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En sus dos últimas conferencias mañaneras, el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, se refirió a los expresidentes. En específico, a Enrique Peña Nieto, Felipe Calderón, Vicente Fox y Carlos Salinas de Gortari (Ernesto Zedillo ha buscado mantenerse al margen de la vida pública y Luis Echeverría, en las sombras, nada dice y pareciera que ya nadie se acuerda de sus cuentas pendientes).

Los seis exmandatarios gozan de total impunidad. Todos deberían ser investigados. Elementos hay de sobra si hubiera la voluntad política de hacer justicia ante las administraciones de corrupción, enriquecimiento ilícito, violación a derechos humanos y saqueo de los recursos de la nación. El legado de todos ellos, en conjunto y de manera individual, es de sangre, robo y ultraje contra la población.

El hoy presidente de la República, López Obrador, cuando candidato les prometió “punto final”, es decir, que no los investigaría. Probablemente como una condición sine qua non para que la nomenklatura mexicana lo dejara asumir la Presidencia de México, Andrés Manuel se comprometió públicamente “mirar hacia delante” y no entretenerse en el pasado, justificó, porque de lo que se trata es el rescate del país…

Luego de las órdenes de aprehensión contra el exdirector de Petróleos Mexicanos (Pemex) Emilio Lozoya; el empresario ligado al saqueo de Pemex Alonso Ancira; el abogado Juan Collado, y los directivos de Oro Negro, entre los que se encuentra el hijo del exsecretario de Hacienda Francisco Gil Díaz, el cerco sobre los expresidentes se estrecha, particularmente sobre Carlos Salinas de Gortari (y por añadidura Peña Nieto) y sobre Vicente Fox.

Además, López Obrador informó que ordenó una investigación para saber dónde quedaron los 207 millones de dólares en efectivo incautados al empresario de origen chino Zhenli Ye Gon. Se trata de una investigación que cercará al expresidente Felipe Calderón. No sólo porque las indagatorias tendrán como propósito saber qué pasó realmente con esos recursos, cuyo destino oficial fue la creación de “centros de integración juvenil” que no se ven por ningún lado. Hay un asunto más interesante.

Como se recordará, el 15 de marzo de 2007 Zhenli Ye Gon (de quien nunca se ha sabido nada más) declaró que esa fortuna en efectivo encontrada en una de sus propiedades en Las Lomas, Ciudad de México, eran en realidad del entonces secretario del Trabajo, Javier Lozano Alarcón. Y que esos recursos eran remanentes del dinero utilizado para financiar ­–ilegalmente– la campaña del propio Felipe Calderón a la Presidencia de la República.

También López Obrador dijo este viernes que hay expresidentes que son evasores de impuestos, es decir, que omitieron pagar lo correspondiente al Servicio de Administración Tributaria (SAT). No quiso proporcionar los nombres. Sólo dio una pista: que se trata de quien o quienes le exigían a él que dijera, cuando era opositor, de qué vivía. Así, pareciera que se trata de uno de los dos –o los dos– panistas Vicente Fox y Felipe Calderón.

Andrés Manuel ha dicho que no hay contradicción entre lo que les prometió a priístas y panistas –que no los investigaría– y lo que está ocurriendo con las indagatorias señaladas. Argumenta que, en efecto, desde la Presidencia no se está promoviendo ni iniciando nada. Sólo señala que también prometió que no detendrá las indagatorias que ya estaban en curso antes de que asumiera el poder. “No seremos tapadera de nadie”. Y que, por el contrario, su administración colaborará con todo aquello que le requiera la Fiscalía General de la República (FGR) y, en su caso, el Poder Judicial.

Abundó: “Estamos ayudando a la Fiscalía. Todo lo que nos solicita de información se le entrega; esa es la instrucción que tienen los servidores públicos, de manera especial el consejero jurídico [Julio Scherer] y el encargado de la inteligencia financiera [Santiago Nieto]. Estamos ayudando”.

¿Entonces? El mensaje es a los expresidentes: no se preocupen, no les pasará nada… a menos que haya indagatorias anteriores a este gobierno que los involucren. El asunto es que sí hay muchas indagatorias que, con voluntad política, podrían escalar hasta los expresidentes.

¿A qué se deben estas advertencias veladas de López Obrador contra algunos de los expresidentes, particularmente Salinas, Calderón y Peña Nieto?

“No estoy de florero”, ha dicho en varias ocasiones Andrés Manuel. Pareciera que las investigaciones que cercan a los expresidentes llevan ese mismo mensaje. Precisamente los tres expresidentes citados han estado operando por cuenta propia o través de personeros (vaya que los tienen, sobre todo alguien como Salinas) para entorpecer proyectos de la “cuarta transformación” y buscar sentar las bases para una restauración, en 2 sexenios, del pri-panismo.

Todo indica que las investigaciones que cercan a los expresidentes son amagos para que entiendan que su tiempo pasó. O se retiran a la vida privada, o les caerá la espada de Damocles.

Zósimo Camacho

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