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Berlín, Alemania. La canciller alemana Angela Merkel anunció el pasado 29 de octubre, en una conferencia de prensa, que dimitiría de la jefatura del partido cristiano-demócrata (Christlich Demokratische Union, CDU) y que renunciaría a volver a postularse nuevamente para las elecciones federales para 2021. Esta decisión viene como consecuencia de la derrota electoral de su partido en las elecciones regionales en el estado federado de Hesse el pasado domingo 28 de octubre. La derrota no tiene paragón, pues la CDU obtuvo los sufragios de tan sólo el 27 por ciento del electorado. Igualmente en las elecciones regionales de Bavaria del 14 de octubre, el partido de las Unión Social Cristiana (Christlich-Soziale Union in Bayern CSU), partido hermano de la CDU, a su vez sufrió un revés histórico quedando en tan sólo 37 por ciento.

En paralelo el partido Social-Demócrata (SPD) perdió análogamente en las últimas dos elecciones regionales, quedando en Bavaria con 9.7 por ciento y en Hesse con 19.8 por ciento de los votantes, con lo que los principales partidos de la gobernante coalición de CDU/CSU y SPD parecen perder masa crítica a cada elección regional. Mientras que las críticas internas en ambos partidos están a la orden del día, la continuidad de la llamada Gran Coalición es cada vez más incierta.

Los ganadores de estas elecciones son el partido Bündnis 90/Die Grünen (Partido Verde), como la Alternativa para Alemania (Afd). Los Verdes se han impuesto en Bavaria como el segundo partido en fuerza con 17.6 por ciento y la Afd que consiguió entrar en el último parlamento regional con 10 por ciento, donde aún no estaba representada. El partido de extrema derecha ahora sí tiene presencia en toda la geografía política alemana.

Pese a las incertidumbres a la vista, Merkel no ha querdio dimitir como jefe de gobierno. Sin embargo sería novedoso que el jefe de gobierno no esté en unión personal con el jefe del partido mayoritario en el gobierno. Cuando la aprobación de la Gran Coalición está a mínimos, la lucha interna en ambos partidos históricos alemanes, la CDU y la SPD está abierta. Con la diferencia de que la secretaria general de la SPD, Andrea Nahles, no ha optado por retirarse, con lo que las tensiones están a flor de piel en el partido antiguamente considerado de los trabajadores alemanes.

El liderazgo que Angela Merkel ejerció en los últimos 13 años, tanto política como económicamente en el seno de la Unión Europea, tiene ahora una fecha de caducidad. A su vez tampoco hay claridad de quién va a sucederle en este cargo. En el partido cristiano-demócrata una figura importante es sin duda Annagret Kramp-Karrenbauer, quien es la secretaria general y una de las personas más cercanas a la aún jefa de gobierno. También el actual minsitro de salud en el actual gabinete, Jens Spahn, así como el antiguo miembro del partido, Friedrich Merz, se están perfilando como posibles sucesores. A falta de un plan de ruta claro, el aura de intangibilidad de Merkel se ha esfumado y su estilo de gobierno que radicaba en su templeza y calma a la hora de tomar las decisiones venideras ha quedado en el pasado.

Al tiempo que la CDU parece haber caído en un personalismo alrededor de la figura de Merkel, quien en el año 2000 asumió este cargo como delfín del entonces poderoso canciller Helmut Kohl. La creciente polarización de la sociedad por la ola migratoria de 2015 y la gestión de esta situación le han valido la desaprobación del ala derecha de su partido y una importante fuga de votantes.

La Afd ha capitalizado fuertemente este tema y ha consolidado su presencia en todo el país en un tiempo record. Lejos de ser visto como un partido radical de extrema derecha con un fuerte estigma por la mayoría de la población, cada vez más ciudadanos parecen estar adheriendo a este discurso antimigratorio y nacionalista. Sobre todo aquellos votantes de la derecha tradicional han abandonado las filas de la CDU/CSU para el beneficio directo de la AfD, creando un peligroso precedente.

Por el lado del centro muchos electores abrazaron las promesas de un partido verde cada vez más en auge. Éste está siendo co-liderado por Robert Habeck y Anna-Lena Baerbock, quienes han cosechado un éxito nunca antes visto. En una región tan arraigada a la CSU como Bavaria supieron arrebatarle la situación monopólica de partido único y pasar a ser segundo grupo en el parlamento regional de Múnich. En Hesse se igualaron al SPD y posiblemente concretarán un nuevo gobierno en coalición con la CDU al frente del saliente jefe de gobierno Volker Bouffier.

Las repercusiones a nivel alemán son palpables a primera vista, pero también son presentes a nivel europeo. El tandem franco-germano que ha liderado la Unión Europea en la última década podría verse significativamente afectado. De ahí podría resultar un resurgir del presidente francés Emmanuel Macron, quien tomaría las riendas políticas de la unión y trasladaría su centro de decisiones de Berlín a París. Esta situación se había visto brevemente durante el interregnum de cinco meses, donde Merkel estuvo gobernando sin mayoría en 2017 y Macron supo aprovechar su debilidad de forma oportuna. De instalarse un nuevo estatus-quo ésta podría convertirse en la nueva realidad política a nivel europeo, relegando a Alemania a un segundo plano político.

Paradójicamente la economía se ha mantenido fuerte pese a los vaivenes del mandato actual de la canciller, con excedentes comerciales récord del año en curso que se elevó a 24.4 miles de millones de euros (alrededor de 27.8 miles de millones de dólares estadunidenses). No obstante, la crisis del sector automotriz persiste a raíz de la crisis de los automóviles diesel a través del sector y las demandas millonarias en contra de la Volkswagen, Audi, BMW, etcétera. Las exportaciones están ligeramente en declive y por ello el consumo interno toma nuevo protagonismo. A más tardar cuando se vean afectaciones económicas, las críticas de este sector a la canciller se sumarán a las ya existentes en la sociedad alemana.

Este es sin duda el epílogo de una lideresa quien ha marcado no sólo las generaciones nuevas, sino ha forjado una imagen de un país dominante en la Unión Europea y en el mundo. Si la gobernanza fuera a deteriorarse a corto plazo, no sería improbable verse convocar incluso elecciones federales anticipadas antes de 2021 con un desenlace incierto a corto plazo, haciendo la salida de la canciller Angela Merkel aún más inminente.

Axel Plasa

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