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La Habana, Cuba. Tantas mujeres indígenas fueron asesinadas o desaparecieron en un tramo de la Carretera 16 en la provincia canadiense de Columbia Británica que ya el lugar se conoce como la Carretera de las Lágrimas.

La referencia invita a la reflexión sobre un fenómeno que, este mes, volvió a la opinión pública del norteño país tras la publicación de un informe que señala a Canadá de ser cómplice de un “genocidio basado en la raza” contra ese segmento de su población.

Con unas 1 mil 200 páginas, el documento acusó de los desproporcionados índices de violencia contra las mujeres indígenas a un colonialismo enraizado y culpó al Estado de inacción. La Investigación Canadiense sobre Mujeres y Niñas Indígenas Asesinadas y Desaparecidas fue una iniciativa del gobierno liberal, después que Justin Trudeau asumió su cargo como primer ministro en 2015.

El acercamiento a la problemática nació del pedido de comunidades indígenas y diversos grupos de la sociedad civil que exigían, desde hace varios años a Ottawa, una amplia pesquisa sobre los 1 mil 800 casos censados de mujeres indígenas muertas y desaparecidas en Canadá en los últimos 40 años. Una cifra conservadora, a juicio de observadores, ya que apenas representa solo los hechos de los cuales se tiene registro, pues tanto las autoridades policiales como organizaciones de derechos humanos estiman que los números reales son mucho mayores.

Para Marion Buller, jefa de la comisión investigadora, pese a las diferentes circunstancias y antecedentes, todos los crímenes están conectados “por la marginalización económica, social y política; por el racismo y la misoginia que se encuentran imbricados en el tejido social de Canadá”.

Basado en 3 años de búsqueda, el informe estableció que se había cometido un genocidio y que, si bien el problema afecta a todos los miembros de los grupos indígenas, está especialmente dirigido a las mujeres, niñas y la diversidad sexual.

Según los resultados, las mujeres y niñas indígenas tienen 12 veces más probabilidades de morir de forma violenta que las de cualquier otro grupo demográfico y 16 veces más posibilidades que las féminas blancas residentes en Canadá.

Utilizando los datos de Statistics Canada, el documento reveló que las mujeres y niñas indígenas constituían casi el 25 por ciento de todas las víctimas de homicidios en ese país entre 2001 y 2015. Presentado en Gatineau, Quebec, en la primera semana de junio, el estudio enumeró 231 recomendaciones de “llamados a la justicia” para poner fin a tales muertes. La creación de un defensor del pueblo y de un tribunal indígena y de derechos humanos están entre las principales sugerencias.

Además, el documento insiste en que el sistema de justicia canadiense y las fuerzas policiales reconozcan que han sido culpables de “racismo, prejuicios y discriminación” cuando tratan con mujeres y niñas indígenas.

Asimismo, el estudio llamó, en particular, a todos los niveles de gobierno para que pongan en marcha un plan de acción nacional que aborde la educación, la salud, el empleo, la seguridad y la atención sanitaria de ese sector poblacional.

“Este informe trata sobre la raza, la identidad y el genocidio deliberado basado en el género”, insistió Buller al comentar que, independientemente del número de mujeres y niñas indígenas desaparecidas y asesinadas, “el número es demasiado grande”.

Estadísticas oficiales del gobierno federal arrojan que las mujeres y las niñas indígenas representan aproximadamente el 4 por ciento de esa población en Canadá, pero constituyen el 16 por ciento del total de féminas asesinadas a nivel nacional.

“Durante décadas, las mujeres y niñas canadienses indígenas han sufrido desapariciones y asesinatos. Nuestro sistema de justicia ha fracasado. Por desgracia, no es un tema únicamente del pasado. Es vergonzoso y absolutamente inaceptable. Esto debe parar”, admitió Trudeau.

Aceptamos los hallazgos de la investigación, incluido el razonamiento de que lo sucedido equivale a un genocidio, añadió en mandatario. Su postura, trató de ser coherente con lo que planteó ante la comunidad internacional en la Asamblea General de las Naciones Unidas acerca de corregir los errores históricos de Canadá.

“Para las Primeras Naciones, los Métis Nation y los pueblos Inuit en Canadá, esas relaciones coloniales tempranas no tenían que ver con la fortaleza a través de la diversidad, o una celebración de las diferencias”, afirmó.

“Lamentablemente, los pueblos indígenas de Canadá –reconoció el primer ministro–, han sufrido principalmente de humillación, abandono y abuso.”

Deisy Francis Mexidor/Prensa Latina

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