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Cada vez surgen más evidencias sobre la falsedad en las motivaciones de las protestas en Nicaragua: el trasfondo de la crisis sería un golpe de Estado “suave” que buscaba derrocar a Daniel Ortega, presuntamente financiado por actores estadunidenses

Al principio de las protestas en Nicaragua, que iniciaron el pasado 18 de abril, la oposición se declaraba públicamente como “pacífica y autoconvocada”, pero bajo la mesa elaboraba un plan insurreccional desde 2011. Ya tenía miles de cuadros, sobre todo jóvenes manipulados y preparados con recursos económicos de las diferentes fachadas de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por su sigla en inglés) –como USAID, NED, NDI o IRI– para levantar barricadas y estrangular la economía y presionar para desmoralizar a los militantes del Frente Sandinista, la policía nacional y el ejército.

Las barricadas eran claves. De ahí debería surgir “la autodefensa” de la contrarrevolución que poco a poco se reforzaría. Como fue el caso de las que se colocaron en el municipio de Masaya, a 30 kilómetros de la capital Managua, donde operaban “Los Zetas de Monimbo” –un grupo de autoconvocados–; éstos eligieron el bastión histórico del sandinismo: el barrio de Monimbo. Muy bien armadas, las barricadas en Masaya fueron un ejemplo a seguir para otras en el país.

En las investigaciones de los celulares y computadoras de los opositores detenidos[1] se ha desenmascarado que las casi 100 barricadas en todo el país estaban conectadas entre sí. La red era dirigida por opositores como Medardo Mairena, Pedro Joaquín Mena y Francisca Ramírez. Recibieron fondos financieros del organismo Hagamos Democracia, financiado anualmente con miles de dólares de la National Endowment for Democracy (NED), presunta fachada civil de la CIA, dirigido por el señor Luciano García Mejía, hoy refugiado en Estados Unidos.

Para el 27 de junio ya estaría listo el plan para derrocar al gobierno popular: desde las barricadas irían las marchas hacia la capital para la “ofensiva final”.

Durante el segundo trimestre de este año se llevaron a cabo violentas protestas en Nicaragua que algunos analistas consideraron como un intento de derrocar al gobierno popular de Daniel Ortega. No todas las barricadas se mantuvieron con armas, aunque la mayoría estaba bajo el control de una oposición armada, que en muchos casos consistía en una mezcla de elementos de la oposición política derechista con criminales.

Al inicio de las protestas, casi inmediatamente, se armaron barricadas en Masaya. Con los días rodearon prácticamente la estación de policía, aislándola de la población.

El trasfondo fue el aprovechamiento del acuerdo entre el gobierno y la oposición, con los obispos como mediadores: derrumbar todas las trincheras mientras la policía nacional se quedara encerrada en sus comisarías. Pero mientras los policías permanecieron en los cuarteles, la oposición armó más barricadas y se preparó para defenderlas con armas.

Declarar Masaya “territorio libre de sandinismo”

Para la oposición, la tarea no sólo era consolidar Monimbo y así dar una bofetada política humillante al gobierno sandinista, sino declarar desde Masaya un “territorio libre de orteguismo” y de una u otra manera declarar ese pedazo del país como “Nicaragua libre”, como hicieron en Libia con la ciudad de Benghazi, o como lo hizo el propio Frente Sandinista en la lucha contra Somoza, al declarar la ciudad de León territorio liberado y permitir la instalación de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional.

En el caso de Libia y en el caso de Masaya, la idea era montar una cabeza de playa dando entrada al manual “made in USA” a la clásica oportunidad de pedir asistencia internacional “para evitar la catástrofe humanitaria” o “un baño de sangre”. Eso no significaría otra cosa que una intervención militar de Estados Unidos o de una expedición mixta de los más reaccionarios gobiernos latinoamericanos contra Nicaragua.

 “La ofensiva final”

El 1 de junio pasado circuló un manifiesto en las redes sociales: “Llamamiento al pueblo de Nicaragua a preparar la ofensiva final contra el Orteguismo” [1], con el emblema MRS (partido Movimiento de Renovación Sandinista) impreso.

La oposición sintió la victoria cercana: “ganamos”, expresó casi eufórico. Afilaba los últimos detalles para derrocar al gobierno. Ya no se trataba de un diálogo que sólo Ortega había cumplido. Tampoco, de acordar adelantar una fecha para la elección presidencial, sino una fecha para destituir a la administración.

