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Brasilia, Brasil. No bastó la reciente expulsión del secretario de la Presidencia, Gustavo Bebianno, para el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, quien nuevamente tendrá que lidiar con el fantasma de la corrupción en su familia y gobierno.

La ruta del escándalo regresa ahora a uno de los hijos del mandatario, el senador Flavio Bolsonaro, que por lo visto parece estar involucrado en otro desvío de recursos del fondo público electoral para contratar a la empresa de una exasesora y beneficiar asimismo a parientes de otra de sus funcionarias.

El diario Folha de Sao Paulo precisó que “salió del camino correcto” el capital del Partido Social Liberal (PSL), el del padre Bolsonaro, para una de sus asesoras en la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro

Por esas mismas anomalías cayó Bebianno, sospechoso de cometer presuntas irregularidades financieras en el PSL, en los últimos comicios.

Una investigación de la misma publicación indicó que el PSL creó una serie de las llamadas candidaturas naranja (inscripción de mujeres que no reciben votos), con el claro objetivo de recibir fondos electorales en las elecciones de octubre, cuando Bebianno lideraba la organización política.

El rotativo aseguró que ese partido proporcionó 400 mil reales (unos 106 mil dólares) de dinero público para financiar los gastos de supuestas candidatas sombra para diputadas por los estados de Pernambuco (Nordeste) y Minas Gerais (Noreste) que obtuvieron raquíticos votos en el sufragio.

Ante las recriminaciones, el exhombre de confianza del presidente intentó negarlas y aseguró que en varias ocasiones conversó con el jefe de Estado cuando permanecía ingresado en un hospital en Sao Paulo, donde se recuperaba de una cirugía abdominal tras sufrir un cuchillazo durante la campaña electoral en septiembre.

Bolsonaro objetó entonces públicamente a su ministro y otro de sus hijos, el concejal Carlos Bolsonaro, también publicó un audio en redes sociales para revalidar que su padre nunca habló con Bebianno.

En medio de ráfagas verbales de ambos lados, siempre a través de los medios, el abogado de profesión declara a la revista Crusoe: “No soy un niño y el presidente sabe. El presidente tiene miedo de recibir algún salpicado”. Después amenaza con revelar acciones y hechos ilícitos de la campaña que llevó a su otrora jefe a la Presidencia.

Como parte de otro capítulo de la novela, la revista Veja divulga audios de Whatsapp sobre conversaciones entre el excapitán del Ejército y su exministro. En los mensajes queda peligrosamente expuesto un gobernante que, en menos de dos meses en el cargo, está preocupado por el escándalo de las candidaturas naranja.

También queda en entredicho los desmentidos del presidente y su hijo sobre las conversaciones con Bebianno. Veja desnuda el intercambio de mensajes que ocurre aparentemente el día en que los Bolsonaro niegan la conversación.

“Querer empujar esa papa caliente de ese dinero allí para la candidata en Pernambuco a mi cuello, ahí no va a salir bien… Ahí es deshonestidad y falta de carácter”, reclama el exmilitar.

Bebianno replica diciendo que nada ocurrido en los estados era de su responsabilidad y evalúa que el presidente fue “bien envenenado” contra él.

En la rueda del infortunio también cayó ahora, junto a Flavio Bolsonaro y Bebianno, el ministro de Turismo, Marcelo Alvaro Antonio, sospechoso de usar abanderadas naranja para manipular fondos electorales.

Ante el ruido, el jefe de Gabinete, Onix Lorenzoni, precisó que el gobierno observa y acompaña la realidad de Alvaro Antonio, aludido por supuesto movimiento indebido de fondos mediante candidatas naranja en la campaña electoral del PSL de Minas Gerais. Se espera que el titular renuncie.

Debemos aguardar un tiempo para que broten todas las aclaraciones y ver si existe algo grave de responsabilidad directa del ministro, respondió Lorenzoni.

Nuevamente Bolsonaro tendrá que tomar una decisión sobre un ministro y para muchos analistas aflorará la desconfianza hacia sus hombres leales, bajo la angustia que produce la espera de otros males en su gobierno.

Osvaldo Cardosa/Prensa Latina

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