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Sólo el que ha sido atendido en las clínicas u hospitales del servicio de salud, ya sea del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) o de la Secretaria de Salud sabe de verdad sobre las carencias de infraestructura e insumos: medicamentos principalmente, pero también camillas, tanques de oxígeno, instrumental, aparatos de diagnóstico y un largo etcétera; además de la falta de componente humano: médicos, enfermeras, anestesiólogos, laboratoristas, paramédicos y demás profesionales que trabajan en el cuidado de la salud de los derechohabientes. Los que hay no son suficientes para atender las necesidades de salud de nuestra población.

Sólo el que ha esperado durante horas para ser atendido en una consulta en el área de medicina externa sabe de desesperación; sólo quien ha ido enfermo y ha regresado a casa con paliativos para el dolor y no medicamentos efectivos sabe de humillación; sólo al que se le ha muerto un familiar en los pasillos de uno de esos nosocomios, tras días de esperar un cuarto, porque cuando necesitó oxígeno no había tanques o debido a que no había el medicamento que urgía se le administrara, sabe de impotencia; sólo quien ha pasado por las entrañas de nuestros hospitales sabe la dimensión de la crisis en la que se encuentra nuestro sistema de salud.

Sólo ellos parecen saber que esa crisis no se detonó hace unas semanas con la retención temporal –ya fluyen los recursos– de los montos económicos destinados a las dependencias; y también saben que esa crisis tan anunciada en los medios durante los días pasados tuvo su origen hace ya varios años, pero ahora fue potenciada mediáticamente por las voces opositoras a la “cuarta transformación”, azuzadas por las farmacéuticas que desde hace años proveen a los institutos de salud del Estado y que ahora están bajo el escrutinio de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

Los médicos y enfermeras que han protestado desde hace décadas, que le han pedido a los gobiernos federales panistas y priístas medicamentos suficientes y las herramientas adecuadas para tratar a los pacientes, ellos también saben que las carencias del sistema de salud son tan añejas como el neoliberalismo en nuestro país. Los médicos, las enfermeras y los administradores de los escalafones inferiores saben, como también los de arriba, que el desabasto de medicina no es una novedad y que se debe a contratos amañados, a compras a sobreprecio, a robos de medicamentos, a faltantes en porcentajes en los envíos de los insumos –como en el caso de los faltantes de combustibles en cada pipa y cada buque tanque– establecidos y aceptados; y a un sinfín de corruptelas más que fueron pudriendo un sistema de salud que en sus inicios era un modelo latinoamericano.

No se puede renovar una estructura amañada y corrupta con la verbigracia presidencial, porque aunque López Obrador diga que los mexicanos no somos corruptos, la realidad es que hay muchas personas que han hecho de robar un estilo de vida con contrato en mano y licitación o adjudicación a modo; por ello es necesario tomar medidas de fiscalización y vigilancia desde las estructuras hacendarias y otras instancias sobre los recursos destinados y su uso. Es necesario, como en el caso de Petróleos Mexicanos (Pemex), de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y de las estancias infantiles, que se revisen los contratos y toda adjudicación de compras; que se investigue a los proveedores para ver si no tienen lazos de parentesco o de amistad con políticos o altos funcionarios de las instituciones a las que les venden. Es indispensable que se revisen los montos de las transacciones y las cantidades de los insumos recibidos; y una operación de tal magnitud requiere tiempo, ajustes, y modificaciones que sin duda causarán inconvenientes tanto al personal de las instituciones como a los pacientes de las mismas. Contrariedades que han sido magnificadas por los detractores de la “cuarta transformación” y propulsadas por la planeada renuncia de Germán Martínez al IMSS.

La renuncia de Martínez –político acostumbrado a claudicar y dejar inacabadas sus encomiendas– puede tener un trasfondo más allá de su “inconformidad” por la situación “crítica” del IMSS. Martínez pudo abandonar el cargo debido a que la reconstrucción del IMSS es una tarea enorme y, sin la chequera a su disposición, la encomienda poco lo haría lucir políticamente, además de que un fracaso en tal empresa lo sepultaría para sus próximas aspiraciones políticas, y con una renuncia que lo muestra “contestatario” y comprometido con sus ideales, cualesquiera que estos sean, ahora se atrincherará en el Senado y desde su posición podría impulsar un movimiento dentro del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), crítico a Obrador; cimentando así sus jugadas políticas para un futuro no muy lejano.

Los amlofóbicos, muchos de ellos “periodistas” y comentócratas que han sido expuestos en una lista por haber recibido millonarias sumas de dinero durante la administración peñanietista, esos “adalides” de la justicia y la verdad desinteresada vociferan que el sistema de salud mexicano se cae a pedazos y que el culpable es López Obrador; y los internautas furiosos, los que votaron por Fox, Calderón, Peña y por el perdonador de impuestos José Antonio Meade, esos reproducen las mentiras, y las suposiciones; hasta aseveran que los recursos antes destinados al sistema de salud se han cancelado, o que se han reasignado al beisbol o a cualquier otra actividad o área; incluso señalan en número las muertes causadas por la falta de medicamentos en este o aquel hospital y le cargan los difuntos al presidente.

Señores detractores, la falta de medicamentos es una realidad vetusta, pero ustedes parece que apenas se han dado cuenta de ello. Avezados “periodistas”, las protestas dentro de los gremios de médicos y enfermeras por falta de condiciones adecuadas e implementos suficientes para ejercer su labor se han repetido sexenio tras sexenio. Internautas opinadores con servicio médico particular, ya que están indignados por la salud del mexicano más desprotegido pasen por alguna de las clínicas del IMSSS o del ISSSTE o de la Secretaria de Salud para que conozcan el purgatorio de salud que millones de mexicanos hemos andado. Si ustedes, que pocas veces o nunca voltearon a ver la situación de los servicios de salud, hoy gritan indignados hasta por la falta de una aspirina en una clínica de un municipio serrano del estado más pobre del país, eso quiere decir que la transformación se está dando.

Roberto E Galindo*

*Maestro en apreciación y creación literaria, literato, arqueólogo, diseñador gráfico. Cursa el doctorado de novela en Casa Lamm. Miembro del taller literario La Serpiente

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