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Casi 8 millones de mexicanos con discapacidad sortean día a día la indolencia social, las políticas públicas discriminatorias y la escasa infraestructura especial. Además, al cumplir los 19 años, las personas con discapacidad no cuentan con servicios educativos y se les cancela la posibilidad de lograr una vida independiente.

El ataque a su organismo de una sorpresiva bacteria dio un giro total a su vida. Jorge Solache entró, hace 20 años, al hospital con dolor de cuerpo y cabeza. Dos meses después fue dado de alta con ceguera total y discapacidad motriz. Contaba apenas con 9 años de edad.

A los 29 años de edad y recién egresado de la licenciatura de ciencias políticas y administración pública, cursada en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Jorge busca oportunidades de desarrollo y empleo.

Sentado en la mesa de un café en la Ciudad de México, el joven que trata de fundar una organización que busque alternativas para las personas con discapacidad. Relata el vía crucis que ha significado el hecho de que la sociedad no tome conciencia de las necesidades de este sector de la población. Desde los problemas relacionados con la infraestructura en calles, edificios públicos y privados, espacios recreativos… hasta los económicos, relacionados principalmente con la falta de fuentes de empleo. La exclusión es una de las más grandes problemáticas que enfrentan.

Hemiparecia fue el diagnóstico médico. “No puedes mover ni controlar el lado derecho, sobre todo la pierna y el tobillo. La mano, aunque sí la puedo mover bien, tengo disminución de motricidad fina”, expone.

Con la hemiparecia también llegó la ceguera total. Era el 26 de diciembre de 1989, 2 días después de Navidad, cuando fue llevado al hospital por un intenso dolor. Para el 6 de enero del siguiente año su situación se había agravado porque los médicos no sabían exactamente cuál era su padecimiento, tampoco cómo atacar al mismo. Fue trasladado a terapia intensiva, donde permaneció 2 meses y, al ser dado de alta, las afectaciones habían lesionado su infancia. “Los médicos dijeron había padecido una enfermedad bacteriana”, platica.

Al salir del hospital y tras un tiempo de recuperación, la primera situación que tuvo que enfrentar, académicamente y a nivel primaria, fue el rechazo del Instituto Nacional para la Rehabilitación de Ciegos y Débiles Visuales, ubicado en la ahora alcaldía de Coyoacán, pues después de someterse a un diagnóstico, las autoridades del plantel le dijeron a Jorge que era apto para estudiar en una escuela regular.

Transcurrieron años de estudio en los que Jorge ha tenido que lidiar con edificios académicos y públicos, en todos sus niveles de estudio, que no están adaptados para las personas con discapacidad. En su hogar, familiares se rotaban para apoyarlo en los traslados, hasta donde les fuera permitido llegar. Su madre es quien más lo acompaña. Familia y amigos han sido su soporte y guía.

El impacto en el cambio de vida lo llevó a tratamiento sicológico. “¿Te imaginas entrar caminando a un hospital y salir en silla de ruedas y sin poder ver?”, pregunta. Después de meses de terapia, continua, “regresé a la escuela porque necesitaba una motivación más para poder continuar con mi vida”.

“A mi regreso a la primaria, iba en mi silla de ruedas; me iban a dejar a la escuela mis familiares hasta el salón de clases. En el recreo, mis compañeros me apoyaban para salir al patio y me regresaban al salón. En casa fue complicado porque yo vivía en casa de dos pisos, y tenía que bajar para salir a la calle. No siempre había quién nos pudiera apoyar para bajar la silla y bajarme a mí, aunque siempre nos las ingeniábamos, se convirtió en un modo de vida”, comenta.

Los espacios por los que se ha tenido que mover Jorge para desarrollar su vida carecen, en su mayoría, de adaptaciones para personas con discapacidad. “Es apenas que se comienzan a ver cambios en algunos sectores, pero siguen siendo insuficientes. En la misma Universidad apenas se han colocado algunos elevadores para quienes tienen que llegar a los salones en silla de ruedas”.

“De cierta forma, y viéndolo a lo largo de mis estudios, me doy cuenta que el motivo por el que no hay tantos avances, en cuanto a infraestructura física, obedece a que no hay conciencia de las personas con discapacidad y sus necesidades, así como de todo lo que implica y esto se debe a que no hay muchas personas que estén integradas a la sociedad; por lo mismo, por la falta de accesos y oportunidades”, añade.

Las cifras

Jorge es uno de los más de 7.6 millones de personas que viven en México y que a diario sortean diversas situaciones, adversas a sus condiciones físicas. Actualmente, “tenemos una de las legislaciones más avanzadas y ha habido pasos importantes para nuestra comunidad, pero la ley no se ha traducido en presupuesto para que esta se pueda cumplir, tampoco en que las personas con discapacidad tengan los satisfactores básicos como salud, educación, vivienda, alimentación. Los factores mínimos para poder desarrollarse”, expone.

