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El futuro de las secundarias técnicas está en vilo: condicionado a las reformas a leyes secundarias, luego de que el Congreso de la Unión no entrara al fondo de la discusión del modelo educativo. Ciclo escolar 2019-2020 podría comenzar otra vez sin talleres técnicos

Suena la chicharra en la Escuela Secundaria Técnica número 48, Narciso Bassols. Como todos los días, a las 17:40 horas, ese sonido indica el fin del receso de 20 minutos, por lo que los adolescentes deben regresar a los salones. Algunos entran corriendo y la coordinadora, que los observa desde el patio, les llama la atención; otros terminan de comprar dulces, agua o alimentos para sobrevivir lo que resta de la jornada, que concluye hasta las 21:00 horas.

De cara al próximo inicio del ciclo escolar 2019-2020, las 4 mil 711 secundarias técnicas del país se mantienen en la incertidumbre y una de esas es la Narciso Bassols. Y es que la reforma educativa que promovió el gobierno de Andrés Manuel López Obrador no resolvió el tipo de modelo que se aplicará en agosto, por lo cual podría mantenerse vigente el del gobierno de Enrique Peña Nieto, que eliminó los talleres que daban razón de ser a esas escuelas.

Así, en el ciclo escolar 2018-2019, la esencia de este tipo de formación técnica fue anulada para dar paso a los clubes de estudio que no tienen por vocación desarrollar habilidades para el trabajo. El cambio afectó a las tres generaciones que aún se encuentran en clases, porque no fue gradual: se implantó de tajo.

Por ello, los alumnos de primero, segundo y tercer grados de la secundaria 48 ahora se mezclan en la misma aula para poder tomar el club de estudio que les corresponde y que es multigrado. Algunos se muestran ansiosos por aprender; otros, no tanto, pues preferirían estar en sus antiguos talleres.

Mientras esperan al profesor, en el aula reina la algarabía. Los alumnos que no platican, revisan sus teléfonos móviles, e incluso hay quienes usan una botella de agua como si fuera balón de futbol para distraerse. Cuando anotan un gol tratan de no gritar, pues en cualquier momento los puede pillar el prefecto.

Rosa, una estudiante de tercer grado, aprovecha este momento para explicar a Contralínea que su futuro es incierto por la eliminación de los talleres técnicos: no cuenta con los suficientes recursos económicos para acudir a un curso y prepararse para el examen de nivel medio superior que le dé esperanzas de entrar al bachillerato de su elección, o tendrá que dejar de estudiar y emplearse en algo.

“Creo que es muy difícil entrar a una prepa por la demanda que hay; por eso quería seguir tomando mi taller para que cuando saliera de la secundaria al menos me pudiera dedicar un poco a lo que ya estaba aprendiendo”.

Lidia Gómez, subdirectora de este plantel, comenta que la mayoría de los alumnos, sobre todo los de tercer grado, preguntaban constantemente por qué ya no había talleres. “Los chicos que cursan su último año fueron los más perjudicados de alguna manera, porque ellos llevaban 2 años de taller y de repente entraron a otra modalidad. Ya no van a recibir un documento que avale la preparación técnica. Los de primero son los que entran con el modelo y se van a ir adaptando a esto; en cambio los de segundo, ni para allá ni para acá”.

A Carmen, estudiante de segundo grado, no le gustaba su taller de dibujo industrial; y de los nuevos clubes, sólo dice que no le desagradan. Sin embargo, considera que no todos los profesores están preparados, porque imparten cosas que no tienen que ver con las materias.

“Pienso que están bien los clubes porque en algunos sí me enseñan bien. No me gustaba mi taller y aparte gastaba más dinero, porque me pedían escuadras y hojas. Tenía una expectativa de los clubes pero no se cumplió al cien. Además es extraño tomar clase con todos: los [estudiantes] de primero son tranquilos y algunos de tercero los molestan”.

Después de unos minutos, un estudiante que se mantiene alerta avisa que el maestro está a punto de llegar, así que todos se apuran para guardar orden y simular que aquí nada ha pasado.

La enseñanza cambia

En el modelo educativo previo a la reforma de Peña Nieto, los alumnos cursaban 8 horas a la semana del taller técnico que ellos mismos habían elegido. Algunos preferían adquirir conocimientos de instalaciones eléctricas, otros de confección de ropa, incluso estaban los que querían saber de números con la finalidad de dedicarse a ello en un futuro, o al menos aprender algo que podrían aplicar en su vida.