 “Estamos claros que no hay otra solución que la renuncia de Ortega y su aparato de gobierno. ¡No podemos seguir esperando más! A esta situación debemos ponerle punto final, la cual sólo puede ser posible a través de la acción organizada del pueblo de Nicaragua en lucha por el derrocamiento y el desmantelamiento de los aparatos de poder de la dictadura orteguista”, enfatizó el manifiesto.

Los Zetas de México y de Nicaragua

Tim Rogers, un reportero estadunidense freelance, tildado en los sectores sandinistas de ser un agente de la CIA, viajó a Costa Rica para entrevistar a “Los Zetas de Monimbo”, un grupo armado paramilitar de la oposición que fue el principal actor en las barricadas de Masaya.

Sus miembros cruzaron la frontera con Costa Rica después de haber sido derrotados en julio, tras 5 horas de combate en Masaya con una fuerza combinada de la policía y el pueblo sandinista de la defensa popular.

El pueblo ya estaba harto de estar secuestrado durante meses. Los sandinistas organizados se agruparon e iniciaron la contraofensiva a los violentos de la oposición que se escondían detrás de las barricadas. Desplomaron las trincheras en cuestión de días en todo el país, como una casa de naipes. Para evitar ser llevados ante la justicia por los actos bestiales que habían realizado, grupos como “Los Zetas de Monimbo” optaron por cruzar la frontera hacia Costa Rica.

El reportero Tim Rogers publicó en su cuenta de Twitter la entrevista con los paramilitares de la oposición, presentada también en partes en el programa del periodista Jorge Ramos, en Univisión, con sede en Miami.

¿Por qué eligieron el controvertido nombre “Zeta”? Los reporteros realmente no tienen respuesta: los paramilitares sólo dicen que no tienen nada que ver con el cártel de asesinatos sicópatas de los Zetas en México. Miles de inmigrantes mexicanos o centroamericanos han sido víctimas de este odiado grupo de delincuentes profesionales que, a menudo, torturan y mutilan a sus víctimas. ¿Pero por qué bautizar a su propio grupo paramilitar en “Los Zetas de Monimbo”? Nunca presentan una respuesta adecuada.

Los autores intelectuales huyeron

La existencia de éste y otros grupos paramilitares a favor de la oposición nicaragüense –que se jacta de ser pacífica y autoconvocada– es hoy un tema delicado. Los comentarios en la cuenta de Twitter de Tim Rogers atestiguan una creciente irritación dentro de la misma oposición, especialmente entre los aproximadamente 25 mil nicaragüenses que, como Los Zetas, han huido a Costa Rica, después de desinflarse.

Hay quienes dicen que los que rápidamente huyeron a Costa Rica son los que en muchos casos fueron los autores intelectuales de los crímenes violentos en las barricadas. Eran los dirigentes políticos y organizacionales pero se asilaron en Costa Rica, Estados Unidos o España. Fueron los máximos responsables de la violencia.

El Manifiesto de la insurrección contra el gobierno electo, que lleva el emblema del MRS, tienen exactamente la línea política defendida por ese partido que controla una gran parte de organizaciones en Nicaragua financiadas por Estados Unidos.

El Burro ­–­uno de los líderes de Los Zetas– dijo al reportero estadunidense Rogers, desde Costa Rica: “No hay que tapar el sol con un dedo, no hay que estar diciendo mentiras, que no usamos armas. Al principio sí, era cierto, pero tuvimos que armarnos”.

Pero el argumento de que tuvieron que armarse es una mentira descarada. El 14 de julio, el policía Gabriel de Jesús Vado Ruiz fue secuestrado y torturado. Un día después fue trasladado a otra barricada donde fue asesinado a tiros por los terroristas, que coronaron su trabajo macabro al rociar el cuerpo con gasolina y lo arrojaron a media calle.

Las propias imágenes y videos publicados de los terroristas y otras pruebas incautadas por la policía ahora se vuelven contra los “pacíficos” acusados. En una de las imágenes se ve a Los Zetas junto a Lester Alemán, Víctor Cuadras, Yubrank Suazo y Jean Carlos López, los voceros visibles de la oposición nicaragüense. Incluso el propio obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez, declaró abiertamente su apoyo a la oposición y viajó a Masaya para actuar como una especie de “escudo espiritual protector”, cuando la gente ya estaba harta y decidió derrotar a la oposición de una vez por todas. El obispo fue recientemente desenmascarado como una herramienta al servicio de la oposición en el intento de golpe de Estado “suave”, según el clásico manual de Gene Sharp [2].

