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Para Erick Uriel Sandoval Rodríguez, conocido también como la Rana, estar en prisión fue la experiencia más horrible que ha tenido en su vida. Fue culpado de manera infundada de los delitos de delincuencia organizada y secuestro en el caso Ayotzinapa.

 “Estaba en una celda yo solo. Únicamente salía por mi charola de alimentos y ya. Estaba encerrado todo el día. No salía a ningún lado”, declara en entrevista con Contralínea.

También cuenta que a su esposa, padres e hijos les afectó demasiado. “Uno nunca se espera esto. Afectó en todos los ámbitos tanto físico, mental, económico y sicológico… sí pegó fuerte […]. Mis hijos se pusieron a llorar, se espantaron al ver cómo se llevaban a su papá. El pánico reflejado en sus caras es inexplicablemente feo”.

De acuerdo con Erick Sandoval, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) fue pieza clave para probar su inocencia, después de que estuvo preso 224 días.

Entre las pruebas presentadas en un documento elaborado por el organismo nacional se advierten: el retrato hablado con número de folio 79573, el cual mencionaba tres posibles alias: la Rana, el Güereque o Edgar, el tercero presentado como nombre de un sicario. Sólo el de la Rana coincidía. “Mi detención fue una equivocación por el apodo”, comenta.

Según la CNDH, en el documento pericial se afirmaba que la edad del acusado era de 27 años, tenía una cicatriz en la muñeca izquierda, un lunar sin pigmentación en el mentón y usaba piercing en ambas orejas. Además, lo describían con dos tatuajes: uno de una rana en la espalda y otro de tres flamas color verde cerca de la muñeca izquierda.

Sin embargo, de acuerdo con una revisión realizada por visitadores adjuntos, ninguno de los rasgos coincidieron con los de Erick Sandoval, pues en ese entonces tenía 32 años y tampoco contaba con ninguna seña particular indicada en el retrato.

También se realizaron 12 entrevistas a habitantes de Cocula, Guerrero, municipio en donde vivían la Rana y Erick Sandoval, en las que se reconoció mediante fotografías a quien participó en la desaparición de los normalistas: Edgar, el Güereque o la Rana, quien “andaba en malos pasos” y al parecer “se dedicaba a actividades ilícitas”.

En cuanto a Erick Sandoval Rodríguez, los entrevistados lo refirieron como una persona de trabajo y como profesor de educación física, habitante del mismo municipio, refiere el documento.

Finalmente, al cuestionarle si exigirá la reparación del daño ocasionado por parte de las autoridades, Erick menciona que aún no ha contemplado tal posibilidad, ni siquiera ha sido un tema que haya conversado con sus abogados. Por ahora, “sólo quiero despejar la mente. Estar con mis hijos, con mi esposa, con mis padres… con mi familia. Es un trauma feo que no se le desea a nadie”, concluye.

Jordana González y Rodrigo Ek