son adversas, es difícil que los compradores adquieran el producto porque está húmedo. “El trabajo es poco y pesado”, comenta.

Esta familia es una de las que, indican, otorgaron su voto el año pasado a favor del presidente Andrés Manuel López Obrador y están a la espera de los beneficios ofrecidos. Del proyecto que promete echar a andar el mandatario en la región, el Corredor Transístmico, saben apenas lo escuchado en las noticias, ignoran a detalle de lo que tratará la obra. Están a favor, porque “es trabajo”, pero primero tienen que arreglar todos los problemas que ha dejado Pemex en el mar y para la salinera, no se puede seguir contaminando todo esto, dice Mariano.

El Programa de Gestión para Mejorar la Calidad del Aire del Estado de Oaxaca 2019-2028 indica que las principales fuentes de emisiones a la atmósfera son las industrias federales del petróleo y petroquímica. En tanto que la Evaluación de la contaminación en sedimentos del área portuaria y zona costera de Salina Cruz, Oaxaca, México, elaborada por la Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal, “los sedimentos en el medio acuático juegan un papel fundamental en el transporte y acumulación de agentes tóxicos, y de manera importante de iones metálicos, de tal manera que su efecto tóxico se modifica por las condiciones fisicoquímicas presentes”.

Rehabilitación en marcha

El puerto de Salina Cruz es, nuevamente, centro de atracción para la “modernización” de la región del Istmo, con la rehabilitación de la refinería, el gobierno federal ha indicado que se generarán nuevos empleos y desarrollo para este puerto.

El Programa para el Desarrollo del Istmo de Tehuantepec, contenido en el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024, hace énfasis en la modernización de este puerto, a la par que el de Coatzacoalcos, Veracruz, para “impulsar el crecimiento de la economía regional con pleno respeto a la historia, la cultura y las tradiciones del Istmo oaxaqueño y veracruzano”.

El plan de gobierno indica que su eje será el Corredor Multimodal Interoceánico, que “aprovechará la posición del Istmo para competir en los mercados mundiales de movilización de mercancías, a través del uso combinado de diversos medios de transporte”.

El documento publicado en el Diario Oficial de la Federación, el pasado 12 de julio, da cuenta de que “a lo largo del recorrido entre ambos océanos se crearán zonas libres para atraer inversiones del sector privado, las cuales se dotarán de infraestructura y se garantizará el abasto de energía, agua, conectividad digital y otros insumos básicos para cubrir las necesidades de las empresas y de la población trabajadora”.

Manuel de los Reyes, apoyo en el área jurídica de la Asamblea de los Pueblos Indígenas del Istmo de Tehuantepec en Defensa de la Tierra y el Territorio, comenta que actualmente hay una revisión de amparo ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, vinculada con la declaración de las Zonas Económicas Especiales (ZEE), figura “desarrollista” que compara con el proyecto de López Obrador.

A decir del defensor ambientalista, aunque el presidente ha declarado que la figura de las ZEE quedó eliminada en este régimen, es importante obtener el amparo, pues ésta figura proclamada durante la administración de Enrique Peña Nieto y el Corredor Transístmico “corresponden al mismo proyecto de inversión en el Istmo”.

Y es que durante su mandato, Enrique Peña Nieto declaró que se incluyen 2 mil 423 hectáreas “sin restricciones ambientales, de uso de suelo o de otra índole, susceptibles para el establecimiento de secciones de la Zona Económica Especial de Salina Cruz, con base en los criterios de cercanía e integración con la infraestructura portuaria, aeroportuaria, carretera y ferroviaria; el entorno de usos industriales existentes o previos; la proximidad a asentamientos humanos de más de cincuenta mil habitantes que permitan la disponibilidad de mano de obra, así como el acceso disponible o potencial a fuentes de energía, agua, red de drenaje, y tratamiento de aguas y residuos sólidos”.

Domitilo Castillejos es otro de los que se siente afectado por la presencia de Pemex en este municipio. Él es un restaurantero que ha tenido que recuperar su negocio en dos ocasiones, durante los 5 años más recientes. Vive al día: “no nos morimos de hambre con lo poquito que va saliendo”, dice.

El hombre llegó a este lugar hace 53 tres años. Montó el restaurante La Costa del Pacífico, que prometía prosperidad para él y su familia, pero tras la instalación de la refinería fue decayendo. “Acá la vida es muy bonita, lo único es que Pemex contamina, nos tiene como fosa séptica”, comenta el pequeño empresario de 70 años.

Domitilo lamenta como poco a poco se han acabado sus expectativas de crecimiento: “Cuando vine a asentarme, hace 50 años, tenía playa, pero me he tenido que ir recorriendo, se cayó mi negocio, mi casa y tuve que volver a empezar”.

