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De los últimos flautistas o chirimilleros que conocí en mi infancia fue Rosalío, Chalío, Arce Zazueta, mayo “puro”. A su muerte le siguió en el toque de la chirimía Santiago, Kutia, Vega Arce, sobrino de Chalío, pues la mamá de Kutia, doña Chalita, era hermana de Chalío. Ya muerto Kutia, el que toca la flauta o la chirimía en el pueblo de Baca es Víctor Alberto, Tory, Arredondo Gil, emparentado por su línea materna con los Arce Zazueta.

Deduzco que la chirimía es un instrumento de origen indígena, prehispánico, que acompañado del tambor y otros instrumentos alegraban las fiestas y ceremonias de los diferentes grupos nativos del Noroeste de México. La flauta o chirimía es un instrumento de caña de carrizo con agujeros, quizá no con la cantidad de hoyos con la que conocemos la flauta comercial o que estudiamos en nuestras clases de música en la secundaria o escuela. En el caso de Baca, no es difícil encontrar carrizos, ya que el nombre mismo de Baca quiere decir: “lugar donde hay o abundan los carrizos y sus cañas”, aunque ya por el rumbo de Baca solo haya a la orilla del río al pie del Cerro de la Chiva, en su camino a Agua Caliente de Baca, por la margen derecha de la ribera de la corriente de agua, y en algunas ocasiones podemos encontrar carrizos donde hace remanso el agua en lugares con piedras. A los carrizos como a los humanos, les gusta vivir en colonia, en grupo.

¿Quién les enseñó a tocar la flauta? Lo desconozco. Intuyo que aprenden oyendo, a puro oído, son líricos, como la mayoría de los músicos de la región. A las 0:00 horas del Jueves Santo los Judíos matan al Nazareno, por lo que se hace un tendido en el centro de la iglesia, a manera de estar velando al occiso, se le ponen veladoras, flores y muchos listones de colores y se tapa; previamente de lunes a miércoles en las procesiones o contis los judíos lo han buscado de noche para darle muerte. Los judíos traen lanzas, machetes y cuchillos de guásima pintadas con tintes de las flores de bugambilia, a semejanza de los soldados romanos. Y todos los viernes de la Cuaresma en el pueblo hay procesión con rezos y plegarias por la tarde.

En el altar de la iglesia se pone un telón oscuro que comunica con el curato y tiene salida independiente que es el lugar donde se coloca el chirimillero. Ahí miré a Chalío algunas veces que entré de niño escudriñando; adoptaba un aspecto sombrío, todo un ritual: se amarraba un paliacate rojo en la cabeza, se ponía un collar con listones de colores, se hincaba, persignaba, y se sentaba a tocar la flauta o chirimía.

Tendido el Señor, como los de la comarca nombran a Jesús, empieza el toquido o notas que despide la flauta, una música lúgubre, de tristeza, de dolor, pues hasta el Sábado de Gloria a medio día, cuando se canta gloria, se oye el lloriqueo de la flauta, de lamento, que no pocas veces algunas señoras que viven y sienten la pasión de Cristo también derraman lágrimas, al ver a Jesús tendido, su Dios muerto por los fariseos o judíos. Tengo presente cuando mi abuela María Valenzuela fiel devota cristiana envuelta en un vestido negro y velo del mismo color, todos los jueves de la Semana Santa minutos antes de las 12 horas del día se encaminaba de su casa rumbo a la iglesia con algunas veladoras en sus manos a orar y rezar frente a Jesús tendido.

Una vez postrado el de Nazaret los judíos son los amos dentro y fuera de la iglesia, el toque del tambor ensordecedor, casi al unísono y otros judíos bailando. Recuerdo que correteaban a los chiquillos y los agarraban y encerraban para que le hicieran guardia al tendido entre dos agarrando dos viejos rifles o mosquetones de manera cruzada.

Durante el tiempo que dura tendido el Señor la cruz en las procesiones acompañadas de los judíos al toque del tambor, que entre otros sones tocan: “Pueblo de Baca, Choix, Sinaloa”, y al revés “Choix, Sinaloa, Pueblo de Baca, y “son los de Huites, son los de Baca”, sale sola, es decir, la cargan sin el Cristo en ella, incluso lleva un manto negro, en señal de duelo, de luto. En mis tiempos de niño y joven estaba totalmente prohibida la música en el pueblo, mientras el Señor estuviera tendido. La música se podía escuchar después de cantar Gloria, que es cuando dentro de la tradición católica Jesús resucita, lo cual es motivo de júbilo.

Fue la Compañía de Jesús o más conocidos como jesuitas los que evangelizaron a los pueblos indígenas del Noroeste de México, y entre ellos a los yaquis, mayos, ahomes, zoes, huites, tehuecos, ahomes, níos, ocoronis, guasaves, bacorehuis, zuaques, y a los sinaloas del pueblo de Baca, etcétera. Fueron ellos quienes trajeron e implantaron las ideas católicas, no sin antes aceptar ciertas prácticas de los nativos que fusionaron en el catolicismo que hoy conocemos en la región.

Guadalupe Espinoza Sauceda*

*Abogado y maestro en desarrollo rural; integrante del Centro de Orientación y Asesoría a Pueblos Indígenas, AC

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