Ahora toman 9 horas de clubes de estudio encaminados a distintas cosas: desde la pintura hasta la robótica. La forma tradicional de tomar un taller en las escuelas secundarias técnicas cambió totalmente, ya que ahora los alumnos de los tres grados toman clase juntos y toman un club distinto en 3 días.

La subdirectora Lidia Gómez explica que a la secundaria Narciso Bassols le proporcionaron el documento Cédula de Madurez Institucional, que detalla si la escuela cuenta o no con una plantilla de docentes completa y con los espacios requeridos.

“Por ejemplo, si tienes alumnos con estas características tienes posibilidad de tantos clubes. Fue todo un proceso y lo seguimos, también lo aplicamos para la evaluación de los alumnos. Los clubes tienen una evaluación cualitativa con respecto a niveles de desempeño que va desde el 1 hasta el 4: el 1 es una calificación insuficiente –como un 5–, y el 4 es equivalente a 10; el 2 y el 3 van del 6 al 9. Esto mismo se aplicará en educación física, educación artística y educación socioemocional, que se están enfocando mucho en las relaciones personales de convivencia”.

El nuevo modelo educativo que se está aplicando en este ciclo escolar 2018-2019 –y que podría extenderse al próximo– no anticipó de los cambios a los profesores ni a los alumnos, por lo que tres generaciones se afectaron al mismo tiempo. A los alumnos de segundo y tercero les quitaron los talleres, y a los de primero no les dieron oportunidad de cursarlos pese a su interés de tener una formación técnica.

En 2017, antes de que entrara en vigor ese nuevo modelo educativo en nivel básico, la Secundaria Técnica número 48 –ubicada en la alcaldía Cuajimalpa– contaba con los talleres de industria del vestido, electricidad, electrónica, dibujo industrial, contabilidad y ofimática. Ahora se imparten los clubes de pintura, robótica, laboratorio de experimentos, matemáticas lúdicas, manejo y control de las emociones, informática, artesanías, finanzas y recorrido por la imaginación de un lápiz.

La subdirectora de esta secundaria explica que el argumento para implantar los clubes fue que se detectaron necesidades e intereses de los estudiantes. Y es que la Secretaría de Educación Pública (SEP) les dio una lista de clubes que proponían, “algunos se retomaron y otros más se avalaron por parte de autoridades con respecto a las propuestas de los maestros. Los directivos de alguna manera establecieron y determinaron cuáles, de acuerdo con las necesidades del plantel, las características y los espacios. Por ejemplo, pudiera ser que alguna escuela tenga alguna alberca o un gimnasio con todo lo que conlleva, entonces se haría un club encaminado más hacia el deporte”.

Ahora existe la autonomía curricular

Para Javier Barrientos Flores, quien fuera director de desarrollo curricular para la Educación Secundaria, los clubes de estudio contribuyen para formar ciudadanos libres, responsables e informados. Además, están enfocados en la formación académica, en la autonomía curricular y en el desarrollo personal y social. Incluso, brinda a cada escuela la facultad de decidir y elegir propuestas curriculares, donde alumnos de distintos grados pueden compartir sus mismos intereses.

La escuelas pueden ejercer la autonomía curricular cuando toman en cuenta las habilidades del personal docente, los recursos y espacios que conforman a cada plantel y preguntando cuáles son los intereses y necesidades de los alumnos. Este nuevo modelo educativo se aplica en 1 mil 162 escuelas que se seleccionaron de nivel básico.”

Lidia Gómez explica que a partir de que entró en vigor el nuevo modelo educativo surgió un espacio que se refiere a la autonomía curricular, la cual va encaminada a ofrecer a los alumnos los clubes de estudio con respecto a sus intereses y necesidades. “Vamos a suponer que hay escuelas que están en el campo y a lo mejor hay clubes encaminados a que ellos sepan cómo cultivar, a partir de la necesidad de la comunidad educativa, desde el espacio de autonomía curricular”.

