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Es la celebración de los primeros 100 días de gobierno en Palacio Nacional (en una de cuyas habitaciones López Obrador tiene su residencia). A las siete de la mañana del lunes 11 de marzo del año en curso, informan los periódicos tras los noticieros de la radio, la televisión y el internet, de cuanto, con refranes –de los cuales el más popular es: “me canso ganso”– suelta en el micrófono el tabasqueño con su experiencia de candidato que no abandona para no dejar de hablar en cuanto escoge, de entre los reporteros asistentes a esas conferencias, al que le “late” que no lo pondrá en aprietos. Y contesta. O suelta su discurso sobre el asunto político que más le apremia. El día, pues, lunes 11, se retrasa la distribución de los diarios. La Jornada no aparece por ningún lado. Reforma circula, tras citar a su director general a declarar en el SAT, que consideramos otro aviso a la “Prensa fifí y conservadora”.

Pero es el caso que a estas alturas, la mayoría de los medios escritos han bajado la guardia al realizar su función de contrapoder. Igual la mayoría de los noticieros (el de Carmen Aristegui ya no es el de antes y se da el lujo de entrevistar a quien quiera de los empleados de López Obrador). Guadalupe Juárez y Sergio Sarmiento en sus respectivos nuevos espacios al aire no se dejan cautivar, pero miden su crítica. El País publica una crónica de Luis Pablo Beauregard, con el título: Mitin, espectáculo y tribuna de López Obrador. En el cuerpo del trabajo le llama “púlpito”. Y agrega que las conferencias matutinas están “en entredicho”. Es una nota crítica.

Muchos otros diarios de la Ciudad de México tratan con sumo cuidado lo que dice el “señor presidente” quien, últimamente, se hace acompañar de su esposa, quien no es ya “la primera dama”, pero que lleva a cabo gestiones sociales. Ese mismo día el periódico Reforma críticamente hace una revisión de la gestión; sus articulistas Denise Dresser y Silva-Herzog Márquez mantienen su análisis de contrapoder. Roberto Zamarripa, en la misma línea, puntualiza que López Obrtador lleva ya 200 días ejerciendo la gestión del cargo: 100 tras las elecciones y otros 100 al asumir formalmente la presidencia como tal.

Así que la mayoría de los medios informativos parece que andan tanteando con cuidado el terreno: hacen concesiones, pasan por alto información y crítica que deben abordar; y envían a sus reporteros para llevar la nota que ya no es relevante. Es más de lo mismo. Afuera, la popularidad del tabasqueño entre quienes votaron por él y su partido para llevarlo al poder, se mantiene más allá del 70 por ciento. La otra mitad de los que fueron oposición, muestran su pesimismo. Hay desencanto. La economía muestra ya resquebrajaduras. El empleo está congelado. Las calificadoras descalifican y reciben la amenaza de que serán expulsadas.

Empero, a partir de las siete de la mañana y de lunes a viernes (sábados y domingos durante sus giras), el presidente es quien marca dos o tres puntos de la agenda diaria que para la tarde y noche ya es pasado. Y baja la expectación.

Álvaro Cepeda Neri

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