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La cólera desatada por el incremento del precio de los combustibles en Francia se intensifica semana a semana. El presidente Emmanuel Macron ha tenido que recular pero esta decisión ha llegado cuando lo que ahora le exigen es la renuncia.

Mandatarios de otros países ven con preocupación cómo la insurrección se alimenta a sí misma en el corazón de Europa Occidental. El “primer mundo” tampoco aguanta ya un modelo económico que depauperó los países de los otros continentes.


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