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Santiago de Chile, Chile. Sede en diciembre próximo de la Cumbre de la Organización de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (25 Conferencia de las Partes, COP25), Chile tiene hoy por delante el reto de al menos mitigar la contaminación de sus ciudades, uno de los principales problemas medio ambientales del país.

Ese es considerado por gran parte de la población el mayor problema ambiental en Chile por la cantidad de personas que lo sufren, lo que fue corroborado por una Encuesta Nacional del Ministerio de Medio Ambiente  en 2018 que confirió a ese asunto el primer lugar.

Según estudios, casi todas las grandes ciudades del país están afectadas en exceso por uno o más contaminantes atmosféricos y muchas están abocadas a desarrollar planes de descontaminación.

Las situaciones más graves se presentan en lo que se ha denominado “zonas de sacrificio” que son cinco territorios donde operan las 27 termoeléctricas a carbón que existen en el país: Mejillones con ocho plantas, Tocopilla (siete), Huasco (cinco), Puchuncavi/Quintero (cuatro) y Coronel (tres).

Según datos oficiales en esas cinco comunas (municipios) las plantas emiten el 91 por ciento del bióxido de carbono (CO2), el 97 del bióxido de azufre (SO2) y el 88 del material particulado de todo el parque eléctrico nacional.

Por ello se ha conformado la campaña ciudadana denominada “Chao Carbón” que exige al presidente Sebastián Piñera el cierre de esas generadoras de electricidad antes de 2030 y sustituirlas por plantas basadas en fuentes no contaminantes.

A ello se suma la contaminación atmosférica en casi todas las ciudades del sur, por la quema de leña, lo que se agudiza en la etapa invernal cuando aumenta el empleo de ese material para la calefacción.

Al respecto, siete ciudades de Chile figuran entre las 10 más contaminadas de Latinoamérica, según un informe elaborado por la organización ambientalista Greenpeace, el cual ubica en los primeros cinco puestos a Padre Las Casas, Osorno, Coyhaique, Valdivía y Temuco, mientras que Santiago y Linares ocupan los lugares siete y diez.

En ese escalafón, Greenpeace consideró la calidad del aire sobre la base de los niveles de partículas finas conocidas como PM2.5.

Por países, en una lista de 73 naciones a nivel mundial, Chile se ubica en el lugar 26 entre los más contaminados, sólo superado en el área latinoamericana por Perú, que ocupa el puesto 21.

En total son más de 9 millones los chilenos expuestas a niveles de contaminación por sobre las normas internacionales, lo que ya causó miles de muertes prematuras en los últimos años, reveló por su parte un reciente estudio del Ministerio de Medio Ambiente.

El informe plantea que 3 mil 494 personas murieron durante 2017 como resultado de una exposición prolongada a altos niveles de contaminación, principalmente de enfermedades cardiopulmonares, y otras 90 mil debieron recibir atenciones de urgencia.

En tanto, el presidente Sebastián Piñera ha reiterado el compromiso del país de reducir en 30 por ciento las emisiones de CO2 para el año 2030, e incluso adelantar la fecha de cumplimiento de esa meta.

Precisamente, la “descarbonización” de la matriz energética es un reto que el gobierno hasta ahora ha prolongado en el tiempo, alegando inconvenientes económicos, aunque especialistas consideran que es posible lograrlo en un periodo prudencial sin afectar el desarrollo del país.

En contraste, Piñera también ha señalado que con vistas a la celebración de la COP25: “Vamos a tener que avanzar en que los países asuman compromisos más ambiciosos, más exigibles, porque los acuerdos de París no son suficientes para evitar que el mundo siga transitando por un camino que pueda terminar en tragedia”.

El mandatario se ha referido también a otras vertientes para luchar contra el cambio climático como incrementar la reforestación, el cuidado de la Antártica y los océanos  y continuar con los programas para incrementar el uso de vehículos eléctricos.

Actualmente, el Ejecutivo avanza en un programa de introducción de ómnibus eléctricos en el servicio público que llevaría a Chile a convertirse en el segundo país del mundo con mayor uso de ese tipo de transporte después de China.

Sin embargo, algunos especialistas han advertido que las reales ventajas de esos equipos se relativizan cuando se tiene en cuenta que la electricidad de la cual se nutren, es proporcionada por plantas que emplean el carbón mineral.

Añaden que los sucesivos gobiernos de Chile, incluido el actual, están en deuda a la hora de garantizar el derecho constitucional que plantea “vivir en un medio ambiente libre de contaminación”.

Asimismo advierten que terminar con la contaminación atmosférica en Chile sería un gran avance para proteger el ambiente y la salud de la población nacional; pero también el mayor aporte que Chile podría hacer para el desafío global de reducir los cambios climáticos.

Rafael Calcines/Prensa Latina

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