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I. Cuando tras un exitoso hackeo se publicó la investigación sobre el aborto del despacho Monssack Fonseca con domicilio en Panamá, con el título de: Panama Papers, y el periodismo de investigación dio a conocer los nombres de los titulares de cuentas millonarias que salieron de varios países –entre ellos el nuestro– se ratificó que la corrupción política y fiscal permite que los evasores de impuestos y que escondían los orígenes de sus fortunas, acumularan depósitos en varios lugares de la banca mundial, por intermedio de ese despacho. Ex funcionarios, empresarios y políticos en activo están en esas listas de Mossack-Fonseca. Lo único que generó ese descubrimiento con pelos y señales, es que el SAT declarara que se les daba un plazo para regresar su dinero mal o bien habido. Que no era delito haberlo sacado y que pagando sus impuestos, borrón y cuenta nueva. Es la corrupción incluso de los presidentes, pillados desde López Portillo (el del personaje en la obra de teatro: ¡Agarren a López por pillo!) a Peña con su “casa blanca”, de la que se autoperdonó con su pareja, después de haberla recibido de su empresario favorito: Hinojosa Cantú, dueño del Grupo Higa que se ha enriquecido con las obras que le adjudicó Peña desde que era desgobernador del estado de México y luego, en sus primeros años, como inquilino de Los Pinos.

II. Aquello no pasó a más. Sólo un escándalo. Exhibidos con fortuna y nombre, los evasores fiscales no regresaron ni un peso ni un dólar, pues si habían “pecado” allá ellos y su alma. Y si habían incurrido en algún delito penal y fiscal, el peñismo los perdonaba, pues estaban en la casa de la corrupción; y como en la del jabonero: el que no cae, resbala… y se le resbala. Ahora el investigador Wilbert Torre nos ofrece “lo que hay detrás de un paraíso fiscal” donde guardan fortunas increíblemente creíbles pues, si bien de pasada es para no pagar impuestos, el objetivo central es para esconder los orígenes de esas fortunas. Indudablemente producto del “lavado” de dinero, narcotráfico y negocios al amparo de la relación empresarios-funcionarios. Así que en 236 páginas con cinco capítulos, un apéndice, un apartado sobre Peña y las fuentes, Panama Papers: El expediente mexicano. La historia más indignante de estafas, corrupción y evasión fiscal de nuestro país, aborda la corrupción mexicana.

III. Corrupción desglosada con: “El perdón, la Gaviota y Peña”; “La corrupción”; “Duarte, Borge, Medina”; “Las perlas de Aristóteles con los 311 evasores mexicanos”; “Los Escandón-Marzam”; “Los mexicanos millonarios”; “Los paraísos fiscales”; “Los últimos años del salinismo”; “Desglose de las empresas de Hinojosa en los Panama Papers”; “Hinojosa: el presidente y yo”; “Los Panama Papers, los fideicomisos”. En la famosa filtración de los hackers a más de 300 periódicos, aparecieran los nombres de los mexicanos evasores con sus millones en dólares. El periodista Wilbert Torre encontró las “fortunas ocultas, corrupción y evasión de impuestos en el que están implicados un club de ricos privilegiados, empresarios de medio pelo y funcionarios públicos. Este dinero vuela a paraísos fiscales por cuatro razones: anonimato que se traduce en seguridad, facilidad para moverlo, pagar menos impuestos y el costo de las transacciones mexicanas, elevadas por las regulaciones antinarco”. Así entra de lleno a las raíces de esa maniobra de millonarios que tienen mucho que esconder. Y que fueron exhibidos sin mayores consecuencias en un régimen presidencial donde el más tullido corre con su botín, para volver a contarnos el cuento de Las mil y una noches: La cueva de Alí Baba y los 40 ladrones; que en esta ocasión parece que son más de 400, y tal vez unos miles.

Ficha bibliográfica:

Autor:   Wilbert Torre

Título:   Panama Papers. El expediente mexicano

Editorial:              Temas de hoy, 2016

Álvaro Cepeda Neri

[MISCELÁNEO][EX LIBRIS]