Autor:

En 2018, Pemex compró unos 6 mil 500 millones de dólares para reducir supuestamente el déficit estructural en esa moneda y manejar su deuda, que superó 1.9 billones de pesos. Esta estrategia –avalada por el Banxico y supervisada por Hacienda– fue recomendada por la administración de Peña a la de López Obrador.

A fines de julio del año pasado, la administración del ingeniero Carlos Treviño en Petróleos Mexicanos (Pemex) recomendó al equipo de transición de Andrés Manuel López Obrador que el manejo de la deuda de la petrolera incluyera un esquema de compra de dólares.

El informe de la situación financiera preparado ex profeso para el cambio de gobierno indica que la operación de Pemex, invariablemente, arroja un saldo deficitario en dólares. También, que éste se amplifica por el servicio de deuda, ya que los pagos se realizan mayoritariamente en esa moneda.

Abiertamente, el gobierno de Enrique Peña recomendó a su sucesor “asegurar la continuidad de un mecanismo institucional que permita a Pemex la compra de dólares, permitiéndole utilizar sus excedentes en pesos y no incurrir en endeudamiento adicional en esa moneda”.

Para entonces –31 de julio de 2018–, la empresa productiva del Estado reconocía un saldo de deuda consolidada de unos 103 mil 800 millones de dólares (1 billón 915 mil 110 millones de pesos al tipo de cambio de aquel día, de 18.45 pesos por dólar). De éstos, el 65 por ciento fue contratado en dólares, 17 por ciento en euros, 11 en pesos, 3 en UDIs, 2 en yenes, 1 en libras esterlinas y otro 1 por ciento en francos suizos.

“El plazo promedio de la deuda es de 9.75 años, el cual ha observado una tendencia creciente en los últimos años. El costo promedio en dólares es de 5.28 por ciento”, refería el informe entregado al equipo del ingeniero Octavio Romero Oropeza, actual director general de la compañía.

Pemex ya tenía experiencia en este tema: especulaba con la compra de dólares desde 2017 (cuando adquirió 3 mil 850 millones) y luego en 2018 (con la compra de 6 mil 500 millones más), con el supuesto objetivo de reducir el déficit estructural en esa moneda, y para ello contaba con el aval y complicidad del Banco de México.

La estrategia, que operó de forma exclusiva a través de Nacional Financiera (Nafin), tenía vigencia al último día del sexenio pasado: 30 de noviembre.

A lo largo de 2018, las operaciones fueron supervisadas directamente por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, a cargo del también exdirector de la petrolera, José Antonio González Anaya.

Las reglas del Banxico indicaban que estas transacciones se realizarían sólo en casos de operaciones relacionadas con importación de petrolíferos a través del Grupo PMI, y –para 2018– por un monto máximo de 6 mil 500 millones de dólares (que se definiría por la capacidad de los flujos operativos excedentes en la caja de moneda nacional).

Cada día, Pemex tenía permitido hacerse hasta de 75 millones de dólares, detalla la Memoria documental. Agrega que las reglas incluían como condición que el precio pactado de compra con Nafin a las 10:00 horas no observara una depreciación de 1 por ciento o más con respecto al tipo de cambio FIX del día anterior.

Déficit en dólares

La evaluación que Pemex entregó al equipo de transición indica que, en 2017, la empresa productiva del Estado tuvo un déficit de 21 mil 422 millones de dólares, que fue cubierto por 19 mil 309 millones de dólares a través de operaciones de financiamiento, que respetaron el techo de endeudamiento neto autorizado y que incluyó la utilización de líneas de créditos revolventes. Además, la petrolera admite en su Memoria documental que compró 3 mil 850 millones de dólares con los recursos excedentes en la caja de pesos.

En julio del año pasado, Pemex proyectaba un déficit de alrededor de 21 mil 500 millones de dólares para hacer frente a sus obligaciones operativas y financieras en 2018.