Los talleres y su aportación en la vida de los estudiantes

En México, en 2016 más de la mitad de la población no logró cursar el nivel medio superior y por ende el máximo nivel de estudios alcanzado es el de la secundaria, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

En ese mismo año, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social estimó que en el país había 53.4 millones de personas en situación de pobreza, lo que equivale al 43.6 por ciento y otros 9.4 millones (7.6 por ciento), en pobreza extrema.

En ese contexto de deserción escolar y pobreza es en el que se inserta la formación técnica en la secundaria. De acuerdo con la Revista Mexicana de Investigación Educativa, las secundarias técnicas contribuyen a la formación para el trabajo en sectores de pobreza: este tipo de escuelas surgieron a finales de la década de 1970 y su objetivo consiste en que los alumnos sean capacitados en un área tecnológica para que al final de haber cursado tres grados egresen con un certificado de secundaria y con un diploma de auxiliar en una determinada especialidad.

Además, refiere, cumplen tres funciones: preparar a los estudiantes para la educación superior, formar buenos ciudadanos y brindar una formación para aquellos que llegaran solamente a este nivel de educación.

La subdirectora de la escuela Narciso Bassols, Lidia Gómez, confirma lo anterior: por cursar los talleres se otorgaba un documento oficial, similar a un título, que avalaba al alumno como técnico. “Ahora los chicos van a tener varios clubes, tres por lo menos en diferentes momentos, pero no tienen ese mismo valor que diferenciaba a las técnicas de otra modalidad de secundaria. Estar en secundarias técnicas era como un plus: al final de tus 3 años de llevar el mismo taller te daban ese papel y pues ya no salías tan en blanco, además de prepararte para el siguiente nivel [educativo]”.

Ejemplo de las oportunidades laborales que generaba este tipo de formación es la vida laboral de Luis Miguel Lemus, quien en su adolescencia estudió el taller de soldadura en una escuela secundaria diurna cerca de Tláhuac. Ahora, el trabajador forma parte de la planta laboral de una empresa que se dedica a la construcción. Allí se hacen moldes metálicos y hay piezas que se deben soldar, explica.

Además durante 14 años se ha dedicado a ello en su propio taller, que le dio las herramientas necesarias para salir adelante, ya que no había concluido el nivel medio superior. Actualmente, comenta, en su trabajo le dieron la posibilidad de concluir la preparatoria.

Profesores no preparados

Consultados por Contralínea, profesores que imparten los nuevos clubes admiten que no están preparados para ello: “No recibí ningún curso para impartir los clubes de estudio”; “yo me preparé de acuerdo con los conocimientos que tengo del taller”; “no recibí ninguna preparación previa para poder dar un club”.

En el caso de la Escuela Secundaria Técnica Narciso Bassols, después de que los profesores de asignatura regresaron del periodo vacacional se les avisó que ellos también iban a impartir clubes de estudio, y no sólo los de talleres técnicos.

En ese momento se les entregó información y se les informó que podían elegir el club de acuerdo con sus conocimientos profesionales. Posteriormente cada uno tuvo que armar su plan de trabajo y programas de estudio en los que se pudieran apoyar.

Roberto González, quien  trabaja en el Sindicato Nacional de los Trabajadores (SNTE) Sección 10 ubicado en la calle República de Venezuela, afirma que se capacitó a los profesores de todas las secundarias a través de un curso en línea. Incluso los maestros debían contar con una maestría o hacerla para poder impartir los clubes de estudio, dice.

La subdirectora de la escuela 48 asegura que a los profesores sí se les ofreció capacitación: “incluso hicimos un curso en general, que fue lo de aprendizajes clave; en ese venía, aparte de cada campo de formación que son las asignaturas, la parte de autonomía curricular, y lo que se debía de saber y cómo se iba a ir trabajando. Los maestros tuvieron que ir organizando sus actividades”.

Josefina Luna, coordinadora de talleres de esta secundaria, explica que no hubo un presupuesto como tal para preparar a los profesores, pero se les avisó que se metieran a un curso en línea antes de salir de vacaciones y que era obligatorio: de esa forma es como se fueron capacitando.

La SEP no gastó en mandar a un especialista para que nosotros pudiéramos saber cómo elaborar un programa para los clubes de estudio. Nosotros de la experiencia que tenemos los fuimos elaborando y también los programas, pero cursos para elaborarlos no nos los dieron”, agrega.

