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Buenos Aires, Argentina. Este país vivió un duro año de turbulencias económicas, crisis, recesión, alza descomunal del dólar que devaluó el peso y sostenidos ajustes, mientras entrará en 2019 con una deuda de 57 mil millones de dólares, contraída con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

En el tercer año de gobierno de Mauricio Macri y con unas elecciones presidenciales que marcarán toda la agenda de los próximos 11 meses, esta nación austral, privilegiada por la naturaleza como casi todos los países del Sur, atravesó momentos escabrosos y llevó contra las cuerdas al eslabón siempre más débil y vulnerable.

Despidos masivos en el sector estatal y también en el privado, negocios cerrados por el alza constante en los servicios básicos, aunque con menor incremento que en 2017; también una efervescencia social en las calles con cientos de marchas, casi todas por los mismos reclamos –mejores salarios y frenar las cesantías–, fueron varias de las postales que dejó 2018.

Con una inflación elevada mes por mes, ya en mayo el propio mandatario convocaba a todas las fuerzas políticas, sociales y gremiales en el país para lograr un gran acuerdo nacional en busca de reducir el déficit fiscal, el mayor dolor de cabeza del Ejecutivo que lucha contrarreloj para lograr este cometido este 2019.

“La autocrítica que me hago es por mi personalidad: siempre he sido positivo, optimista. Tal vez me puse metas ambiciosas”, reconocía Macri cuando al hablar de la inflación, prevista en 15 por ciento para 2018, se elevaba. Hoy se calcula ronda el 40 por ciento.

Mientras continuaban las protestas, los paros de docentes, del sector de la salud y de justicia, de muchos estatales desempleados y el gobierno sacaba cuentas, se leía en los cintillos noticiosos constantes alzas en los servicios y los alimentos, y las cifras del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos no daban números nada halagüeños.

Desde el Ejecutivo iban y venían cambios, reuniones de ida y vuelta con el FMI para lograr un acuerdo de préstamo que levantó ampollas en miembros de la oposición y de diversos sectores que lamentaron otra vez la dependencia del país con ese ente, los ajustes y el reemplazo del director del Banco de la Nación.

De un dólar cotizado en promedio a 18.76 pesos a inicios de 2018, en agosto se disparó a tal punto que se llegó a comprar hasta en 41 pesos devaluando fuertemente la moneda nacional y, por consiguiente, se registró un alza en todos los productos.

Macri trató de dar un mensaje de tranquilidad tras defender el acuerdo con el FMI, que en un principio era de 50 mil millones de dólares y luego subió a 57 mil millones.

Con una intermitente moneda estadunidense fluctuando a unos 37 o 38 pesos argentinos por estos días, su valor acumuló en 2018 un promedio de 101.75 por ciento dejando a muchos con el bolsillo más flaco.

Efecto dólar

El gobierno, que se refiere a lo sucedido como turbulencias financieras, trató de contener la situación ya en agosto preocupante, pero aún ahora mantiene aún a más de una familia sin dormir y sacando cuentas porque la vida es cada vez más difícil.

Tras concretar el préstamo, Macri anunció en medio de la crisis económica la reducción de 12 de sus ministerios, convertidos en secretarías. Es una emergencia y necesitamos de su aporte, dijo durante un mensaje en septiembre.

Agregó que “en estos meses se desataron todas las tormentas juntas, pero no por eso vamos a perder las esperanzas, debemos madurar como sociedad”.

Con un país en turbulencia permanente, más allá de las estadísticas, de los despidos masivos –en el primer semestre de 2018 más de 4 mil 300, según el Centro de Economía Política Argentina– y las alzas constantes en los servicios, el año fue uno de los más duros para el gobierno actual.

Aumentó la pobreza y el número de indigentes con respecto al año anterior. El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos anunció en septiembre que de 25.7 por ciento se elevó a 27.3 en el último semestre, dejando a más de 11 millones de personas en ese estado. Además, la indigencia creció del 4.8 al 4.9 por ciento.

Es un número que esperábamos, que refleja las turbulencias de los últimos meses y las dificultades que estábamos atravesando. No es una noticia fácil, quisiéramos que fuese distinta, declaró el gobernante en referencia a esas cifras.

En la calle se ha sentido angustia, sobre todo en diciembre de fiesta cuando el dinero no alcanza para las navidades y tampoco para las vacaciones de verano, pero los argentinos siempre se las ingenian para vivir en un país que ha sido y sigue siendo uno de los más volátiles en su economía.

“Ya yo no puedo más, no tengo un mango [dinero], no me alcanza, todo caro: este jabón antes se compraba más barato, ahora cuesta el doble”, se lamentaba una señora de unos 50 años de edad en una tienda.

Pasada la cumbre del G20, en la que Macri además de ejercer como anfitrión sostuvo 17 reuniones bilaterales, casi todas con acento en el comercio, desde las altas esferas aseguran que la situación va mejorando.

Lo cierto es que el presupuesto aprobado para 2019, cuyo visto bueno se dio en medio de duras protestas, ya viene con el signo de menos en varios apartados. Se prevé una inflación del 23 por ciento, la caída de la economía del 0.5 por ciento y un dólar a poco más de 40 pesos promedio, en tanto se destina el 70 por ciento de los recursos a gastos de jubilación, salud y planes sociales.

Un presupuesto austero, precisó el ministro de Economía, Nicolás Dujovne, con el ojo en reducir a cero el llamado déficit fiscal, en tanto para voces de la oposición fue realizado a la medida del FMI.

“Este presupuesto es de ricos para ricos a la medida del FMI, a la disposición de los intereses de los más poderosos”, dijo a Prensa Latina el secretario de derechos humanos de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular, Lito Borello.

Con un 2019 que muchos avizoran más complejo, desde el gobierno reina el optimismo, en tanto analistas consideran que la recuperación de la actividad se daría en el segundo trimestre del año.

Maylín Vidal/Prensa Latina

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