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En 2019 diariamente han cerrado sus puertas 43 empresas en Argentina. Sólo en los primeros 4 meses de este año 5 mil 175 productoras de bienes y servicios dejaron de existir. Aún no se cuentifoca el número de quienes han perdido sus empleos. La cfra se sumará a la de los 70 mil perdidos el año pasado. Todo mientras el país vuelve a endeudarse y los polítios lo festejan como si no se tratara de una crisis

Desde que asumió Mauricio Macri y sus hunos la Presidencia de la República no creció más el pasto en las praderas argentinas, 2 mil 871 industrias cerraron a partir del 2015, los pedigüeños oficiales lograron contraer, entre privados, buitres y el Fondo Monetario Internacional (FMI), una deuda cercana a los 300 mil millones de dólares que será pagada por nuestros tataranietos

En marcha hacia el abismo eleccionario, convocados por el flautista de cuento de la “democracia” para, por y de los ricos y sus bufones, los “candidatos” aparecen en todas las fotografías, afiches, conversaciones, como sonrientes. ¿De que se ríen?  Según las reglas del marketing, los targets, los puntos a subir o bajar y toda la repugnante gama de elementos manipuladores de la “opinión pública”, habría que contagiarle alegría y confianza a los electores. Esos que como niños de “yo no sé” caminan una vez cada 4 años hacia los templos del saber –custodiados, por si acaso, por militares y policías– para rendir homenaje al dios hipocresístico de la “voluntad popular”.

En este año, y de enero hasta abril, han cerrado diariamente sus puertas 43 empresas, cuyos propietarios no quedarán en pampa y la vía, e invertirán en otros negocios aquí o en otra parte; 5 mil 175 productoras de bienes y servicios dejaron de existir, de las cuales 800 producían mercancías –400 eran manufactureras­– y el resto de servicios, comprendidas la de ventas de repuestos para automotores, transportes y almacenamientos. A los 70 mil compañeros echados de sus trabajos el pasado año se le suman y sumarán los de éste. Miles y miles de trabajadores estatales y privados sin empleo, librados a la buena de Dios, al cirujeo, al delito –aunque como cantaba nostro compagno Fabrizio de André, “ahora sabemos que es delito no robar cuando se tiene hambre”– al tráfico menudo de drogas, al suicidio, al buchoneo policial, al sicariato u otras bellezas engendradas por un sistema que reproduce a selectos miserables opulentos, por un lado, y a los millones golpeados por la miseria que ellos fabrican, por otro.

Los Procedimientos Preventivos de Crisis (PPC) creados por el macrismo y a los que las empresas recurren para rajar gente sin un mango están a la orden del día. Cada 3 días, según informes de buena mano, se abre un nuevo expediente. La jauja de los explotadores mayores parece contraponerse, según la ley del embudo, a los más pequeños. Desde que asumió Macri, como decíamos, 2 mil 871 industrias cerraron a partir del 2015, los pedigüeños oficiales lograron contraer, entre privados, buitres y el FMI, una deuda cercana a los 300 mil millones de dólares que será pagada, si las cosas marchan por la senda de la institucionalidad capitalista y sus decentes y maduros defensores, por nuestros tataranietos, a los que les espera un mar de males –la tierra quedará para los acreedores– privaciones, humillaciones y miserabilidades, entre ellas las de no tener donde caerse muertos.

Capitalistas grandes y chicos se toman las de Villadiego, los verdes vuelan como golondrinas nocturnas hacia el exterior estimuladas por la primavera macrista allende las fronteras, algunos hablan de “crisis” y protestan, otros, como los Grobosojeros, argumentan que los pequeños deben desaparecer, que joder, porque es así y punto. Una inflación del 57 por ciento se pronostica para este año –ya alcanzó al 22 por ciento en lo que va de él– y se espera reducirla con la miseria popular, tal como pretenden explicar los argumentadores de mentiras informativas. Claro… ¿para qué emitir si no hay quien compre?, ¿para qué subir precios si no hay quien consuma? Todo está perfectamente calculado para que el cementerio sea el futuro más cercano, el más transitado de los supermercados humanos.

