viernes 4, diciembre 2020

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Washington. El control del Congreso dividido entre republicanos y demócratas, niveles récord de participación y más mujeres y candidatos de minorías escogidos para cargos públicos fueron resultados distintivos de las elecciones estadounidenses de medio término.

El principal desenlace de los comicios realizados el 6 de noviembre fue que los demócratas lograron su objetivo de hacerse con la mayoría en la Cámara de Representantes de 435 miembros, donde estaban en desventaja numérica desde 2010, mientras la fuerza roja, a su vez, logró mantener, e incluso ampliar, su superioridad en el Senado.

Por primera vez desde el inicio de su administración, el 20 de enero de 2017, el presidente estadunidense Donald Trump deberá lidiar con un Capitolio que no estará completamente bajo el dominio de su partido, lo cual implicará aún mayores retos para avanzar su agenda a nivel legislativo.

Los resultados de esas elecciones, sin embargo, no pueden verse enteramente como una victoria para los demócratas ni como una derrota para la fuerza roja, por tratarse de un proceso que tuvo desenlaces positivos y negativos para ambas partes, como otro reflejo de la creciente división de la sociedad estadunidense bajo la administración Trump.

Si bien es cierto que los demócratas consiguieron la mayoría en la Cámara Baja, al arrebatar una treintena de escaños hasta ahora en posesión de los republicanos, y sumaron siete puestos de gobernador, frente a solo uno añadido por sus rivales políticos, no llegó a concretarse la “ola azul” que se previó en algunos momentos.

Al menos no se concretó en las dimensiones esperadas por varios sectores y activistas, que se refirieron a la posibilidad de un “tsunami” demócrata impulsado por el alto nivel de desaprobación de Trump.

Los comicios del 6 de noviembre fueron vistos como un referendo acerca de la gestión del presidente, pero aunque se apreció la influencia del descontento provocado por el mandatario, sobre todo en zonas suburbanas que lo apoyaron en 2016, el éxito de candidatos respaldados por él evidenció que su mensaje sigue resonando con fuerza en muchos lugares del país.

Cuando aún faltaban tres asientos de la Cámara Alta por definirse dado lo reñido de los resultados, el partido de Trump tenía asegurados 51 escaños en ese órgano, con la posibilidad de sumar al menos otros dos, frente a 46 en manos de los demócratas.

De ahí que, a pesar de la derrota en la Cámara Baja, el gobernante celebró los triunfos de su fuerza política como históricos, e incluso criticó a candidatos republicanos que pretendieron alejarse del mensaje del presidente y resultaron derrotados.

A partir de estos desenlaces, Trump y los republicanos se verán obligados a tratar de llegar a consensos bipartidistas para avanzar en temas clave como el cuidado de salud o la infraestructura, pues, de lo contrario, el presidente tendrá que regular muchos asuntos a través de acciones ejecutivas por falta de avance en el Capitolio.

Quizás por eso en una conferencia de prensa ofrecida al día siguiente de los comicios, el mandatario apeló a un tono más conciliador que el habitual y sostuvo que el nuevo Congreso, que se instalará en enero próximo, podría dar lugar a “una bonita situación bipartidista”.

Sin embargo, tener a los demócratas con mayoría en la Cámara de Representantes no solo repercutirá en la agenda legislativa, sino en que ahora ese partido está en posición de impulsar una  supervisión más rigurosa de la administración Trump, e incluso, promover pesquisas sobre temas espinosos como una presunta complicidad con Rusia en las elecciones de 2016.
Consciente de ese riesgo, Trump advirtió a esa fuerza política que si impulsa investigaciones sobre su gobierno, él podría hacer lo mismo en el Senado de 100 escaños contra los demócratas por supuestas filtraciones de información clasificada.

Participación récord y avance de las minorías

En medio de la fuerte polarización que vive el país, y tras casi dos años de control republicano en el Congreso y en la Cámara de Representantes, estas elecciones de medio término se mostraban como un evento de gran importancia, y eso quedó confirmado con la afluencia a las urnas.

De acuerdo con lo divulgado por los medios norteamericanos de prensa, participaron unos 113 millones de personas, una cantidad récord para ese tipo de votaciones que despiertan menos interés que las presidenciales.

Por primera vez en la historia se superó la barrera de los 100 millones, y ese nivel de asistencia constituyó el 49 por ciento del total de votantes estadounidenses.

Tal cifra estuvo muy por encima de la de 2014, cuando solo 36.4 por ciento de los electores ejerció su derecho al sufragio, y de la de 2010, que registró 41 por ciento. Además de ese nivel de participación, sobresalió la elección de una gran cantidad de mujeres: cuando faltaban por definir 13 carreras para la Cámara de Representantes y tres para el Senado, habían sido seleccionadas 103 féminas para el Congreso.

Esa cantidad, sumada a 10 senadoras que no debieron someterse a un proceso de reelección, significa que desde enero habrá 113 asientos ocupados por mujeres en el Capitolio, una cifra inédita, seis escaños por encima de los 107 ocupados por las damas en la actualidad.

Fue una noche histórica de muchas maneras: por primera vez, más de 100 mujeres fueron elegidas para el Congreso, incluyendo un número récord de mujeres de color, destacó en la red social twitter la excandidata presidencial demócrata Hillary Clinton.

Desde esa plataforma de microblogging también mencionó algunos hitos logrados por las estadunidenses en los comicios, en los cuales se eligieron asimismo los gobernadores de 36 estados y tres territorios, y centenares de cargos públicos a nivel estatal y local.

Por ejemplo, las demócratas Ilhan Omar y Rashida Tlaib, de Minnesota y Michigan, respectivamente, son las dos primeras musulmanas en llegar a la Cámara de Representantes.

Omar, de 36 años de edad, es una exrefugiada que huyó de la guerra civil de Somalia y alcanzó la ciudadanía norteamericana, y Tlaib, de 42, nació en la ciudad de Detroit y es hija de padres palestinos.

En tanto, la también miembro del partido azul Alexandria Ocasio-Cortez, de origen puertorriqueño y 29 años de edad, será la mujer más joven en la historia del Congreso estadounidense como representante por Nueva York.

Sharice Davids (Kansas), perteneciente a la comunidad LGTB, y Deb Haaland (Nuevo México), serán las primeras nativas americanas en desempeñarse como congresistas.

A ellas y otras féminas que marcaron logros sin precedentes se unió, en Colorado, el demócrata Jared Polis, quien será el primer gobernador abiertamente homosexual del país, como expresión creciente de la diversidad de la nación.

Martha Andrés Román*/Prensa Latina

*Corresponsal jefa en EU