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La primera vez que Andrés Manuel López Obrador habló que el país estaba en quiebra, la mayoría de los especialistas en finanzas le refutaron, porque el país contaba con una economía sana. En su toma de posesión como presidente de la República insistió en que el país estaba en quiebra.

No sé realmente a que le llame quiebra. La verdad, no es entendible desde el punto de vista económico. ¿En qué momento se pude hablar de quiebra? Podemos considerar algunos conceptos al respecto.

La quiebra implica la insolvencia y la cesación del pago de las obligaciones, es decir, que no se tenga la capacidad de poder cubrir pasivos a corto y largo plazo. Siendo más precisos: que no se cuente con al menos el 80 por ciento de los recursos para hacer frente a las obligaciones vencidas.

Efectivamente México cuenta con una deuda un poco mayor al 45 por ciento del producto interno bruto (PIB), pero tiene la capacidad para captar con ingresos tributarios (impuestos) y no tributarios (derechos, productos, aprovechamientos y venta de activos) para cubrir el presupuesto público, incluyendo los recursos para cubrir la deuda (capital e intereses). Se puede preguntar que si se cubre capital, por qué no baja el monto del endeudamiento. Por el contrario, se ha incrementado. Simplemente, en todos los gobierno no ha habido un equilibrio entre ingresos y egresos. Se presenta un déficit presupuestario que se tiene que cubrir con más endeudamiento público y que ha estado considerado en el Decreto de Egresos de la Federación.

Otra situación: México registra reservas internacionales por un poco más de 175 mil millones de dólares. De allí también se han utilizado recursos para cubrir el costo financiero de la deuda (intereses).

Recordemos la crisis financiera de 1994. Las reservas internacionales eran de 25 mil millones de dólares y se fugaron en ese año aproximadamente 20 mil millones de dólares por los eventos del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), el asesinato de Luis Donaldo Colosio y el asesinato de Francisco Ruíz Massieu. Sólo se tenían 5 mil millones de dólares y en enero de 1995 se tenían que cubrir 20 mil millones como pago al vencimiento de los Bonos de Tesorería (Tesobonos). No se tenían recursos para hacer frente a las obligaciones con los acreedores, lo cual implicaba una quiebra o bancarrota del país. Sin embargo, no hubo una suspensión de pagos (moratoria), porque el entonces presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, ofreció a México una línea de crédito para que México solventara sus pagos y tuviera liquidez para la operación del gobierno.

Volviendo a la quiebra según Andrés Manuel, creo que es más un pretexto para cubrirse de cualquier situación que se le presente por un mal manejo de la economía (espero que no suceda). Por lo menos en las consultas que ha realizado sobre el aeropuerto de la Ciudad de México y en sus 10 programas de infraestructura y sociales, la tónica ha sido similar a su expresión de quiebre. Es una buena forma para decir: “yo no fui, fue Teté”.

Lo que sí es cierto es que le dejan un país con una elevada pobreza, con una inseguridad y violencia incontrolada, con una alta corrupción, no sólo de los funcionarios del gobierno sino de la sociedad en su conjunto, y con un endeudamiento público que ha ido creciendo incontrolablemente.

Estoy de acuerdo con la austeridad republicana que ha planteado para elevar el bienestar de los mexicanos, pero también hay que poner el ejemplo. Otra vez, se puede decir que no se puede impedir que la población festeje a un nuevo presidente que plantea un cambio radical en el país, pero también hay que decir que los festejos que hizo tuvieron un costo que no creo que la población haya cooperado para pagarlo, sino que proviene del gasto público. Si es coherente en sus planteamientos, por lo menos que nos informe cuánto costó el evento fifí.

Sí, señor presidente, sus planteamientos me parecen interesantes y, la mayoría, correctos. Pero, por favor, póngase a gobernar, tome las decisiones de gobierno que le corresponden y no le eche la responsabilidad a la población para que le diga qué debe de hacer y después nos diga que es un mandato ciudadano.  Y si sale mal, qué dirá. ¿Yo no fui, fue Teté? Ante esto, preguntaría ¿en dónde queda la gobernanza? Si es necesario hacer la consulta, que se haga, para cumplir con la democratización del gobierno y de la administración pública, que urge.

No es conveniente que exprese que el país esté en quiebra. Ello provoca incertidumbre y desconfianza. No en los mercados porque parece ser que eso les vale un cacahuate, pero si en la población. A menos que a usted le interese fomentar un miedo que a la larga lo beneficie.

Usted sabe que se tienen los recursos presupuestarios, que una parte importante no lo va a poder disponer libremente como quisiera porque pues hay que cubrir el endeudamiento que sus antecesores le heredan. Sus colaboradores financieros le pueden dar la información suficiente para poder tener los recursos necesarios para los programas que debe hacer para beneficiar a la sociedad, que está ansiosa de ver resultados positivos. Diría que el país ha sido saqueado, lo cual es diferente a estar en quiebra.

Ahora bien, en el manejo de los recursos presupuestarios hay que tener cuidado, siguiendo el proceso presupuestario que sea el correcto, desde la estructura programática hasta el ejercicio del gasto. Y hacer la programación lo más precisa posible sin dejar recursos a la deriva o formando bolsas presupuestarias que después se utilizan indiscriminadamente e irracionalmente. En principio, en el manual de normas presupuestarias se debería contemplar que no se permitieran las adecuaciones presupuestarias que permiten mover recursos de una partida a otra y que sólo se haga en casos necesarios. Actualmente hay partidas intransferibles y restringidas, pero otras se pueden mover discrecionalmente.

Si verdaderamente cumple con llevar a cabo la disciplina presupuestal, verá que no sólo le alcanzarán los recursos, sino que tendrá excedentes para otros programas que beneficien a la población.

Tengo expectativas que algo funcionará ante un país saqueado, desgastado y empobrecido. Entonces, a lo mejor cambia la expresión que el actor Germán Valdés, Tintán, usaba frecuentemente y que usted retoma de Me canso ganso, por: “Sí lo logré”.

Acuérdese que a la larga la sociedad castiga y sanciona. Lo vimos el 1 de julio.

Oscar Enrique Díaz Santos*

*Doctor en Economía por la Universidad Nacional Autónoma de México y especialista en gasto público y presupuesto

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