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En la capital de nuestro país tuvo lugar la reunión del Comité de Protección a Periodistas, llamada: Cumbre de la Libertad de Prensa, a cuyo acto Andrés Manuel López Obrador no asistió, porque su agenda no se lo permitió o porque de plano no quiso ir, enviando como sus representantes al subsecretario de Gobernación: Alejandro Encinas y a Jesús Cantú, director de Comunicación Social del Gobierno Federal, quienes llevaron sus respectivos mensajes. Encinas afirmó que hay en el país “un clima de intolerancia y de violencia contra los periodistas”. Y Cantú bordó sobre la muy anunciada reglamentación de publicidad oficial, para repartir la publicidad oficial conforme al tiraje de cada diario, revista y medios como la radio y televisión. Incluso –parece– a las redes sociales. Tras 6 meses de lopezobradorismo se espera esa legislación para que se distribuya la propaganda de la administración federal.

La Cumbre tuvo por finalidad dar un panorama de la libertad de prensa en los Estados Unidos Mexicanos que actualmente no sólo resiste los homicidios y agresiones a los trabajadores de los medios de información, sino que también los constantes enfrentamientos con el presidente de la República que hace de sus diferencias con esa información y la crítica, problema personal y cuestiona, con animadversión, lo que publican los medios escritos, sobre todo, aunque tengan el sello de la veracidad sobre los hechos. Desde su toma de posesión, afianzada en su bien ganada legitimidad y legalidad del resultado electoral, no ha dejado de impugnar a reporteros y exponentes de sus opiniones y análisis, particularmente, pues, en la prensa escrita.

Sus dardos adjetivados buscan crearles un ambiente de hostilidad por parte de sus seguidores y de quienes le creen a pie juntillas sus aseveraciones. Y el director del Comité de Protección a Periodistas, Joel Simón, ventiló estas circunstancias en esa Cumbre; lamentando la ausencia de López Obrador, a pesar de “las reiteradas invitaciones”. Obviamente éste no se presentó porque le advirtieron que en la Cumbre se pasaría revista a esa tensión entre el presidente de la República y el Informe con su examen desde 1992 a la fecha, en cuyo lapso el periodismo mexicano ha estado siendo víctima de la violencia sangrienta que prevalece en la circunstancia nacional, con más de 100 homicidios de periodistas; y en lo que va de 2019 contabilizamos siete asesinatos más por su labor informativa.

No quiso escuchar el reporte para demostrar que la prensa que ejerce sus derechos de libertad para criticar e informar no le merece su atención; y que la tiene en su mira para impugnarle con adjetivos lo que con sustantivos publica la prensa mexicana. Que López Obrador no haya asistido a un acto de esa naturaleza ha sido un desprecio que se califica de injurioso, ya que confirmó que odia a la prensa y desprecia a los periodistas; a esos reporteros que cubren, de lunes a viernes y hasta sábados y domingo en sus giras, las conferencias del huésped de Palacio Nacional (a donde ya se mudó con su familia y muebles sin haberse expedido el decreto para ocupar un edificio público, y donde con ese motivo se han cancelado las visitas de turistas).

Sólo por eso debió López Obrador estar presente, para escuchar los reclamos donde se asienta que México se ha convertido en una barbarie y es el lugar más peligroso de este continente para ejercer el periodismo. Y que como no hay justicia se ha convertido, asimismo, en el país de la impunidad que cuestiona a la democracia mexicana, de por sí elemental. E infectando de populismo a mano alzada para imponer decisiones y soluciones que competen a algo más que facciones de pueblo.

La exposición del reportero César Martínez (Reforma , 19 de junio de 2019), nos puso al tanto del acto donde los participantes, encabezados por el director del Comité de Protección a Periodistas, pronunció un discurso que expone la dramática situación del periodismo mexicano. Dijo verdades que, obviamente, al enterarse de ellas López Obrador no le habrán gustado y hasta se alegró de no haber asistido, para no tener que soportar la crítica a su desempeño; contrario a un político que se dice demócrata. Y es que una prensa como contrapoder –y no como “cuarto poder” como se ha dado en llamarla– molesta a los gobernantes, como es el caso. Pero es su obligación atender las demandas periodísticas que le señalan sus abusos, informan de hechos y muestran las equivocaciones de los funcionarios.

Lo cierto es que esa Cumbre estableció que las libertades de prensa en México están siendo vulneradas, con tantos hombres y mujeres asesinados desde los poderes del Estado y desde la criminalidad; y quienes no quieren que la sociedad se entere de sus actividades por medio de la información. Y es que López Obrador solamente está de acuerdo con la primera parte de la frase aquella: estar en contra de lo que dices; pero, para nada avala lo de “defender hasta la muerte el derecho que tienes para decirlo”.

Álvaro Cepeda Neri

[OPINIÓN] [DEFENSOR DEL PERIODISTA]