“Las dificultades que enfrenta una persona con discapacidad desaparecen cuando se eliminan las barreras que ella encuentra en el entorno social donde desarrolla su vida cotidiana; de tal manera que los lugares, los servicios, los utensilios y la información sean accesibles para ella, de la misma manera que para el resto de la población. Por ello son necesarias políticas públicas que se propongan adaptar dicho entorno para asegurar su plena inclusión y participación en la sociedad”, dice el más reciente Diagnóstico sobre la situación de las personas con discapacidad en México, publicado a finales de 2016.

El documento elaborado por la Secretaría de Desarrollo Social identifica que en el país hay 7.65 millones de personas con discapacidad, las cuales representan en su mayoría a personas adultas mayores que contaban con 60 años o más (52.1 por ciento de total o 3.98 millones de personas).

El principal tipo de discapacidad reportado fue el motriz, con 2.6 millones de personas; y tener una enfermedad fue la principal causa de las discapacidades (38.5 por ciento del total de discapacidades se deben a esa causa), menciona el documento oficial.

Adicionalmente, estima que 19.1 de cada 100 hogares del país (o en 6.14 millones de hogares) vivía al menos una persona con discapacidad. “Además, había mayor presencia de hogares con personas con discapacidad en los deciles de ingreso más bajos que en los más altos. Asimismo, como fuentes de ingresos, las transferencias representan una proporción importante de los ingresos totales en los hogares con personas con discapacidad”, indica.

Las leyes y convenios

En mayo de 2011 fue aprobada por el Congreso de la Unión, la Ley General para la Inclusión de las Personas con Discapacidad, misma que mandata la creación de un organismo como el Consejo Nacional para el Desarrollo y la Inclusión de las Personas con Discapacidad (Conadis).

El principal objetivo: “reglamentar en lo conducente, el Artículo 1 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos estableciendo las condiciones en las que el Estado deberá promover, proteger y asegurar el pleno ejercicio de los derechos humanos y libertades fundamentales de las personas con discapacidad, asegurando su plena inclusión a la sociedad en un marco de respeto, igualdad y equiparación de oportunidades”.

El Consejo, como organismo público descentralizado, fue sectorizado en la Secretaría de Salud (Ssa), en un primer momento y, para enero del 2013, se emitió un decreto para llevarlo a la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol).

Mercedes Juan, otrora titular del Conadis, dijo a Contralínea que “se ha tratado el tema de las personas con discapacidad como un tema de salud, que sí lo es por la rehabilitación de las personas que tienen algún tipo de discapacidad, ya sea motora, sensorial o intelectual o sicosocial; pero ha habido un cambio de paradigma: que las personas con discapacidad tienen los mismos derechos, como lo establece el Artículo 1 de la Constitución, las mismas obligaciones y deben ser tratados de la misma forma que una persona que no tiene discapacidad”.

En el Informe Colaborativo Examen Periódico Universal, México 2018, elaborado por 45 organizaciones defensoras de los derechos humanos, indica que en el país, “después de los 19 años, las personas con discapacidad no cuentan con servicios educativos que les permitan desarrollar las habilidades necesarias para una vida independiente; se necesita mejorar la infraestructura y la capacitación para una efectiva inclusión social”.

Este es uno de los temas que se enlistan como “de espacial preocupación” y que han sido llevados ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), comenta Mónica Yerena, de enlace institucional de la organización Educando en los Derechos y la Solidaridad (Educadys), para que se lleven acciones que permitan favorecer la atención a este sector de la población.

La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de la ONU establece, en su artículo 4, “que los países que se unen a la convención se comprometen a elaborar y poner en práctica políticas, leyes y medidas administrativas para asegurar los derechos reconocidos en la convención y abolir las leyes, reglamentos, costumbres y prácticas que constituyen discriminación”.

Esta misma, firmada por México desde 2006, indica en su artículo 27 que en el ámbito laboral las personas con discapacidad “tienen igualdad de derechos a trabajar y a ganarse la vida. Los países deben prohibir la discriminación en cuestiones relacionadas con el empleo, promover el empleo por cuenta propia, la capacidad empresarial y el inicio del negocio propio, emplear a personas con discapacidad en el sector público, promover su empleo en el sector privado y asegurar que se proporcione una comodidad razonable en el lugar de trabajo”.

De acuerdo con el Diagnóstico sobre la situación de las personas con discapacidad en México, discapacidad “es la consecuencia de la presencia de una deficiencia o limitación en una persona, que al interactuar con las barreras que le impone el entorno social, pueda impedir su inclusión plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones con los demás”.

Existen cinco tipos de discriminación: motriz (limitación para caminar, moverse, subir o bajar); visual (limitación para ver, aun usando lentes); del habla (limitación para hablar, comunicarse o conversar); auditiva (limitación para oír, aun usando auxiliar auditivo); múltiple (limitación para vestirse, bañarse o comer); intelectual (limitación para poner atención o aprender cosas sencillas), y mental (limitación en el funcionamiento del sistema neuronal).

Érika Ramírez

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