viernes 13, diciembre 2019

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La Habana, Cuba. La Iglesia Católica alemana está contra la pared y busca salir de la crisis por los escándalos de abusos sexuales, 6 meses después de pedir disculpas por los más de 3 mil 500 niños y adolescentes agredidos en las últimas décadas.

Bajo presión de víctimas y fieles horrorizados por la magnitud de los incidentes, la institución religiosa –con 23 millones de adeptos– busca soluciones en medio de una encrucijada a escala global.

Según el presidente de la Conferencia Episcopal, cardenal Reinhard Marx, las investigaciones sobre esos incidentes y, en consecuencia, la necesidad de realizar reformas, demuestran que la institución religiosa está viviendo un giro.

Hace unos 6 meses Marx pidió disculpas tras admitir que al menos 3 mil 677 personas, en su mayoría menores de 13 años, sufrieron abusos en las últimas 7 décadas por miembros del clero.

La publicación del informe puso a la Iglesia Católica –primera confesión de Alemania– contra las cuerdas; sin embargo, para muchas víctimas el esfuerzo por educar llega demasiado tarde.

“Durante demasiado tiempo la Iglesia [Católica] ha negado la humillación, el abuso y la violación de niños. La idea de que aún haya clérigos con una alta carga de culpabilidad tratando con menores es insoportable”, expresó la ministra alemana de Justicia, Katarina Barley, quien exhortó a la institución a cooperar con el Poder Judicial.

Para Barley, las palabras del papa Francisco también deben ser seguidas por acciones, en alusión a la cumbre antipederastia que sesionó en El Vaticano del 21 al 24 de febrero.

Recientemente cientos de personas se manifestaron en Berlín, convocadas por la Comunidad de Mujeres Católicas, para exigir que “no se den cargos a los criminales” y reclamar “acciones penales”.

Además, enviaron una petición de 30 mil firmas a los obispos, en demanda de transformaciones en la congregación.

“Ha llegado el momento de reformas trascendentes y concretas […] debe haber una reacción a la gran crisis de credibilidad”, apuntó el presidente del Comité Central de los Católicos Alemanes, Thomas Sternberg.

Prelados de todos los obispados germanos plantearon proposiciones para acabar con esos hechos, indemnizar a las víctimas y castigar a los culpables, durante un encuentro reciente en Lingen, en el estado federado de Baja Sajonia (noroeste).

Como resultado de la cita, la Conferencia Episcopal anunció la apertura de un diálogo interno sobre el celibato, el abuso de poder y la moral sexual a raíz del sínodo sobre la pederastia celebrado en El Vaticano.

Según su presidente, los obispos se comprometerán a aclarar “qué se debe hacer para obtener una reducción necesaria de ese poder y constituir un orden más justo y legalmente vinculante”, por ejemplo, con el establecimiento de tribunales administrativos específicos.

El también arzobispo de Munich admitió la urgencia de “cambios en el modo de vivir de los obispos y de los sacerdotes”.

Aunque reafirmó la importancia para la Iglesia del celibato sacerdotal en cuanto “expresión de apego religioso a Dios”, el prelado cree en la necesidad de comprender hasta qué punto esa norma forma parte “del testimonio de los sacerdotes” en la congregación.

Es necesario un camino hacia la renovación y el cambio, ya que la Iglesia Católica “no puede seguir así tras la crisis” que ha supuesto este escándalo, manifestó Marx, y subrayó que los obispos deben mantener un diálogo continuo con los afectados.

En ese sentido recordó el sínodo de Wurzburgo (1972-1975) y el proceso de discusión de los años pasados, que “abrió el camino para encontrar una respuesta a los retos actuales”.

Johannes-Wilhelm Rorig, representante especial designado por el gobierno alemán contra el abuso sexual a menores, insistió en que la Iglesia Católica pague una indemnización a las víctimas que “todavía sufren de esta herida abierta”.

Según el informe presentado en septiembre pasado, más de 3 mil niños y adolescentes fueron objeto de esas agresiones por 1 mil 670 miembros del clero, entre 1946 y 2014.

Los autores de la investigación destacaron que esas conclusiones eran incompletas al no poder acceder directamente a los archivos de 27 diócesis alemanas. Sólo pudieron examinar 38 mil dosieres y manuscritos seleccionados por la Iglesia Católica y también constataron la destrucción de numerosos documentos.

Matthias Katsch, quien sufrió abusos en un colegio jesuita de Berlín, dijo al diario español El País que el informe publicado sólo era la punta del iceberg. También consideró que el papa Francisco debía haber aprovechado la cumbre de febrero para convocar también a víctimas de varios países.

“Nosotros somos los que de verdad conocemos qué estrategias utilizan y qué necesitan las víctimas. Ahora sabemos que es una estructura de abusos y de encubrimiento sistemático”, expresó.

La iglesia ha de reconocer que tiene un problema sistémico –agregó Katsch– y ahí es cuando salen los grandes temas: el celibato, la falta de presencia de mujeres, el poder y su jerarquía.

Para el movimiento católico alemán Somos Iglesia, en el clero se necesita un cambio cultural profundo: “No es la institución la que debe estar en el foco, sino los afectados”, señaló.

Los casos de víctimas de abusos sexuales cometidos por miembros de la jerarquía católica no cesan. Cada año se suman más testimonios y personas que siguen esperando respuestas concretas, pese a las promesas de la institución.

Para algunos resulta el ocaso de la fe o el principio del fin de la hipocresía, lo cierto es que la Iglesia tiene el desafío de enfrentar los abusos, hacer reformas e intentar recuperar la credibilidad, en medio de una encrucijada.

Yanet Llanes Alemán/Prensa Latina

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