Ante este escenario, la administración del ingeniero Treviño planeó cubrirlo con nuevas operaciones de financiamiento por 15 mil millones de dólares, respetando el techo de endeudamiento neto autorizado; y con la compra de 6 mil 500 millones de dólares a través de su filial “privada” PMI Comercio Internacional, para lo cual se utilizarían los recursos excedentes en la caja de pesos.

“Para lograr la consecución de los objetivos relacionados con el endeudamiento y cubrir las necesidades de Pemex, es fundamental mantener vigente el esquema de pago en pesos a PMI [Comercio Internacional] implementado en 2018, efecto equivalente a la compra de dólares por parte de Pemex, o bien un mecanismo similar autorizado por el Banco de México (Banxico)”, sugería la entonces administración saliente.

Según el informe, para 2019 el monto de endeudamiento neto presentado para aprobación al Congreso contempló 4 mil 350 millones de pesos como deuda interna y 7 millones de dólares como externa, que en total ascienden a 135 mil millones de pesos.

No obstante, Petróleos Mexicanos no contratará deuda en este año, según anunció el pasado 15 de febrero el maestro Alberto Velázquez, director corporativo de Finanzas de la petrolera, y ratificó el gobierno de López Obrador el 18 de marzo, al conmemorar el 81 aniversario de la expropiación petrolera.

Pemex ya tenía pactados los créditos

Al referirse a las líneas revolventes comprometidas, el informe de la situación financiera revela que Pemex ya tenía apalabrados créditos para el actual sexenio.

Desde julio del año pasado estaban vigentes cinco líneas de crédito bancarias comprometidas –entre 2019 y 2021­– por un monto de 6 mil 700 millones de dólares y 23 mil 500 millones de pesos.

De éstas, tres estaban pactadas para este año: 3 mil 500 millones de pesos a junio; 20 mil millones de pesos a noviembre, y 1 mil 500 millones de dólares a diciembre. Una era para 2020, por 3 mil 250 millones de dólares, al 5 de febrero; y una más para enero de 2021, por 1 mil 950 millones de dólares.

Según la pasada administración, “la posición financiera de Petróleos Mexicanos se ve fortalecida por las líneas de crédito bancarias comprometidas de la empresa”.

Éstas (revolventes y comprometidas) son fundamentales para el manejo de liquidez, flexibilidad financiera y ejecución en los mercados financieros de Pemex, señala el informe. “En adición a su utilización práctica, representan una importante señal de liquidez de cara a distintos mercados y contrapartes (esto es, agencias calificadoras), particularmente frente a eventos de estrés”.

Para la administración del ingeniero Treviño era indispensable que en este nuevo gobierno Pemex actuara con suficiente anticipación para renovar estas líneas, manteniendo un diálogo constante con el sistema bancario.

Con ello se daría continuidad a la política de administración activa de la deuda, orientada supuestamente a mejorar el perfil de vencimientos de deuda de corto plazo, así como a extender la vida media del portafolios.

Los objetivos de Pemex

Cuatro meses antes de concluir, el gobierno de Peña Nieto recomendó a la futura gestión de López Obrador no sólo buscar un mecanismo para que la petrolera comprara dólares y mantener disponibles las líneas de crédito revolventes, sino también realizar “operaciones de refinanciamiento y manejo de pasivos encaminadas a mejorar el perfil de amortización de deuda, aprovechando las oportunidades que se presenten en los mercados financieros”.

Asimismo, utilizar las herramientas otorgadas por la reforma energética para recurrir a fuentes de financiamiento distintas a las tradicionales, procurando disminuir el costo de fondeo y buscando diversificar la base de inversionistas; y mantener una intensa actividad de relación con inversionistas.

Hasta 2018, el endeudamiento anual promedio de la petrolera ascendía a 140 mil 700 millones de pesos. No obstante, el plan financiero del gobierno de López Obrador para Pemex señala que este año no se contratará deuda nueva e incluso se prepagará la existente. De esta manera, por primera vez se dejaría de utilizar discrecionalmente al Grupo PMI para contratar créditos en mercados internacionales.

Nancy Flores

[INVESTIGACIÓN][D][SEMANA]