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En 1992, un nuevo grupo se hizo con el poder en Argelia para enfrentar, a su manera, el terrorismo islamista. Hoy en día, bajo la presión de las protestas populares, ese grupo trata de conservar su posición creando una tenaza entre Lakhdar Brahimi –quien lo ayudó a conquistar el poder– y los terroristas del FIS, cuya existencia justificó el golpe de Estado.

Argel, Argelia. En oposición con la realidad, agencias de prensa y televisoras argelinas e internacionales divulgaron imágenes de manifestantes alegres y satisfechos luego de la difusión de “carta” atribuida al presidente Abdelaziz Bouteflika [1], donde se anuncia que el actual presidente se retira de la carrera presidencial, la posposición de la elección y una serie de cambios en la composición del gobierno.

En realidad, miles de argelinos no pudieron contenerse y esperar al viernes para invadir las calles, pero no para expresar alegría sino para protestar y rechazar “la carta”.

Una vez más, este presidente que, según la prensa, muestra un estado de salud satisfactorio y regresó de Ginebra después de una serie de exámenes “de rutina”, no apareció públicamente sino que dirigió al pueblo un mensaje escrito de un millar de palabras donde anuncia: que no buscará un quinto mandato presidencial, debido a su edad y estado de salud; que no habrá elección presidencial el 18 de abril de 2019; la preparación de cambios en el gabinete ministerial; la organización de una conferencia nacional en la que participarán todas las corrientes políticas para preparar reformas y un “cambio de régimen”; la convocación de elecciones nacionales en fecha no precisada; y la formación de un nuevo gobierno nacional.

La argucia de la posposición de la elección

El presidente Bouteflika asegura en esa carta que no tiene intenciones de competir por un quinto mandato. Eso plantea una serie de interrogantes sobre los que hicieron campaña en nombre del actual presidente, sobre la recogida de “6 millones” de firmas y sobre la presentación de su candidatura.

Bouteflika declara que su edad y su estado de salud no le permiten presentarse a la elección, lo cual contradice decenas de declaraciones de ministros y de altos funcionarios del Estado, del cuerpo diplomático y de jefes de Estado extranjeros, quienes aseguraron repetidamente a los argelinos que Bouteflika estaba en condiciones de ejercer sus funciones –fue eso lo que declaró, por ejemplo, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, durante su reciente estancia en Argel.

Pero lo más importante es que la posposición de la elección presidencial se anunció un día antes de que el Consejo Constitucional se pronunciara sobre la validez de los expedientes de candidatura.

Al poder no le preocupaban los millones de personas que participaban en las manifestaciones. Esperaba que el Consejo Constitucional –cuya sumisión es notoria– aceptara la candidatura de Bouteflika para anunciar que “las urnas” tendrían la última palabra.

Los manifestantes dieron prueba de gran fuerza de voluntad durante la huelga general. Pero no habrían podido modificar la decisión del poder si los magistrados no se hubiesen unido a ellos.

Después de la concentración de abogados ante el Consejo Constitucional, un millar de juristas se unieron a las manifestaciones, denunciaron las repetidas violaciones de la Constitución e hicieron saber que no aceptarían ninguna decisión que no correspondiese a lo que se estipula en las leyes y la Constitución.

Esa posición modificó la correlación de fuerzas. Un quinto mandato sería una nueva violación de la Constitución e implicaría igualmente represalias contra todos los cuadros nacionales que han acompañado el movimiento, lo cual resultaría imposible sin la complicidad de los jueces.

Es igualmente notorio el hecho de que el “régimen” de Bouteflika sigue ignorando la Constitución, ya que ha decidido posponer la elección sin precisar fechas. El mismo día designó un nuevo primer ministro, Noureddine Bedoui, artífice del quinto mandato y falsificador de 6 millones de firmas.

También creó un nuevo cargo, el puesto de viceprimer ministro, y lo puso en manos del ministro de Exteriores, Ramtan Lamamra. Los conocedores estiman que hay dos facciones y que no lograron ponerse de acuerdo para designar el primer ministro.

Antes, el clan en el poder impidió que los periodistas se acercaran al presidente en Ginebra. Divulgó imágenes de la salida de su caravana del hospital suizo donde se hallaba, de su llegada a Argelia y de la caravana que lo llevó hasta la residencia presidencial, sin que se viese nunca al presidente.

Pronto saldrán imágenes a la luz pública. El avión que despegó del aeropuerto de Ginebra no es el mismo que llegó a Argelia, las fotos de la llegada venían del aeropuerto internacional de Argel pero –según varias fuentes– su avión privado aterrizó en el aeropuerto militar de Boufarik.

El sistema ha seguido generando informaciones divulgadas por la televisora An Nahar, al servicio de Said Bouteflika [hermano del presidente]. Se recurrió a una argucia al difundir imágenes antiguas que muestran al presidente Bouteflika recibiendo al general Gaid Saleh (jefe del estado mayor), al jefe del gobierno Ahmed Ouyahia y al exdiplomático Lakhdar Brahimi. Esas imágenes, que según los conocedores fueron filmadas el 18 de octubre de 2017, fueron transmitidas como si hubiesen sido captadas el 11 de marzo de 2019.

