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I. Un ensayo de Juan Manuel Roca (aparecido en el suplemento La Jornada Semanal, 27 de agosto de 2017), sobre Henry David Thoreau, nos recuerda a ese pacifista ejemplar, ecologista, luchador contra la esclavitud y defensor de México, que nos dejó apasionadas páginas en su libro Walden, con 18 maravillosas reflexiones. Y un ensayo vibrante: El deber a la desobediencia civil que llegó a motivar a León Tolstoi y a Mahatma Gandhi, puesto que es una convocatoria para combatir (como diría Karl R Popper: “sin derramamiento de sangre”), a los gobernantes –a todos los gobiernos– que, abusando de la violencia y el uso de la fuerza policiaca-militar, imponen sus decisiones y sus leyes para no solamente perjudicar al pueblo, sino para financiar guerras y esclavizar racialmente. Thoreau es un escritor, por perdurable, inolvidable en cuanto el lector va pasando por las páginas de su legado poético y en prosa, donde puso su pensamiento y sentimientos para guiar su férrea voluntad de amor a la humanidad, invitándola a defender la naturaleza para vivir (y no como hoy, solamente sobrevivir, mientras continuamos devastando la vida de los mares, las tierras y la atmósfera).

II. Nunca como hoy está vigente el ensayo El Deber de la desobediencia civil contra los gobernantes que no consultan a los gobernados para imponer, dentro y fuera del país, sus resoluciones. Una y otra vez por más de 10 ocasiones, Thoreau menciona la palabra México, para salir en nuestra defensa contra la guerra de 1847, cuando el Trump de entonces invadió nuestro país con la complicidad de Santa Anna y el conservadurismo político, permitiendo la mutilación del territorio mexicano y Henry David Thoreau protestó. “Reparad –dice– en la presente guerra mexicana, la obra de un número relativamente escaso de individuos que se valen del gobierno establecido como instrumento; pues, para empezar, el pueblo no habría consentido esta medida”. Así inicia su ensayo sobre la desobediencia civil, que cuenta con las censuras a los gobiernos, y la existencia del gobierno como tal: “De todo corazón acepto el lema de que el mejor gobierno es el que gobierna menos… que el mejor gobierno es el que no gobierna en absoluto”. Y en todo caso: “yo reclamo, no la ausencia de todo gobierno, sino, enseguida, uno mejor, en el que cada ciudadano haga saber qué clase de gobierno gozaría de su respeto… Todos los hombres reconocen el derecho a la revolución, es decir, el privilegio de rehusar adhesión al gobierno y de resistírsele cuando su tiranía o incapacidad son visibles e intolerables”.

III. ¿Acaso Thoreau vislumbraba a Trump y a Peña? La pregunta es válida a la luz de su razonamiento: “Cuando doy con un gobierno que me dice: ‘tu dinero o tu vida’, ¿por qué he de apresurarme a darle mi dinero?”. Por eso, hoy más que nunca es necesario asirse a Thoreau que denuncia “la opresión y el robo” de los gobernantes; manteniendo su vigencia la desobediencia civil de no pagar impuestos que se roban los gobernantes. Ésta es una “revolución pacífica” a la que los pueblos deben recurrir para impedir gobiernos que gobiernan demasiado y no tienen límites ni contrapesos. Leer a Thoreau es indispensable para “incurrir en desobediencia al Estado” cuando los gobernantes se exceden en sus abusos. Sus reflexiones políticas son refrescantes y sumamente atinada la pregunta con la que concluye su ensayo: “¿Es la democracia tal como la conocemos, el último logro posible en materia de gobierno? ¿No es posible dar un paso más hacia el reconocimiento y organización de los derechos del hombre?”. De lo anterior se deduce claramente la mirada visionaria de Thoreau; pues esas dos cuestiones son parte de las demandas del pueblo en todo el mundo. Esta educación cuenta con el prólogo de Henry Miller.

Ficha bibliográfica:

Autor:        Henry David Thoreau

Título:        Del deber de la desobediencia civil

Editorial:    Juventud, Barcelona, 2015

Álvaro Cepeda Neri

[MISCELÁNEO]   [EX LIBRIS]