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Han pasado 3 décadas desde que el centro colonial de México fue declarado Patrimonio de la Humanidad; sin embargo, solamente se atendió el perímetro A en donde el proceso de regentrificación fue iniciado, es decir, se rehabilitó y refuncionalizó; se reactivó el área en general. Pero el proceso no está consolidado, ya que persisten algunos pequeños espacios sin atención y no se cumple la norma patrimonial de las fachadas sin anuncios luminosos, entre otros aspectos.

El perímetro B, como no tiene un corredor financiero, no tiene un espacio tan grande como la Alameda, no contiene edificios monumentales grandes e importantes en la vida pública nacional, fue descuidado inexplicablemente. Está en ruinas en varias microzonas y contiene lugares como el Teatro del Pueblo, por mencionar alguno. Predomina en él la vivienda en vecindad producto de las grandes casas coloniales, así como edificios pequeños para uso de oficina que se utilizan como bodegas.

A la altura del Teatro del Pueblo y la calle Belisario Domínguez (del Metrobús), se está logrando una transformación inmobiliaria informal hacia plazas-bazar comerciales; no se culpa a los actores sino a los burócratas. Está desapareciendo casi por completo el comercio callejero en vía pública que es formal. Los edificios tradicionales se transforman en áreas comerciales, siguiendo el patrón del proceso de reordenamiento que inicio el gobierno en el perímetro A pero sin un programa institucional formal. No existe un plan maestro de regentrificación (el reordenamiento territorial está fuera de borda) no se está resguardando el patrimonio inmobiliario que yace ahí y es rico pero no es monumental aéreo, sobre todo las fachadas y en algunos casos la distribución original del uso del espacio que tuvo la ciudad colonial.

El perímetro B contiene  un estilo de arquitectura que no se ve en otras zonas de la ciudad, también contiene edificios en ruinas. El hallazgo es que hay esquinas truncas en las que con base en dos ángulos, y no uno, queda un espacio que corta la esquina y en el que se abre una pequeña fachada rectangular que contiene detalles barrocos tipo retablo. El área está llena de edificaciones coloniales y neocoloniales con diversos tipos de balcones que conforman variedad de fachadas según las épocas constructivas del lugar y sus usos secundarios al perímetro A.

Es urgente se rectifique el patrón constructivo del área, se reconozca también por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura; se recupere el patrimonio, y se logre hacer de todo ese perímetro que rodea, circunda, al perímetro A, un área también digna del centro de la ciudad, turística internacional en la que se genere empleo formal y sea posible el esparcimiento popular y turístico local en sus calles, potenciando el área comercial con restaurantes rústicos tipo la colonia Condesa.

El perímetro B contiene Tepito y la Merced, el primero sufrió un rediseño en el Eje 1 Norte, en la pasada gestión del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), recuperando los dos carriles para el transporte público de camión, mismo que está revertido totalmente y representa un bastión de la corrupción tolerada por las autoridades desde que surgió, al tiempo que representa una lucha por el espacio y sus identidades barriales.

La Merced pasó de ser el lugar de abasto de la ciudad a ser un lugar de esparcimiento de ciudadanos marginados, es área de recepción y refugio de indígenas inmigrantes de todo el país que son segregados del desarrollo humano nacional y representa una zona de todo tipo de informalidades, lo que hace de la microzona del perímetro un lugar de segregación de indígenas y mestizos inmigrantes a la ciudad en el que se concentran todos los malestares de la ciudad informal; basura fuera de lugar, sexoservicio sin control, extensión del comercio, pérdida de plusvalía, etcétera.

Gustavo de Hoyos*

*Antropólogo; maestro en políticas públicas; investigador del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología

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