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Sorprendió la postura italiana con respecto de Venezuela. Se desmarcó de la mayoría de los países de la Unión Europea para decir que no reconoce a Guaidó como presidente de ese país latinoamericano. Italia está por recibir al presidente chino, con el que ha llegado a acuerdos económicos y comerciales sin precedentes entre los dos países, todo sin dejar de pertenecer a la OTAN.

Hace pocos días el gobierno del Movimiento Cinco Estrellas y la Liga Norte en Italia dejaban desconcertados a los demás países miembros de la Unión Europea: informaron mediante una nota oficial del Ministerio de las Relaciones Exteriores que Italia no asumía la responsabilidad política de entrar en asuntos internos de otros países, en particular Venezuela, y que por ende se distanciaban completamente de las decisiones de la Unión Europea con respeto del reconocimiento o no del autoproclamado por Estados Unidos presidente golpista Juan Gerardo Guaidó Márquez.

Esta decisión obligaba a la Unión Europea y a su representante, Federica Mogherini, de volver con sus pasos atrás desde el reconocimiento de Guaidó como “presidente” e invitar a los países miembros de la Unión Europea a reunirse, si acaso quieren, para desarrollar políticas amistosas con el gobierno legítimo y constitucional de Nicolás Maduro, y promover encuentros entre gobierno y oposición, actividades que ya se dieron pero que –debido a la injerencia imperial de Estados Unidos– terminaron en un nada.

El viceministro italiano de Asuntos Exteriores, Manlio Di Stefano, fue claro en su nota oficial: “Italia no reconoce a Guaidó, porque estamos absolutamente en contra del hecho de que un país o un grupo de terceros países puedan determinar la política interna de otro país; se llama principio de no interferencia y está reconocido por la ONU [Organización de las Naciones Unidas]”. Y añadió que: “El mismo error se cometió en Libia y hoy día es reconocido por todos; debemos evitar que suceda lo mismo en Venezuela”.

¿Por qué Italia ha tomado esta posición de clara ruptura con la Unión Europea y su aliado estratégico Estados Unidos dentro del pacto criminal denominado Organización del tratado del Atlántico Norte (OTAN)? ¿Acaso Italia tiene un gobierno que realmente ha asumido como su interés la “no injerencia” en asuntos exteriores? ¿De repente hubo un cambio político e histórico en Italia?

Bueno, vamos con calma. Ante todo, aclaramos que no todos dentro del gobierno Liga Norte y Cinco Estrellas están en favor de esta decisión que de toda forma entiendo que es aquella oficial y que no permitió – junto con la posición de México – de que ahora se hubiese estallado una guerra civil dentro de la republica bolivariana de Venezuela.

Al mismo tiempo de las notas oficiales del ya mencionado viceministro de exteriores del Movimiento Cinco Estrellas, otro vicetitular de Exteriores, Guglielmo Picchi, del partido de la Liga Norte, organización política de extrema derecha y xenófoba, declaraba su inconformidad con la posición oficial de su propio gobierno, diciendo que “consideraba terminada la presidencia de Maduro” y llamaba a convocar nuevas elecciones presidenciales que cuenten con presencia de observadores independientes.

Esta posición de la Liga Norte de Salvini no es nueva al respecto, pero dejamos de lado este partido muy cercano a los neofascistas en Italia y volvemos con la novedosa posición política del Movimiento Cinco Estrellas.

¿Qué sucede en Italia? ¿Esta toma de posición muy valiente está relacionada acaso con lo que fue la visita del ministro de Asuntos Exteriores chino para preparar la llegada de Xi Jinping a Roma en marzo próximo?

En esta ocasión, con la visita del presidente de la República Popular de China, el gobierno italiano podría hasta firmar un memorándum de intenciones hacia la nueva ruta de la seda.

Con el gobierno Liga Norte-Cinco Estrellas las relaciones entre Italia y China han tenido una fuerte aceleración. El motor fue otra vez el Movimiento Cinco Estrellas a través “misiones” en China del ministro Di Maio, de su séquito y del ministro Tria. Salvini, por lo contrario, pese a que él mismo había hecho público su voluntad de visitar China luego de las elecciones, recién ha presentado unas fuertes declaraciones muy críticas y xenófobas contra Pekín.

De hecho, justo en estos días se ha dado en Roma la visita del ministro de los Exteriores chino, Wang Yi, al frente de la delegación que prepara la llegada a Italia de Xi Jinping, el presidente chino, entre el 19 y 21 de marzo.