Sobre el Corredor Transístmico, dice, “apenas estoy enterado; quién sabe cuándo lo vayan a hacer y si lo vea, ya estoy viejo; pero lo que siempre hemos pedido a Pemex, que nos ha contaminado y perjudicado, desde hace tiempo hemos pedido una escollera, cuando [Carlos] Salinas de Gortari fue presidente nos lo ofreció, y hasta apareció en su Informe [de gobierno] que lo hizo, pero nunca ocurrió; lo que sí es que el mar nos está tirando nuestro negocio”.

Ante la escasez de clientela, Domitilo también se ha contratado como empleado de Pemex para limpiar el puerto cuando han ocurrido derrames. La petrolera “siempre nos ha perjudicado, no nos ha dado nada: una limosnita de 2 mil o 3 mil pesos por la contaminación”, comenta.

Apenas el 28 de abril pasado, López Obrador pisó este puerto acompañado del gobernador Alejandro Murat Hinojosa; la secretaria de Energía, Rocío Nahle García; el secretario de Comunicaciones y Transportes, Javier Jiménez Espriú; el director general de Pemex, Octavio Romero Oropeza, la senadora Susana Harp Iturribarría, y el presidente municipal de Salina Cruz, Juan Carlos Atecas Altamirano.

En su discurso no dejó duda de la prioridad que significa para su administración impulsar la rehabilitación de la refinería. Ante trabajadores petroleros, “reiteró que el propósito de este gobierno es rescatar la industria petrolera, por lo que se rehabilitarán seis refinerías y se construirá una más a fin de lograr autosuficiencia en materia de combustibles”.

Vivir al día

El matrimonio de Gilberto Olivera López y Elvia Abasolo Ugalde viven la misma suerte ante la falta de empleo en la región y la contaminación que ha dejado Pemex en la zona. Ellos tienen tres hijos y la manutención es cada día más difícil.

Gilberto sale todas las madrugadas a recolectar ostión en la zona de La Ventosa de este municipio, la cosecha de este producto permite que su familia viva con 180 o 360 pesos a la semana, cuando hay la venta de una o dos docenas de ostras.

Los fines de semana son los días en que mejor les va, pues llegan a obtener hasta 80 pesos en venta, mismos que tienen que ser administrados para los tiempos de adversidad económica; esto es: cuando no llega la clientela o para la época de veda, que inicia el 1 de julio de cada año y se prolonga por 3 meses.

Dos de sus hijos estudian la primaria, pero la mayor ha alcanzado el grado de preparatoria y los gastos han aumentado para la familia. Diariamente, la joven de 16 años utiliza más de 50 pesos en el gasto de transporte, material escolar y alimentos, aunque, en ocasiones, tiene que esperar hasta regresar a casa para comer algo, “porque ya no alcanza”.

“Hay que darles la oportunidad de estudiar para que no tengan el mismo trabajo que uno”, dice Gilberto, quien apenas cuenta con estudios de primaria y le es difícil encontrar otras fuentes de empleo.

Sobre el proyecto que tiene el gobierno federal para modernizar la región, Gilberto y su esposa ignoran de qué se trata; lo que sí saben, dice ella, es que no les han llegado los “apoyos” que tenían antes, sobre todo las becas para sus hijos.

Hugo Aguilar Ortiz, encargado de la Coordinación de Derechos Indígenas del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, habla al respecto y asegura que en este municipio ya se inició el acercamiento con las comunidades huaves o ikoots, para llevar a cabo la consulta que permitirá llevar a cabo el Corredor Transístmico.

El funcionario público reconoce que el gobierno federal tiene un “diagnóstico complejo” de la región, consecuencia de la serie de problemáticas que enfrentan los habitantes: “incluso, agregaría la conflictividad interestatal Oaxaca-Chiapas, la devastación de la selva de los Chimalapas y conflictividades político electorales todavía en Oaxaca, porque este año es electoral para municipios de usos y costumbres”.

Añade que ellos tienen este diagnóstico y en la administración federal se ha considerado integrar al Programa de Desarrollo del Istmo un concepto integral, “no sólo se tiene que buscar cómo aprovechar la situación estratégica de ubicación de esta región del territorio nacional sino que se tiene que pensar en resolver en su integralidad toda la problemática de los pueblos indígenas, eso incluye: el ejercicio de los derechos territoriales, de consulta, de autonomía y la solución de las conflictividades internas”.

Respecto de la pobreza que existe en este municipio industrializado, la Medición de la pobreza, Oaxaca, 2010-2015, elaborada por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) indicaba que en 2015 (la estadística más reciente), en el municipio habitaban 100 mil 159 personas; de las cuales, 40 mil 341 (40.3 por ciento), con 2.2 carencias en promedio por persona.

El Coneval mostraba que para 2015, Salina Cruz tenía un registro de 4 mil 541 personas en pobreza extrema, que tienen en promedio 3.6 carencias; la principal: el acceso a la seguridad social.

Érika Ramírez, enviada

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