La guerra psicológica y los cubanos

Para los medios de comunicación leales al golpe de Estado, como el diario La Prensa, se ha vuelto cada vez más difícil explicar el terror opositor que se produjo en el segundo trimestre de este año. La misma diagramación y selección política que vemos a menudo en los medios latinoamericanos, son las teorías de conspiración que ven que “Cuba y Venezuela están detrás de todos los demonios en el mundo”.

El 19 de octubre, La Prensa intentó convertir a los terroristas en Masaya en víctimas y viceversa. En el artículo: “Monimboseños en Costa Rica aseguran que cubanos estaban entre los paramilitares que reprimieron a la población” [3], uno de los entrevistados asegura que había un francotirador cubano que se ubicó en los tanques de Mebasa.

 “Lo detecté y pues le di; y cuando ya pasó el ataque recuperamos el cuerpo de él. Era un cubano como de 1.78 (metros)”, relató el terrorista con precisión casi milimétrica. ¿Cómo supo identificar al muerto como “cubano”?, no lo dice.

El Burro afirma que mataron otros dos cubanos a quienes La Prensa sostiene haberse infiltrado en la región al comprar una granja. No se reportan nombres ni fuentes.

“Se estaban haciendo pasar como que estaban alquilando una finca sobre Catarina”. El hombre asegura que los empezaron a investigar y dieron con ellos. El periodista Rogers le consulta qué pasó con los cubanos y éste le responde que “se quedaron tirados en la pila, muertos: los mataron”.

La Prensa subraya que “no es la primera vez que ciudadanos que participaron en las protestas o que fueron atacados por policías o paramilitares [policías voluntarios] denuncian la presencia de extranjeros, venezolanos y cubanos, entre las fuerzas de represión”. Y agrega la declaración de justificación de las armas por el Burro: “Tuvimos que armarnos”.

Así se siembra la semilla de simpatía en favor a los terroristas de Los Zetas de Monimbo. Así se les convierte en defensores de la población atacada por los peores de extranjeros: cubanos y venezolanos.

¿Cómo es posible que la supuesta muerte de tres cubanos en el mes de junio o máximo hasta mediado de julio no fue reportada sino hasta el 19 de octubre, 1 día después de que Tim Rogers, el supuesto agente de la CIA que actúa como reportero, publicó su entrevista en Twitter con Los Zetas de Monimbo desde territorio costarricense?

Ésta es una pieza fundamental en la guerra psicológica, porque este “episodio” nunca ha sucedido. Es un burdo montaje de los autores intelectuales del golpe de Estado con la entrega de una “entrevista” de los supuestos justicieros de la muerte de los cubanos con un freelance estadunidense.

Así se “internacionaliza” y juegan “la carta cubana-venezolana” para apuntar a estos dos países como los “verdaderos gobernantes de Nicaragua”, cuando en realidad, los que jalan en los hilos de una intervención flagrante y abierta son Estados Unidos y sus pitiyankies locales, preparados y financiados por Estados Unidos desde años para derrocar al gobierno elegido por el pueblo nicaragüense.

Mujer estadunidense entregó dinero y armas

La entrevista de Rogers a Los Zetas es interesante porque revela que en Masaya éstos habían recibido apoyo activo de una ciudadana estadunidense, que entregó dinero, armas, municiones y alimentos a los terroristas. Su alias es Patrona:

“Al principio no confiaban en mí. Pero comencé a darles dinero, armas, municiones y comida. Me convertí en una especie de madre para ellos”, dice. Y asegura a Rogers que sacó el dinero de su propio bolsillo.

El Burro, por su parte, dice al periodista estadunidense que la pandilla Zeta no estaba buscando un golpe de Estado, pues éste “sólo traería más pobreza para Nicaragua”.

“¿Pero quieres sacarlo [Daniel Ortega] del poder?”, pregunta Rogers.

“Claro. Sí.

 “¿Pero eso no significa un golpe de Estado?

 “No. Para mí no, porque no lo hicimos por hacerlo contra la injusticia y porque matar al pueblo. Defenderse contra el ejército, la policía o los paramilitares no es terrorismo para mí.

