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Empecinado contra la prensa crítica e informativa y dirigiendo sus dardos de censura contra el periódico Reforma, López Obrador ha dejado ya un precedente de ferocidad antirrepublicana y democrática, en la medida que todos los mexicanos con sus diferentes actividades, entre ellas la del periodismo, somos el pueblo al margen de populismos. No ha dejado de enviar sus pullas mañaneras contra ese matutino en cuyas páginas se publican informaciones indispensables para la opinión pública, individual y colectiva, sobre hechos del lopezobradorismo que nos importa saber. Y en cuyas páginas aparecen críticas de sus colaboradores quienes, como escribió Guadalupe Loaeza: “no nos callamos ante gobiernos autoritarios, populistas e hipócritas”, en su columna titulada: Nuestro periódico (Reforma, 22 de junio de 2019).

Nuestro, de todos sus lectores y por el que estamos dispuestos a blindarlo constitucionalmente, aunque la Constitución le valga chacota al presidente que se encamina a serlo en su país de un solo hombre, en los términos de lo que ha planteado Enrique González Pedrero en: País de un solo hombre: el México de Santa Anna y quien, por cierto, también lleva el apellido de López. La periodista Denise Dresser, escribió otra columna demoledoramente fundamentada, con el título: Memorándum, Al Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos. Es una crítica devastadora, que nos recordó cuando el poderoso Alejandro se le acercó a Diógenes y le preguntó, creyéndose poderoso, si deseaba algo y Diógenes le contestó de inmediato: “¡Apártate, tu sombra me tapa el sol!”.

Así López Obrador, con sus ataques a las libertades de prensa, nos tapa el sol de la Constitución que quiere tapar con su dedo inquisitorial. En su escrito, Denise Dresser le dice a López Obrador que no es un señor feudal ni un rey, puesto que está en el poder presidencial por la vía de las urnas, “no mediante mandato divino o el dedazo de Dios”. Es un texto memorable, ejemplar, en defensa de esa libertad que el periodismo mexicano ejerce y ejercerá contra viento y marea de los abusos del poder presidencial y de cualquier otro que quiera derogarlo o abrogarlo con un memorándum. Y en él, la periodista apuntaló las libertades cuestionadas desde Palacio Nacional, refrescando con su filo crítico la memoria al presidente López Obrador, en el sentido de que a ningún precio el contrapoder de los medios de comunicación cederá a ninguna presión, amenaza y ataque. López Obrador nos quiere tapar el sol de lo Constitución y le decimos: ¡quítate, nos estorba tu sombra autoritaria!

Ésta es una columna para enseñanza periodística y escudo contra la censura, dirigida a quien no entiende que sin las libertades de prensa –como derechos humanos– no hay democracia ni republicanismo ni estado de derecho ni buen gobierno. Por eso es que lo escrito por Denise Dresser es una oxigenación contra el tufo autoritario. No es López Obrador un monarca preconstitucional. Ni un rey –le dice– sino un presidente que debe saber contenerse, autolimitarse y someterse, a priori y a posteriori, a la Constitución, contra la opinión de sus senadores de Morena que lo invitan a seguir encaminándose del autoritarismo a la autocracia y querer pasar de López Obrador a López de Santa Anna.

Por eso mismo es que Denise Dresser le dice: “Finalmente, aprovecho la expedición del presente memorándum para recordarle que sobre su cabeza no está posada una corona. Más bien encima de su pecho hay una banda presidencial. Y esa no le confiere un derecho divino, le impone una obligación constitucional”. Tal es la verdad legal y legítima de un presidente que no quiere imitar y mostrarse auténtico y no marxista por querer transformar sin saber ni tener perspectiva histórica, para conocer el pasado e intentar cambiarlo todo como si no hubiera cimientos.

Así que esta columna es un recordatorio a un político, que ya residente, ha de saber cómo construir la democracia sin populismos y no intentar destruirla “’gobernando mediante decretos” (Steven Levitsky y Daniel Ziblatt: Cómo mueren las democracias, traducción de Gemma Deza Guil; editorial Ariel, 2018). Ni mediante memorándums desafiantes para presumir el poder absoluto de “presidentes que encuentran obstáculos para sacar adelante su programa pueden esquivar a la asamblea legislativa emitiendo órdenes ejecutivas, proclamaciones, directivas, acuerdos ejecutivos o memorandos presidenciales”.

Lo escrito por nuestra periodista Denise Dresser ha dejado un testimonio del deber cumplido, permaneciendo de guardia ante la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Es con esta o contra ella. Y López Obrador se está manifestando contra ella, traicionando su legitimidad de presidente electo para guardarla y hacer guardar, sin concesiones a los caprichos de quien está probando que puede hacer lo que se le pegue la gana, sin recibir críticas que lo llamen al orden constitucional.

Álvaro Cepeda Neri

[OPINIÓN] [DEFENSOR DEL PERIODISTA]