La rusofobia cuesta caro en Georgia

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Moscú, Rusia. Las protestas antigubernamentales y con rusofobia en Georgia parece que se pagan caras, con pérdidas económicas como consecuencia de la renovación del diferendo de Moscú y Tiflis.

Los últimos años de acercamiento entre Rusia y Georgia, sobre todo después de 2013, parecían llevar a una posible normalización de los nexos bilaterales pese al diferendo de fondo en torno a las autoproclamas repúblicas de Abjasia y Osetia del Sur en 2008.

El descongelamiento de los nexos, aún después de la ruptura de relaciones diplomáticas luego del conflicto de agosto de 2008, llevó a un incremento del intercambio comercial y un flujo visible de turistas.

Sin embargo, las trifulcas por el poder entre el gobernante Sueño Georgiano (SG) y el Movimiento Nacional Unificado (MNU) que perdió la jefatura del gobierno, olvidan los intereses del país.

La teoría del MNU es que el SG está controlado por un oligarca muy vinculado a Rusia, el cual busca el acercamiento a toda costa a Moscú y por ello es necesario derrocar al actual gobierno, para cortar la supuesta subordinación al país vecino. Analistas consideran que tal argumento en realidad esconde los intentos de torpedear al SG antes de la fecha prevista para las parlamentarias de 2020, pero ese proceso tiene sus inconvenientes.

La crisis política en Georgia también se presenta como una provocación equivocada de quienes parecieron utilizar problemas internos para malograr los nexos con Moscú. El detonador formal de la crisis parece no tener nada que ver con la dimensión de las demostraciones y muchos menos con las demandas planteadas.

Así, el pasado 20 de junio, el diputado ruso Serguei Gavrilov, en calidad de presidente de la Asamblea Interparlamentaria Ortodoxa (AIO), fue invitado a intervenir en la 26 sesión general de ese órgano, celebrada en el legislativo georgiano.

El protocolo de esa intervención, organizado por el país anfitrión, incluyó la realización por Gavrilov de un discurso desde el asiento del presidente del Parlamento. Sin embargo, ese hecho fue considerado por la oposición como una ofensa.

Diputados opositores de Georgia Europea y del exgobernante MNU bloquearon de inmediato la tribuna, la sesión se interrumpió y, tras lanzar consignas antirrusas, convocaron a sus seguidores a protestar frente al Parlamento.

La multitudinaria manifestación, cuyo carácter espontáneo ponen en duda aquí medios de prensa, intentó ocupar el legislativo, algo impedido por policías antimotines y fuerzas especiales que lograron disipar la demostración en su primera noche. En la protesta se demandó la renuncia del presidente del Parlamento, Irakli Kobajidze; del ministro del Interior, Georgui Gajarii, y la realización de elecciones anticipadas exclusivamente por el sistema proporcional.

Los comicios parlamentarios georgianos de 2020 deben efectuarse con un sistema mixto de listas de partidos y distritos de un solo mandato. A partir de 2024, las elecciones se realizarán sólo por el sistema proporcional.

A las demandas de los manifestantes se sumó luego la de interrumpir cualquier acercamiento con Rusia hasta tanto cese lo que en Georgia consideran como la ocupación de Moscú de Abjasia y Osetia del Sur, cuyas autoproclamadas soberanías reconoció la Federación.

De acuerdo con el viceministro ruso de Asuntos Exteriores Grigori Karasin, lo ocurrido es una patraña de las fuerzas políticas radicales en Georgia para impedir una normalización de las relaciones con su país.

Pasados 5 años de la operación lanzada en agosto de 2008 por Rusia para imponer la paz en Georgia, en respuesta al ataque contra Osetia del Sur, los nexos empezaron a normalizarse. La suspensión de la compra del vino georgiano, impuesta por Rusia en 2006, se levantó, y asimismo aumentó el intercambio comercial, mientras Georgia se convirtió en un lugar regularmente visitado por los turistas rusos.

Todo ello ocurrió sin establecerse formalmente las relaciones diplomáticas. El viaje de la delegación rusa al evento de la AIO formaba parte de los esfuerzos de mejorar los nexos.

De acuerdo con el politólogo georgiano Gii Jujasvili, la disputa por el poder entre el MNU y el SG impide un normal desarrollo socio-económico de Georgia. Tampoco ayudaron mucho las declaraciones hechas por la presidenta georgiana, Saloma Zurabishvili, a raíz de la crisis política: “Rusia es un enemigo y un ocupante. Su quinta columna es más peligrosa que una agresión”.

La división de la sociedad georgiana beneficia a Rusia y constituye su mejor arma, declaró la jefa de Estado, quien afirmó que sin la solución de los “territorios ocupados” no puede haber acercamiento.

El “ocupante” responde

Ante la escalada de agresión verbal de Georgia y el apoyo del gobierno a las manifestaciones de nacionalistas con marcado carácter antirruso, el presidente Vladimir Putin anunció la suspensión de los vuelos de aerolíneas de su país a Georgia. Poco después, el ministerio ruso de Transporte indicó que, a partir del 8 de julio, prohibía el recibimiento en Rusia de vuelos de compañías georgianas con deudas sin pagar a Moscú.

Putin recomendó a los turoperadores evitar la venta de paquetes turísticos para Georgia, a donde el pasado año viajaron 1 millón 200 mil rusos, cifra que en los primeros 5 meses de este año casi se igualó, antes de entrar a la temporada de viajes más movida.

La medida llevó a Zurabishvili a obviar sus recientes declaraciones de una Rusia enemiga y ocupante, para aclarar que las personas simples de ninguna forma debían sufrir las consecuencias de las disputas entre los políticos.

El flujo turístico debe continuar a un país seguro como Georgia, destacó la mandataria, quien parecía con ello tratar de evitar la pérdida del principal movimiento de vacacionistas a su país, cuya economía depende en gran parte de la llamada industria sin humo.

De acuerdo con el politólogo Petre Mamradze, de proseguir el diferendo de Moscú y Tiflis, pueden salir perjudicadas miles de familias georgianas dependientes de la industria turística. La suspensión de la comunicación aérea pudiera llevar a la bancarrota de la aerolínea Airzena-gruzinski avialini, afirmó su director Tamaz Gaiashvili. Además de las pérdidas por el turismo, Georgia también podría quedar sin una de las principales fuentes de remesas a ese país, pues que solo en mayo los rusos enviaron 34 millones 800 mil dólares.

En caso de que Moscú decida cerrar el paso a las exportaciones georgianas como vino, productos agrícolas y agua mineral, los perjuicios podrían llegar a los mil millones de dólares. Analistas locales estiman que pocos en el espectro político georgiano previeron la aplicación por Rusia de medidas inmediatas y drásticas como la suspensión de vuelos, lo cual restará un buen por ciento del Producto Interno Bruto del vecino país.

Crimea de inmediato se presentó como alternativa para los vacacionistas con intención de viajar a Georgia y quienes, luego del decreto presidencial, devolvieron en masa sus reservaciones. Se equivocaron quienes organizaron una provocación que explotó las divisiones internas en Georgia para, finalmente, lanzar a la población a las calles con demandas antirrusas.

El proceso toma una línea rusofóbica similar a la de Ucrania. De ello habla la subida de precios a restaurantes visitados por rusos o la eliminación del doblaje en ruso de filmes foráneos en cines georgianos. Sin embargo, la creación de otro foco antirruso tampoco conviene a Moscú que espera frenar nuevos intentos de rusofobia en un escenario como el de Moldova.

El caso de Georgia parece demostrar que la política antirrusa puede costar caro.

Antonio Rondón/Prensa Latina

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