Entre las prerrogativas constitucionales del presidente no está la posibilidad de detener el proceso electoral. El objetivo de esta “carta” es abolir el proceso electoral y prolongar el cuarto mandato sin consultar al parlamento ni acudir a las urnas.

La bomba Brahimi

El régimen de Bouteflika no se irá sin tragarse Argelia. Lakhdar Brahimi –a quien los medios árabes llaman al-Brahimi– ha sido convocado por el régimen para contentar a las masas. Muchos creen que Lakhdar Brahimi proviene de la prestigiosa familia al-Brahimi, una familia militante que fue portadora de la llama de la educación y la reforma en Argelia, en la dévcada de 1950.

Pero Lakhdar Brahimi nada tiene que ver con esa familia prestigiosa sino que es hijo de una familia que colaboró con el colonialismo francés. Su tío, quien también se llama Lakhdar Brahimi, estuvo implicado en la masacre de Dechemia, en abril de 1948. Varios militantes independentistas, incómodos para la carrera de ese tío –candidato de la administración colonial a las elecciones “arregladas” por el célebre Marcel-Edmond Naegelen [2]–, acabaron siendo asesinados.

El falso pasado revolucionario de Lakhdar Brahimi y su inmerecida reputación como diplomático internacional deberían permitir aplacar la cólera del pueblo para que acepte a este personaje, que sigue estando al servicio de Abdelaziz Bouteflika.

En materia de relaciones internacionales, Lakhdar Brahimi es el hombre de Estados Unidos. Fue utilizado como elemento de distracción durante la destrucción de Siria por las potencias occidentales y las monarquías árabes del Golfo [3]. Ramtan Lamamra es, por su parte, un hombre de confianza del presidente de Francia.

Son dos personajes que garantizan la preservación de los intereses de Estados Unidos y Francia, los dos principales actores económicos que más ganancias obtienen en Argelia.

El ministro francés de Exteriores no tardó en expresar su satisfacción ante “la carta” atribuida a Abdelaziz Bouteflika. Anteriormente, el presidente francés Emmanuel Macron había calificado la decisión expresada en ese documento de “razonable”.

Lo que no saben muchos argelinos es que el presidente Bouteflika concedió al partido islamista radical Frente Islámico de Salvación (FIS) –que tomó las armas contra el pueblo y el Estado de Argelia a inicios de la década de 1990– una serie de privilegios especiales en nombre de la “Reconciliación Nacional”.

El FIS es una bomba de tiempo que Bouteflika ha estado escondiendo todos estos años para intimidar a cualquier movimiento que se opusiera a su reinado. La opción se plantearía de la siguiente manera: su régimen o el terrorismo. Eso equivale a tener que escoger entre la peste y el cólera.

La “Reconciliación Nacional” prevé una amnistía para los terroristas islamistas, autorizados a volver a la vida civil pero no a la política.

Madani Mezrag, uno de los dirigentes del Ejército Islámico de Salvación (AIS, siglas en francés) –la rama armada del FIS– ha declarado que el presidente Bouteflika lo autorizó, en el marco de un acuerdo particular, a realizar actividades políticas, a pesar de que su partido no es legal.

Existen numerosos partidos políticos –todos fieles al régimen y que actúan bajo su protección– que lo aprueban incluso cuando viola las leyes. Aunque esos partidos tienen muchos miembros, el régimen no cuenta con ellos: su arma secreta sigue siendo el FIS.

Mezrag asegura que las leyes no le importan mientras exista un acuerdo entre él y el presidente Bouteflika. Afirma que ese acuerdo está por encima de la Ley de Reconciliación Nacional. Ha declarado que no se arrepiente de haber recurrido a las armas en la década de 1990 porque su partido era una víctima y que luchaba para “defender derechos robados”, subrayando que estaría dispuesto a hacerlo nuevamente si se impide a su partido regresar a la vida política.

Eso fue hace 4 años, pero Mezrag no ha reformado su partido ni ha iniciado ningún trámite oficial.

Está esperando el momento preciso… Y es posible que haya llegado ese momento, sobre todo porque actualmente respetar la ley no significa mucho en Argelia.

Referencias:

[1] “Message attribué à Abdelaziz Bouteflika prolongeant son mandat”, Abdelaziz Bouteflika, Réseau Voltaire, 11 de marzo de 2019.

[2] El político francés Marcel-Edmond Naegelen (1892-1978) fue diputado socialista, ministro francés y gobernador general en Argelia (de 1948 a 1951). Nota de la Red Voltaire.

[3] “El Plan Brahimi”, Thierry Meyssan, El-Ekhbar (Argelia), Red Voltaire, 28 de agosto de 2012.

Khalida Bouredji/Red Voltaire

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