Como los opositores desprecian “la violencia”, los oficialistas la ejercen y hacen uso de ella como elemento primo presente y futuro hasta que el país se licúe. “En la historia de la humanidad, el policía ha precedido siempre al profesor”, sostuvo en su momento el duce Benito Mussolini, fundador del fascismo. Su homóloga de morondanga, devenida aquí en ministra de Seguridad, dijo hace unos días que la “Gendarmería es la institución más valorada en nuestro país, la número uno, mucho más valorada que cualquier otra, que la educación pública”. Atosigada por la corrupción del narcotráfico oficial y de todo tipo y la impunidad, al igual que la de todas las bandas de esbirros del “orden público” –a quienes se permite reprimir, encarcelar y asesinar a rebeldes, opositores y jóvenes por el solo hecho de serlo–  la “fuerza” se encargará de conducir hacia el parapolicialismo a los efebos que el diario La Nación califica de “ni-ni”. O sea, los marginados de las bondades del capitalismo, que ni pueden acceder a la escuela, empleo, salud y demás etcéteras que hacen a la vida por obra y gracia de los que, hipócrita y cínicamente, los convocan a ser personas de “valores” cargando armamento. Ellos serán los nuevos balillas, avanguardisti y gioventú italiana del orden fascista local que ya ha salido del huevo para asfixiar a los que, una vez desilusionados de votos y charlatanes de feria, quieran tomar las riendas del poder en sus manos. Los nuevos fasci di combattimento anunciados por la ministra anuncian los tiempos que vienen…un fecal legislador salteño alabó a los niños policías de su provincia…están calentando los motores del daño físico al pueblo sin escrúpulos.

Y por lo tanto la respuesta popular no debe marchitarse en denuncias ni lamentaciones, solo cabe pagarles a los fascistas crudos o sui generis con la misma moneda: organización y armamento obrero y popular. Ya lo dijeron los clásicos revolucionarios marxistas, anarquistas. Ya lo intentó implementar Evita, a quien se la quitó del medio por su valentía e instinto de clase, por su amor a los oprimidos y el odio a los opresores, por –como diría mi vieja– hablar sin tapujos: llamar al pan, pan, y al vino, vino, y agarrar al toro por las astas.

Mientras las potencias extranjeras se enseñorean sobre el cuerpo de la tierra que nos parió; mientras las bases gringas se preparan para “humanitariamente” intervenir en favor de los opresores y explotadores locales y contribuir al saqueo de la nación; mientras la repugnante comparsa oficial inunda las calles con carteles que provocan arcadas, y los opositores siguen el juego de ahora vos después yo y los dirigentes sindicales de uno y otro color no incentivan ni comparten con sus dirigidos las tomas de fábricas que cierran y sólo les alcanzan a los cesanteados pañuelos para enjugar las lágrimas, el proxeneta declara ilegal en el país a una organización que, en Oriente Medio, lucha para que su país no sea presa del expansionismo de la ultraderecha sionista y de otros aliados arábigos de Estados Unidos; incentiva la intervención imperial a la Venezuela Bolivariana, recoge de la basura regional al detritus cipayo de Estados Unidos, y lo propone como inmigración a tener en cuenta para sostener el oprobio macrista; auspicia el bloqueo a Cuba, la agresión a Nicaragua, el aislamiento de Bolivia y toda otra actividad que contradiga al aventurerismo, belicismo, hegemonismo y barbarie estadunidense en el mundo y la región.

Construir el dique organizado y armado para parar al repugnante tsunami capitalista, que ya ha comenzado y que escala sin encontrar escollo alguno, es tarea aquí y ahora de los bien nacidos.

No hay tu tía. Para neutralizar y liquidar a violencia de los de arriba, hay que organizar la de los de abajo.

Que los representantes de la repugnancia se rían, están haciendo bien su trabajo.

Nosotros no debemos reir ni llorar, solo crispar los puños y los labios y…

El odio al opresor y enemigo debe signar nuestros gestos, sin flojeras ni concesiones.

Mostrar a los nuestros el camino, caiga quien caiga y cueste lo que cueste.

Jorge Luis Ubertalli Ombrelli/Telesur

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