Ni sólo Tren, ni todo Maya

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Al menos hasta el primero de diciembre (aunque habrán de retomar su importancia), dos focos aparentemente lejanos pero íntimamente relacionados atrajeron la atención social y mediática en México: al Norte, las caravanas de migrantes agolpándose en la frontera con Estados Unidos; al Sur, los megaproyectos del Tren Maya y derivados. Entre ambos polos se tejen relaciones entre lo urgente y lo importante, retos inmediatos y otros latentes para una “Cuarta Transformación” que no ha de ser sólo política, sino fundamentalmente social. Esta es la estación inicial de un largo camino por delante.

De las urgencias coyunturales…

La imagen mediática de estas últimas semanas es repetitiva y recurrente, tanto en México como en el mundo globalizado. Personas desesperadas que abandonan sus lugares de origen en busca, ya no de un futuro mejor: simplemente, de un futuro. Hasta el 13 de octubre de 2018, cuando partió la primera de estas “nuevas” caravanas desde Honduras, y con la excepción de las caravanas de madres centroamericanas que llevan varios años buscando a sus hijas e hijos en las rutas donde desaparecieron, la migración indocumentada (centroamericana, y también mexicana) que atravesaba nuestro país lo hacía en pequeños grupos casi invisibles, salvo para el crimen organizado. Pero la nueva forma de migrar muestra un cambio de paradigma: frente al proyecto individual, el tránsito colectivo. De la invisibilidad a la omnipresencia. De mendigar recursos, a la exigencia de derechos. Frente al silenciamiento, la voz alzada. A la primera caravana le siguió una segunda, una tercera, una cuarta… con el objetivo de llegar a como diera lugar hasta la frontera con Estados Unidos, desesperados del presente pero con esperanzas en el futuro. Seguramente no serán las últimas. Podrán frenar una caravana, pero será muy difícil que logren detener los éxodos.

…A las importancias estructurales

Sin duda lo que ocurre en la Frontera Norte es importante, aunque destaca por su urgencia; no obstante, no hay que olvidar que en la mayoría de los casos esos éxodos son la cabecera de un tren que inició su tránsito en la Frontera Sur. Y allá hay que ir a buscar los orígenes y escenarios posibles.

Casi a la par que las caravanas empezaban a atravesar México, en la Frontera Sur el proyecto del Tren Maya adquirió tal velocidad, que resultaba difícil saber hacia dónde se dirigía. El 18 de octubre (el mismo día que inició la primera Caravana Migrante) se anunció que no habría consulta nacional: ¿para qué, con el aval de 30 millones de votos electorales? Eso sí, se buscaría el apoyo de las comunidades indígenas de la región, y las obras comenzarían el mismo 1 de diciembre. El 8 de noviembre, el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur) corrige: sí habrá consulta nacional, también indígena, pero hasta finales de enero de 2019. Tan sólo 4 días más tarde, Andrés Manuel López Obrador anuncia que se realizarán ambas en 1 mes, el 24 y 25 de noviembre, y no sólo respecto al Tren Maya, sino también sobre el tren en el Istmo de Tehuantepec, la refinería de Dos Bocas, y siete planes sociales de alcance nacional. Y en un giro de último momento, se decidió realizar en la última fecha propuesta sólo la consulta “ciudadana”, dejando para el 2019 la que habrá de ser la buena y definitiva, la indígena y peninsular; además de reconocer que ni hay presupuesto, ni plan estratégico, ni estudios de impacto, y que entonces entre 2019 y 2020 se dejarían todos estos asuntos resueltos y el tren en marcha.

Con el gallinero revuelto y los académicos y la sociedad civil como pollos sin cabeza, faltaba la opinión fundamental, la de las comunidades mayas residentes en los territorios del proyecto: con consulta o sin consulta, no quieren ningún tren en el que no hayan participado desde el principio, y que no respete la amplia normativa que ampara su derecho a decidir, y su alternativa de un Plan para el Buen Vivir Maya. Desde una cosmovisión siempre en conflicto con las visiones dominantes de desarrollo, que les permite mantenerse al margen de la confusión y firmes en sus postulados, plantean las preguntas más pertinentes, aquellas cuya respuesta debería ser prioritaria:

  • ¿De dónde se sacará el agua para mantener un complejo turístico que pretende atraer 3 millones de turistas al año?
  • ¿Qué va a pasar con las formas de vida que dan equilibrio al territorio cuando cambien los derechos de uso de la tierra?
  • ¿Cómo se evitará el desplazamiento, el despoblamiento, y la migración masiva a las ciudades-espejo que surgirán en las periferias de los complejos turísticos?

Y son preguntas profundamente importantes, que desde la academia socialmente consciente, comprometida y responsable, debemos ayudar a esclarecer, complementándolas con otras cuestiones que también son pertinentes, difíciles de contestar y con soluciones no tan inmediatas.

  • ¿Cómo se relaciona y funcionará la integración entre el Tren Maya y los otros grandes megaproyectos en la región, tanto maquileros (Zonas Económicas Especiales) como del neoextractivismo verde (eólicas, solares, turismo)? Porque el Tren no habrá de servir sólo para turismo, y por ende ni los costos ni los beneficios pueden restringirse a este rubro.
  • ¿De qué formas se reconfigurarán tanto las movilidades internas, como las migraciones internacionales, habida cuenta que México parece en camino de convertirse en Tercer País Seguro, es decir, el tapón o país-frontera de Estados Unidos con Centroamérica?
  • ¿Qué implicaciones tendrá la próxima Cumbre Mundial de Migraciones a celebrarse en Marruecos en diciembre, en la cual se plantea globalizar la noción de “migración legal, ordenada y segura” que está detrás del Plan Frontera Sur, y donde se plantea presentar un Programa de Migración de alcance regional?

El tablero geopolítico de nuestro continente vive cambios profundos (Trump, Bolsonaro), y nuestro país se encuentra ante una oportunidad histórica de reconciliación nacional y regional. No mantenemos una postura reaccionaria, en contra, o que busque debilitar al nuevo gobierno, todo lo contrario: retomamos su llamado a la unión y coparticipación. Sólo pedimos coherencia y respeto a la palabra. Y ofrecemos colaborar con nuestro esfuerzo, conocimientos y compromiso, para superar los problemas históricos y estructurales de México a través de un cambio real y drástico de paradigma: todos los Méxicos y todas sus personas resonando unidas como pueblo, por el pueblo y para el pueblo. El espíritu de la “Cuarta Transformación” sin duda constituye un horizonte no sólo deseable sino impostergable. Quizás, si no es ahora, ya no sea nunca.

Sergio Prieto Díaz*

*Migratólogo; investigador del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y el Colegio de la Frontera Sur; doctor en historia iberoamericana de las migraciones por la Universidad Iberoamericana

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