Además explica que de las reuniones del Consejo Técnico mandaban información y material para estudiarlo, de cómo se iba a trabajar, cómo se iban a hacer los clubes y qué era la autonomía curricular. “Los profesores dijeron que no estaban de acuerdo y no muy bien aceptaron estos cambios, pero al final tenemos que trabajar como se nos está indicando, aunque no quisiéramos”.

La profesora Beatriz Martínez, que imparte la materia de biología y el club de laboratorio de experimentos, narra: “de acuerdo con lo que hacemos nosotros en el laboratorio de ciencias pude darme una idea sobre qué hacer para el laboratorio de experimentos. Sin embargo, pienso que sí era necesaria la preparación para poder dar los clubes de estudio y los profesores supiéramos a qué nos estábamos enfrentando, ya que ésta es una nueva forma de trabajo y los maestros como yo sabemos cómo trabajar en académicas pero no lo sabemos hacer en un club de estudio. Sobre esto nos avisaron al término del ciclo escolar anterior y actualmente trato de buscar cosas llamativas para los alumnos donde no sólo estamos haciendo experimentos, sino también manualidades como una alcancía con botellas de plástico”.

La maestra Irma Gaytán, quien se dedica a esa misma materia y club, cuenta que “cuando inició el ciclo escolar el director dijo que iba a dar un club, pero yo no sabía cuál. Los maestros de taller estuvieron trabajando al principio porque ya sabían que les iba a tocar impartir un club, [pero] en el caso de los de académicas se nos avisó hasta que regresamos de vacaciones; el director nos comentó que íbamos a impartir clubes, entonces me puse a ver la lista de los que se iban a trabajar aquí y fue cuando elegí laboratorio de experimentos.

“Elegí un curso que fuera afín a lo que yo imparto. No me ha costado trabajo impartir los experimentos con los niños, pero es una dinámica de cambios. Los niños nos decían al principio: ‘maestra, no entiendo por qué nos dan este club y por qué nos mandan a otro’; yo les decía que no se preocuparan porque nosotros también estábamos en la fase del conocimiento.”

Gaytán refiere que sobre la marcha se ha ido modificando todo: al inicio se suponía que el club era trimestral y luego se modificó a anual. “Todos estos cambios nos han ido afectando y las autoridades [de la SEP] ni siquiera saben eso, porque si supieran nos hubieran mandado programas y ni ellos conocen cómo se van a trabajar. Es bien bonito poner los nombres de los clubes pero los ponen y no hay una base en la que nos podamos basar”.

Para el profesor Ignacio Chávez, quien daba el taller de contabilidad y ahora imparte el club de estudio de finanzas, todo ha recaído en la propia creatividad: “Estudié contaduría y con base en mi perfil ésta es la materia que más me queda, porque las finanzas escolares están inmersas en lo que es la contaduría, la administración y todo eso. Le puse finanzas escolares porque es lo más acorde a la edad de estos chicos. Por ejemplo, las finanzas las llevamos en todo momento, pero no hay una motivación que les diga que tienen que ser consumidores inteligentes, no porque vean que un producto cuesta menos que otro indica que deben comprarlo, es decir, deben adquirirlo cuando lo necesiten”.

Neidy Mendoza, quien daba el taller de industria del vestido, ahora es profesora del club de estudio de pintura. Aunque no recibió preparación especial, comenta: “en el caso de la pintura también estudié eso anteriormente, por eso elegí este club. Nos dieron una gama de clubes que venían en la currícula para que nosotros pudiéramos adaptarnos de acuerdo con nuestras capacidades y a lo que pudiéramos fundamentar”.

La académica considera que el cambio no se ejecutó correctamente: “Comenzamos a estructurar un plan de trabajo, entonces no teníamos sustentos teóricos para poder defender el perfil que nosotros estábamos teniendo en ese momento ni el que tenemos ahora. Entonces sí fue demasiado presuroso: ha sido [un proceso] de buscar mucho material de apoyo para poder desarrollar el club”, finaliza.

Ahora, con la reforma que impulsó el gobierno de López Obrador se mantiene la incertidumbre en torno al modelo educativo y la viabilidad de las secundarias técnicas. El taller técnico, que es su razón de ser, podría haber desaparecido ya para siempre.

Jael de Jesús Rodríguez Rufino

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