 “¿Por qué están en Costa Rica y no en Nicaragua?

 “Por vivir. Si tuviéramos financiamiento y armas, nadie pensaría dos veces, ¡regresamos!”

El Fantasma, también integrante de Los Zetas de Monimbo, dice que se siente espiado, que hay una infiltración de “los espías de Ortega” como si estuviera en Nicaragua.

En el video publicado el 18 de octubre por Rogers y Jorge Ramos, el Culebra, un líder de los Contras de la década de 1980, dice: “gobierno de los Estados Unidos, presidente Donald Trump: por favor, necesitamos armas. Si quiere ayudarnos, nos encontrará en Costa Rica. Yo soy el comandante Culebra de los Contras”.

En su Manifiesto de insurrección, los conspiradores pusieron día para el inicio de la ofensiva final contra el gobierno de Ortega: “la siguiente fase arranca a más tardar el 15 de junio, fecha en que se concluye el plazo dado al Diálogo Nacional por la Comisión Mediadora [léase la Conferencia Episcopal] y finalizar las expectativas de esta vía, pasando a la profundización del Paro Nacional Activo y Combativo con la auto-organización de los sectores populares, principalmente en Managua, lo que será el mantenimiento de posiciones”.

Las tareas que proponen los Comités de Resistencia Ciudadana concuerdan con el Manual de golpes de Estado de Gene Sharp en cinco etapas: paralización general del transporte a través de barricadas generalizadas en todo el país y en cada barrio; tomas de rotondas, centros de reunión comunitaria, parques y universidades hasta que se alcance el derrocamiento de la dictadura orteguista; instrumentación de la defensa de cada punto de lucha a través de las brigadas de autodefensa popular [que pueden compararse con Los Zetas de Monimbó], es decir, una oposición paramilitar armada para hacer fragmentar a la policía y al ejército del país, pero también a los militantes experimentados del sandinismo, odiados y temidos por la oposición porque son los cuadros sandinistas más convencidos que luchan con la consigna “¡patria libre o morir!”

El llamamiento contrarrevolucionario también allana el camino para crear una Junta Patriótica de Gobierno Provisional, expresa el llamamiento de la oposición.

Paso a paso, la lucha contra el gobierno se intensificaría: “la fase final, si no se ha alcanzado antes, concluye con la marcha nacional desde todos los puntos del país hacia El Carmen (la sede del Frente Sandinista y del presidente Daniel Ortega) y la instauración definitiva de la Junta Patriótica de Gobierno Provisional”. La fecha prevista sería el 27 de junio, en vez de repliegue táctico sería la ofensiva final contra la “dictadura orteguista”.

Pero esa ofensiva se convirtió en una retirada final en julio: la oposición no pudo recuperarse y enfrenta una lucha interna con grandes divisiones.

¿Prisioneros políticos o terroristas?

Uno tras uno, han sido arrestados los terroristas que asesinaron, torturaron, secuestraron, robaron o dispararon en las barricadas o en las universidades tomadas. Llevados ante la justicia como acusados, quienes cuentan con el derecho universal de defenderse respecto de las evidencias presentadas en su contra: innumerables testimonios, fotografías, videos de cómo se torturó a las víctimas.

A pesar de que la oposición se expande a nivel internacional, en Nicaragua ha disminuido drásticamente al convertir a los victimarios en “víctimas indefensos de una dictadura”.

Como Rafael Agustín Sequeira, alias Payo y su compañero Washington Alexander Martínez, quienes fueron llevados a juicio a principios de noviembre, acusados de matar a cuatro policías el 12 de julio en Morrito, una comunidad del departamento de Chontales, y herir a otros 12 en un evento que sacudió al país. Ese mismo día, el profesor de primaria Marvin Ugarte fue asesinado en el mismo municipio mientras cinco empleados de la alcaldía fueron heridos por las balas terroristas de la oposición.

Es el mismo Washington Martínez quien participó en el secuestro, tortura en la quema del teniente de policía Gabriel de Jesús Vado Ruiz, secuestrado, torturado y robadas todas sus pertinencias.

Martínez fue fotografiado con Víctor Cuadras, vocero oficial de la oposición que visitó el Partido Arena de El Salvador el 2 de julio, responsable del asesinato de monseñor Romero y los otros voceros, como Lester Alemán, Jean Carlos López, Yubrank Suazo y Santiago Fajardo.

