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I. Ofrezco disculpas así como en otros dos Ex Libris las ofrecí por haber repetido –igual que no pocos autores– la frase: “Estaré hasta la muerte en contra de lo que dices, pero defenderé hasta la muerte el derecho que tienes para decirlo”, que como tal no escribió su inspirador, Francois-Marie Arouet, mejor conocido como Voltaire (1694-1778). Y es que buceando entre libros, encontré la ficha de la escritora-biógrafa: Evelyn Beatrice Hall; autora –con el seudónimo de Stephen G Tallentyre (1868-1956)– de al menos seis libros sobre el pensamiento de Voltaire. Ella es realmente quien en su libro Los amigos de Voltaire de 1906 finalizó el texto con la frase: “Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”. Dicho lo anterior, paso a otra aclaración, pero con respecto al memorable teórico de la democracia: Alexis de Tocqueville (1805-1859). Y a su obra inmortal: La democracia en América, edición crítica de 1988 que conservo, con traducción de Eduardo Nolla, para editorial Aguilar, en dos tomos; publicada la primera parte en 1835 y la segunda en 1840, en París, Francia, con motivo del 150 aniversario de su publicación original.

II. La primera vez que encontré la admirable frase de: “Los problemas de la democracia se resuelven (o se curan) con más democracia”, fue en el libro Estados Unidos, una civilización (editorial Labor, 1975), como cita del político Alfred Emmanuel Smith (1873-1944). Sin mayor averiguación así la empecé a citar. Lo cierto es que esa frase-concepto, no en sus términos, aparece en el segundo tomo de La democracia en América. Dos textos confirman este hallazgo. El del autor Jon Elster, Psicología política, expresa: “Primero señala que en este caso, como en muchos otros, los males de la democracia pueden curarse con más democracia”. Esto relacionado con el ensayo de Claus Offe (autor del magnífico texto: La paradoja de la democracia), quien en el ensayo: Alexis de Tocqueville o la tiranía de la clase media, cita la frase de Elster. Lo anterior nos lleva a sostener que Tocqueville no citó el memorable discurso de Abraham Lincoln de 1863, en el cementerio nacional de Gettysburg, donde concluye que la democracia es “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” (Samuel Eliot Morison, Henry Steele Comnager y William E Leuchtenburg: Breve Historia de los Estados Unidos, FCE, 1980). Es así como Lincoln inscribió la divisa que se completa con la reflexión de Tocqueville sobre la democracia.

III. La democracia moderna, pues, se funda históricamente en el hecho político de 1776, con la Declaración de Independencia del 4 de julio, redactada por Thomas Jefferson. Y en el análisis, si bien sobre la práctica de la experiencia estadunidense al liberarse del colonialismo inglés, de los postulados teóricos de Tocqueville. De esta manera se enriqueció la democracia de la Atenas del Siglo de Pericles, la Sofística de Sócrates a Protágoras (nunca Platón el teórico de la Esparta autocrática), pasando por la República de Roma, a Lincoln y Tocqueville, hasta la actual crisis de las democracias asaltada por políticos y demagogos sin información de la trayectoria histórica de la democracia recreada por ambos; y que Immanuel Kant plantea en su ensayo Teoría y Práctica, para llevarnos al clamor actual de una paz universal a la luz de un derecho internacional soberano. Así que para asirse a la democracia como poder del pueblo y sus libertades para elegir y quitar dirigentes en estados de derecho con sus pesos y contrapesos, hay que darse a la lectura de la obra de Lincoln y Tocqueville. Y resolver los problemas sociales, económicos y políticos con más democracia; en el entendido de que ella no tiene más sustento que “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.

Fichas bibliográficas:

Autor: Lord Charnwood

Título: Abraham Lincoln

Editorial:  Biografías Gandesa

Autor: Alexis Tocqueville

Título: La democracia en América

Editorial: Fondo de Cultura  Económica

Álvaro Cepeda Neri

[MISCELÁNEO][EX LIBRIS]