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Frente a un público joven, la compañía teatral Los Pinches Chamacos busca propiciar la reflexión sobre el tema de migración. Con la puesta en escena de la obra Papá está en la Atlántida, los actores pretenden contrarrestar “el bombardeo de información comercial” que le impide a la juventud desarrollar un pensamiento crítico frente a los fenómenos sociales que viven.

En entrevista, el actor y director Esteban Castellanos explica que construir desde el espacio vacío, con pocos elementos escenográficos, permite que el público también “esté activo e imagine lo que está aconteciendo”. Este ejercicio de participación que involucra al espectador, “permite pensar” las relaciones afectivas que existen detrás del fenómeno migratorio, tan conocido en cifras y en discursos políticos.

“No hay un jardín, no hay un camión, no hay un ataúd. Solo objetos que sintetizan esa realidad. El trabajo de los actores es lo más importante: con nuestro cuerpo vamos construyendo eso que no está en el espacio. Tenemos que imaginarlo para que el público también lo imagine”, detalla.

La compañía, fundada en 2004, lleva al escenario obras de autores mexicanos con temáticas sociales y políticas dirigidas a un público joven. Aunque Papá está en la Atlántida fue escrito por el dramaturgo Javier Malpica hace 13 años, mantiene un discurso vigente ante un fenómeno migratorio que lejos de desaparecer se complica.

Seres humanos detrás del “fenómeno”

“Vas a ver que mi papá se va a poner bien contento cuando nos vea llegar”, le dice el hermano mayor al más pequeño. Ambos son niños que a su corta edad han ido descubriendo el significado de migrar. Tras la muerte de su madre su papá se fue a trabajar a Estados Unidos y ellos cada vez tienen menos motivos para quedarse en México.

Erick Consuelo, quien caracteriza al hermano menor, opina que si bien la migración es el eje central, hay otros temas de por medio: la pérdida, la muerte, el amor, la hermandad. Para su personaje, ir a un lugar desconocido es una “aventura y un viaje de esperanza”, lo que no le impide experimentar la incertidumbre y los peligros en el trayecto.

“Detrás del tema que conocemos como migración está el mundo real, que es particular de todos los migrantes. Cada uno tiene una historia distinta que los orilló a hacerlo y enfrentarse a que se les considere delincuentes, a que sean arrestados o asesinados”, comenta.

Esteban Castellanos explica que su grupo teatral eligen proyectos que los vinculen de forma personal. “Si a nosotros nos duele, nos afecta y nos indigna, sabemos que al público también le sucede, le pasa”. Cuenta que toda su familia es migrante, y muchos primos suyos viven en Estados Unidos. “Conozco sus historias y lo que les ha costado el desarraigo para poder construir otra vida en otro país”.

Nuevas narrativas con rostro humano

Los medios de comunicación cubren las noticias relacionadas con los grandes grupos de migrantes que viajan al norte. Pero generalmente “se habla desde una realidad que no se conoce y se generan discursos antimigrantes porque no se comprende el contexto”, señala en una entrevista Mariana Zaragoza coordinadora del Programa de Asuntos Migratorios de la Universidad Iberoamericana en Ciudad de México (Prami).

En opinión de Mariana es más sencillo repetir un discurso nacionalista de rechazo que hacer un esfuerzo por complejizar y entender la realidad. Por este motivo, coincide con el director Esteban Castellanos cuando comenta que “hoy más que nunca es necesario darle un rostro humano a la migración” a través de nuevas narrativas.

La coordinadora del PRAMI considera importante empezar por no asumir que el migrante es un sujeto uniforme “sino que es tan diverso como todas las personas”. En este sentido considera que “las cifras son importantes porque dimensionan la gravedad del tema pero también es importante saber entender y leer las historias de las personas”.

Acercarse a ver la situación de los niños que migran es una forma de comprender la complejidad del asunto. Mariana ha estado presente en algunos puntos específicos por donde pasan los grandes grupos de migrantes y ha observado que los discursos de rechazo “solo han logrado que estas personas dejen de recibir toda la ayuda humanitaria que necesitan”, lo que afecta de forma particular a los menores.

“La última caravana que salió el 15 de enero de San Pedro Sula, Honduras, se quedó completamente desprotegida en su camino hacia el norte”. En su paso por la Ciudad de México, recuerda Mariana, no recibían comida y no les dejaban agarrar “aventones”. Los trayectos de 15 a 20 kilómetros tenían que ser recorridos a pie por los niños.

“Desde nuestro punto de vista se ha recrudecido el racismo y la xenofobia”, señala. Cree que una de las formas de contrarrestar la discriminación generalizada está en la forma de contar la migración.

Marcial Yangali