Eso confirma las acusaciones de los sandinistas en el sentido de que la oposición nunca tuvo interés en cambiar el contenido de la propuesta de financiamiento de un nuevo Seguro Social y una reforma de las pensiones, reformas que inicialmente fueron los pretextos de las protestas el 18 de abril de este año. El verdadero objetivo de la oposición era derrocar al gobierno. Para ese propósito, se había preparado desde 2011 con fondos de Estados Unidos, sostiene el reportero e investigador estadunidense Max Blumenthal.

La afirmación formal y externa de la oposición de que se trataba de un “movimiento pacífico espontáneo de estudiantes” podría haber impactado a Nicaragua y el extranjero durante las dos primeras semanas, por supuesto, con una derecha internacional que reaccionó inmediatamente al lado opositor.

Pero también, irónicamente, existe una corriente de la izquierda internacional que tiene una obsesión personal con Ortega-Murillo. Cuando se pregunta, aparte de Ortega-Murillo, ¿cómo valora el desarrollo social y económico en Nicaragua durante los 11 años de los gobiernos sandinistas en el poder (enero de 2007-abril de 2018)?, la mayoría dice que es un saldo positivo, como se ha demostrado en los resultados electorales.

También hay una pequeña corriente de la izquierda internacional que con un tono nostálgico quedó en la década de 1980, y ataca al gobierno sandinista por ser “neoliberal”, como dicen ellos mismos, “desde la izquierda”, que Ortega-Murillo tienen pactos con los empresarios y los obispos sin ver en absoluto que los que han convocado paros nacionales y protestas contra el gobierno han sido los empresarios afiliados en Cosep, mientras la mayoría de los obispos han dado su respaldo a la oposición golpista. Es más, la verdadera razón de la crisis fue la ruptura del Pacto Táctico entre el gobierno sandinista y Cosep, porque el gobierno no quiso aceptar la receta del Fondo Monetario Internacional en seguro social y pensiones. Pero la izquierda miope acusa al gobierno.

Esa “izquierda ultra” no entiende que el campo internacional y sus correlaciones de fuerza han cambiado mucho desde el desplome del campo socialista y que los errores políticos y económicos de los sandinistas en la década de 1980 causaron muchos problemas para el gobierno sandinista que han sido corregidos como buenas lecciones en los tres gobiernos sandinistas, de enero de 2007 hasta hoy.

Ahora, aunque hay calma en la superficie del país y la mayoría de las actividades de la sociedad han vuelto a la normalidad, existe una oposición como la nicaragüense que sólo ve una “intervención humanitaria” de Estados Unidos como la única solución. Y con Donald Trump en la Casa Blanca, vemos una perspectiva peligrosa. Especialmente a raíz de las recientes declaraciones del asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, que definió a Venezuela, Cuba y Nicaragua como la “troika de la tiranía”.

No hace mucho, el director del canal opositor “100% Noticias”, Miguel Mora, dirigió esa solicitud al reportero estadunidense Max Blumenthal. Éste se había infiltrado en la oposición en junio-julio y se reunió con Mora, quien le pidió a que le llevara el mensaje a Trump de que la oposición deseaba una intervención de Nicaragua como la invasión de Estados Unidos a Panamá en diciembre de 1989. ¿Permitiremos que la historia se repita?

Referencias:

 [1]. Llamamiento al pueblo de Nicaragua a preparar la ofensiva final contra el orteguismo: https://es.scribd.com/document/392546632/Llamamiento-a-Ofensiva-Final-Definitivo

 [2]. “Silvio Báez, infraganti en planes golpistas y criminales contra el pueblo de Nicaragua”: https://youtu.be/O53-9OR98jc / “La oposición de Nicaragua fraterniza con los verdugos de monseñor Romero”: https://nicadickema.blogspot.com/2018/11/la-oposicion-de-nicaragua-fraterniza.html

 [3] “Monimboseños en Costa Rica aseguran que cubanos estaban entre los paramilitares que reprimieron a la población”: https://www.laprensa.com.ni/2018/10/19/nacionales/2486660-monimbosenos-en-costa-rica-aseguran-que-cubanos-estaban-entre-los-paramilitares-que-reprimieron-a-la-poblacion

Dick y Miriam Emanuelsson/Telesur

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