En los días pasados en la Farnesina, en ocasión de la novena reunión del Comité Conjunto Italia-China, Wang Yi, frente a la presencia del ministro de los Exteriores italiano, Enzo Moavero Milanesi, ha destacado las muy buenas relaciones entre Italia y China, mencionando muchas veces la “Nueva vía de la seda”, la cooperación “win-win” y el comienzo de una “nueva era”, hasta en las relaciones diplomáticas.

Justo el megaproyecto de Pekín, el One Belt One Road, debería representar el tema central de la visita de Xi: Italia estaría por lo tanto lista para firmar un memorándum de intenciones sobre la nueva vía de la seda, luego de Grecia, Hungría y Portugal.

Por China se trataría de un resultado muy importante: Italia es uno de los fundadores de la Unión Europea, está en el Grupo de los Siete (G7) y por tradición hace parte del Pacto Atlántico.

Una firma de este carácter –Italia ya es socia fundadora del Asian Infrastructure Investment Bank, el “corazón propulsor” económico y financiero de la nueva vía de la seda– llevaría a un cambio de paradigmas en la política exterior italiana de gran relevancia. Significaría comenzar a pensar a nuevas alianzas menos dependientes de los intereses de Estados Unidos; por ello, se están esperando unas firmas sobre acuerdos que juntan a Huawei con varios proyectos italianos, y todo esto sin dar importancia a la campaña muy feroz que Estados Unidos están desatando contra aquel gigante tecnológico chino.

La firma por el memorándum es algo que se considera ya hecho, si no en marzo, tardíamente en abril, en ocasión del segundo encuentro internacional de los países del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) en Pekín, pero aun no está completamente definido.

Aún hay dos insidias para el gobierno italiano. La primera es de carácter interno y que depende de dichas relaciones ambiguas entre las dos fuerzas de gobierno: la del Movimiento Cinco Estrellas, promotores de un Italia dentro de la nueva vía de la seda, y la Liga Norte, de Salvini, sumisa a la OTAN y a los intereses de Estados Unidos e Israel. La segunda es de carácter europeo: Xi Jinping, antes de visitar Roma, visitará París. Si Francia firmara también dicho memorándum, el “efecto” de la adhesión italiana en la nueva ruta de la seda sería sin duda alguna de menor importancia. Sin embargo, por lo menos en términos de orientación internacional del gobierno, la adhesión italiana a la nueva vía de la seda sería un cambio muy relevante en la geopolítica imperial en la región mediterránea.

Justo es por eso que los problemas internos de la coalición de gobierno no son para subestimarlos, considerando las últimas declaraciones de Matteo Salvini de apoyo a Trump sobre Venezuela y muy críticas contra China, en particular respeto de las políticas chinas en África definidas como de injerencia, fenómeno que Salvini olvida en el ámbito de las continuos crímenes italianos en África y en el Mediterráneo.

Finalmente, hace pocos meses, cuando fue presentada la Task Force China del ministro del desarrollo económico, el subsecretario Michele Geraci, éste había mencionado que la cooperación con China no pondrá en peligro la “vocación atlántica” de Italia.

Claro que, en el caso de las firmas durante la visita de Xi Jinping a Roma, se necesitará evaluar con atención las reacciones de Estados Unidos, así como las consecuencias internas. El gobierno podría intentar comunicar su propia ambigüedad que desde siempre ha reflejado la política exterior italiana, desde su nacimiento como nación en 1861 hasta hoy, comprometerse con el proyecto de la nueva seda, sin perder su vocación atlantista, que puede llevar ventajas muy importantes en su geopolítica imperial, pero que no se trata de un pacto a costo cero.

Así que es necesario señalar que la destacada posición de Italia sobre Venezuela debe tomarse con reservas, sin caer en un jubilo, ya que oficialmente está de acuerdo en la no interferencia en asuntos de otros países, pero con la aclaración, sobretodo, que el gobierno italiano no está “ni” con Maduro, “ni” con Guaidó. ¿Y si fuera que mañana tampoco estará “ni” con China, “ni” con Estados Unidos, destacando como siempre sus vueltas en política exterior?

Al parecer, Italia tiene a la “amante” China pero su “esposa” sigue siendo Estados Unidos, la OTAN dentro de la política perversa imperial en la región mediterránea.

Alessandro Pagani*

*Historiador y escritor; maestro en historia contemporánea; diplomado en Historia de México por la Universidad Nacional Autónoma de México y en Geopolítica y Defensa Latinoamericana por la Universidad de Buenos Aires; doctorante en Teoría Critica en el Instituto de Estudios Críticos

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